Historias Legendarias

Mundo Antiguo y curiosidades

Conozcamos mejor a Antonio de Ulloa

Durante siglos, para evitar que el patrimonio se dispersase, las herencias estuvieron ligadas a la condición de primogénito, recibiendo el primero de los hijos todos los bienes, mientras que sus hermanos tenían que ideárselas para labrarse un futuro prometedor. Las vocaciones religiosas fueron tradicionalmente una de las opciones más escogidas por los segundones de las casas, pero con la conquista del continente americano una nueva y próspera puerta se abrió para aquellos a quienes el retiro monacal no era algo que encajase en sus aspiraciones.

Tal fue el caso de Antonio de Ulloa, nacido en 1716 en el seno de una noble familia sevillana y el segundo de diez hermanos. Este hecho, ligado a su carácter inquieto y aventurero, lo llevaron a abandonar su casa natal a la temprana edad de 13 años, poniendo rumbo a Cádiz, donde pretendía ingresar en la Real Compañía de Guardiamarinas. Sin embargo, la falta de vacantes para ese curso hizo que tuviese que demorar aún algún tiempo su ingreso en la academia, aunque no tuvo que esperar para poder empezar a saciar sus ansias de surcar los mares. Ese mismo año se enroló en la escuadra de galeones de Manuel López Pintado, zarpando rumbo a Cartagena de Indias, en un viaje que duraría dos años y en el que visitaría lugares como Portobelo, Cuba o Santo Domingo. A su vuelta al puerto de Cádiz, y tras haber adquirido profundos conocimientos de navegación, pudo ya definitivamente ingresar en la academia, sentando plaza como guardiamarina en noviembre de 1733.

Comenzó así la vida de este ilustre marinero, miembro de prestigiosas academias del saber como la Royal Society de Londres o la Académie des Sciences de París, que en vida llegó a alcanzar gran reconocimiento por sus aportaciones a ámbitos tan diversos como la astronomía -fue uno de los participantes en la pionera expedición a Quito que llevaba como misión medir uno de los arcos del meridiano-, la mineralogía -fue el descubridor del platino- o la política, en la que destacan tanto sus contribuciones para la mejora de la situación de las Indias como sus labores de gobernador de Huancavelica en Perú o la Luisiana, en los actuales Estados Unidos.

El pasado 2015, cuando todavía faltaba un año para que se celebrase el 300 aniversario de su nacimiento, el Archivo de Indias, en colaboración con la Universidad de Sevilla, acogió una exposición en la que se ponía de manifiesto la inmensa biblioteca que Ulloa reunió en vida y que da buena cuenta de la sed de conocimientos del marinero, quien por cierto da nombre al Centro de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación (CRAI) de la Hispalense, así como a dos institutos de la provincia. Ahora, ya en el año de su efeméride, la revista Andalucía en la Historia le dedica un artículo firmado por Rafael Cid Rodríguez en el que este profesor de la UNED hace un repaso a la trayectoria y los avances logrados por este sevillano, a quien se le debe la fundación de instituciones como el Museo de Historia Natural de Madrid o el Observatorio Astronómico de Cádiz.

Para comprender la importancia de Ulloa en la historia del siglo XVIII hay que remontarse al enfrentamiento que había entonces entre los partidarios de la teoría de Giovanni Cassini, quienes mantenían que la Tierra debía de tener forma de esferoide achatada por el ecuador, y los seguidores de la teoría newtoniana que sostenía que el estrechamiento tenía lugar, por el contrario, en los polos. Para zanjar la discusión, la Académie des Sciences envió dos expediciones, una a Laponia y otra a Quito, para realizar una medición del grado terrestre. Como en aquel momento la provincia de Quito pertenecía a la Corona española, los científicos tuvieron que pedir permiso a Felipe V, quien determinó que la campaña debía contar con la presencia de al menos dos españoles.

Esa delegación nacional la compusieron Antonio de Ulloa (en ese momento tenía sólo 19 años) y Jorge Juan (tres años mayor que él), quienes fueron rápidamente ascendidos a tenientes de navío para acercarse, al menos en grado militar, a sus compañeros franceses. “En la escuela destacaron como buenos estudiantes y además provenían de familias nobles. Ambas razones tuvieron peso a la hora de decidir quiénes debían ser los representantes españoles en la expedición hacia el ecuador”, argumenta en su texto Cid Rodríguez sobre el hecho que marcaría definitivamente la carrera de Ulloa. Tras una larga travesía que comenzó el 26 de mayo de 1735, fecha en la que partieron desde el puerto de Cádiz a bordo del navío Conquistador y la fragata Incendio, alcanzaron Cartagena de Indias donde se reunieron con el resto de la expedición, dirigida por el astrónomo y matemático Louis Godin y en la que se encontraban personalidades como Pierre Bouguer y Charles Marie La Condamine.

Al llegar a su destino, ya en 1736, el grupo se dividió en dos y durante varios años realizaron las labores geodésicas que les habían sido encomendadas. Pero Ulloa y Jorge Juan aprovecharon también su estancia en las Indias para cumplir un encargo que les había hecho personalmente Zenón de Somodevilla, ministro de Hacienda, Guerra, Marina e Indias, quien les había pedido que recogiesen información sobre la situación de aquellas tierras y sobre los problemas en los modos de gobierno. De esta manera, los dos marinos españoles tomaron nota no ya sólo de las cuestiones administrativas que les había pedido el ministro, sino también de aspectos culturales, de las costumbres del lugar, prestando también especial atención a su fauna y flora. Todo ello quedaría reflejado en algunas de las obras que escribieron juntos, como por ejemplo la Relación histórica del viaje a la América Meridional que vio la luz en 1748. Durante aquellos años, Ulloa y Jorge Juan también fueron requeridos en algunas ocasiones por el virrey de Perú, quien les encargó algunas tareas militares, como la defensa de puertos o la vigilancia de costas.

Las labores de medición del meridiano, que como hoy ya sabemos acabarían dándole la razón a la teorías de Newton, concluyeron hacia 1744. Un año después, ambos compañeros emprendieron su vuelta hacia tierras españolas, navegando cada uno en embarcaciones diferentes, con la idea de preservar la confidencialidad del material que habían ido recopilando sobre la situación de las Indias. Y es de agradecer que así lo hiciesen, pues mientras que Jorge Juan pudo completar su vuelta sin apenas problemas, la nave Deliverance, en la que viajaba el sevillano, fue apresada por los ingleses.

Ulloa intentó deshacerse de las informaciones más comprometidas, pero aun así parte de su documentación fue requisada por sus captores, algo que muchos años más tarde, después incluso de la muerte de Ulloa, acabaría costándole la revelación de alguno de los secretos de estado por parte del británico David Barny, quien publicó el sensacionalista título Noticias secretas de América, que ayudó a perpetuar la leyenda negra española sobre la gestión de la Corona en los territorios colonizados.

A pesar de este contratiempo, la fama científica que ya precedía a Ulloa le sirvió para conseguir un buen trato durante su breve cautiverio además de una pronta liberación. En el intento de recuperar aquellos documentos que le habían requisado, el ilustrado conoció a Martin Folkes, quien por aquel entonces era presidente de la Royal Society. Además de ayudarle a localizar sus informes, Folkes le ofreció ser miembro de la sociedad, pues había quedado muy sorprendido de las labores científicas que Ulloa había desarrollado en las Américas. Tal era el aprecio de Folkes tenía por Ulloa, que le regaló un ejemplar de la tercera edición de los Principia de Isaac Newton, libro fundamental para cualquier ilustrado de la época pues marcó un punto de inflexión en la Historia de la Ciencia. Ese mismo ejemplar, perteneciente al fondo de la biblioteca de la Hispalense, es uno de los que se expuso en la muestra del Archivo de Indias.

Durante la siguiente década la Corona española mandó a Ulloa a diferentes misiones por toda Europa, en las que el marino y científico debía recopilar información sobre los últimos avances en todos los ámbitos del saber, algo que Cid Rodríguez describe, en tono jocoso, como “labores de espionaje industrial”. Con estos encargos el gobierno pretendía modernizar las instituciones españolas. En la puesta en práctica de lo aprendido en el Viejo Continente, Ulloa creó el primer laboratorio metalúrgico, entre otras cosas.

A mediados del XVIII, a raíz de la confianza que la Corona tenía en Ulloa, el marino volvió al Nuevo Mundo, pero esta vez para ejercer de gobernador. En una primera etapa estuvo al frente del territorio minero de Huancavelica, perteneciente al actual Perú, y en un posterior momento pasó a serlo de la Luisiana, región que Francia cedió a España en compensación por la Guerra de los Siete Años. A su regreso a España sería ascendido a teniente general de la Armada y durante algún tiempo más seguiría realizando cometidos para el gobierno, muriendo finalmente en la Isla de León (Cádiz) en 1795.

 Durante años la memoria de la figura de Ulloa quedó bastante borrosa, teniendo casi por única conmemoración una pequeña calle, Almirante Ulloa, en el lugar de su nacimiento. Más suerte tuvo su compañero de aventuras, Jorge Juan, quien durante la última etapa de las pesetas aparecía en el billete de 10.000. Ahora, en el 300 aniversario de su nacimiento, Correos pondrá en circulación el 26 de septiembre un sello conmemorativo con el que se recordará la gran vida de este ilustrado sevillano que tanto aportó al saber español.

Fuente: Diariodesevilla.es

Encuentran ánforas con 600 kilos de monedas de bronce romanas durante unas obras en Sevilla

Unas máquinas han destapado este miércoles en Tomares (Sevilla) 19 ánforas romanas que contienen unos 600 kilos de monedas de bronce del siglo IV después de Cristo, un hallazgo que los arqueólogos que han trabajado en la zona consideran único en España y quizás en el mundo.
Las ánforas se han encontrado durante unas obras de acometida paralelas al camino interno del parque Zaudín de Tomares, donde las máquinas han dejado al descubierto los recipientes romanos llenos de monedas, según han explicado fuentes de la investigación arqueológica. Las monedas tienen en el anverso la figura de un emperador y en el reverso diversas alegorías romanas, como la abundancia, y los investigadores han enfatizado que no se ha encontrado nunca tal acumulación de piezas y además tan homogéneas. Se da la circunstancia de que las monedas, probablemente hechas en Oriente, están “en flor de cuño”, es decir, que no han circulado y por tanto no tienen desgaste.
Las ánforas, nueve rotas y diez enteras, no son las usadas para el transporte de vino o grano, sino de tamaño más pequeño, y estaban en un receptáculo específico habilitado al efecto, que estaba sellado y cubierto con materiales rotos. La hipótesis inicial de los investigadores es que las monedas estaban acumuladas en ese receptáculo para el pago de impuestos imperiales o para pagar las levas del Ejército. Un descubrimiento “único” Las piezas ya se encuentran en el Museo Arqueológico de Sevilla. Su directora, Ana Navarro, ha explicado que se trata “de un conjunto único, del que en la historia del Bajo Imperio romano de España no conocemos ningún paralelo hasta ahora”. Según han explicado fuentes de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía, el conjunto “fue deliberadamente ocultado en espacio subterráneo y cubierto por algunos ladrillos y material de relleno cerámico”. “La importancia de este descubrimiento es enorme porque es un hallazgo que se ha producido de manera casual en el desarrollo de unas obras y es un conjunto único”, ha insistido Navarro. “Aporta al patrimonio histórico y arqueológico de la Junta de Andalucía una contribución enorme y del que se sacará muchísimo partido una vez que empecemos a documentarlo e investigarlo”, ha afirmado la directora del Arqueológico, que ha insistido en que se trata de un hallazgo “único, muy importante y emocionante, del que solamente los trabajos de investigación posteriores podrán dar la entidad del trabajo que tenemos por delante y de la interpretación histórica”.

Asimismo, Navarro ha precisado que “aunque las monedas son conocidas, lo increíble es un hallazgo de estas características”, porque “son 19 ánforas que no se pueden mover por una sola persona del peso tan enorme que tienen por la cantidad de monedas que albergan”, sobre las que, ha señalado, “hay muchísimas hipótesis abiertas, como que pudieran estar relacionadas con pagos al Ejército o con algún tipo de entidad pública de la Administración del Estado”.  Según explica la experta, las monedas presentan varias inscripciones, alguna referidas al emperador Constantino y otras a Maximiano, pero, probablemente, “puedan reflejar otra franja cronológica más amplia”, y “no se descarta que aparezca alguna efigie con Diocleciano porque incluso hay ánforas que aún están sin abrir”. Además, ha detallado que “la gran mayoría son recién acuñadas y probablemente algunas tengan un baño de plata, no solo de bronce”.

La investigación durará “muchísimo tiempo” En cuanto el tiempo que estiman que durará esta investigación, ha afirmado que “muchísimo tiempo porque cada ánfora tiene miles de monedas”. “El tiempo en materia de investigación arqueológica es lento porque no podemos inventar la Historia; hay que documentarla, y documentar y trabajar bien requiere mucha dedicación”, apostilla. Además, ha explicado que hay documentación de determinados yacimientos del entorno que “habrá que estudiar y relacionar posiblemente con una villa importante”, aunque, puntualiza, “ahora empieza el trabajo de la hipótesis arqueológica e histórica que hay que contrastar con la documentación y la investigación”, trabajos que se van a desarrollar en el Museo Arqueológico de Sevilla. “Este museo tiene un gran equipo humano y un equipo de técnicos gracias al que se pudo rápidamente albergar esta colección y presentarla a los medios en menos de 24 horas”, destaca Navarro. Asimismo, y ante la pregunta de si puede haber más hallazgos en la zona, ha respondido que “no lo saben”, ya que “es un terreno que hay que controlar y revisar, y desde la Delegación Territorial de Cultura se han tramitado las medidas correspondientes ante una hallazgo de esta envergadura”. En relación al proceso que seguirán los investigadores, Navarro ha señalado que “se procederá a la limpieza de las monedas, estabilizarlas en materia de conservación para que no sufran un deterioro e inventariarlas, darles ese DNI que tienen que tener dentro del a colección museística y a partir de ahí, una vez que acabe nuestro trabajo, empezar a relacionar el contexto y ver qué procesos históricos se estaban dando en esos momentos en el Bajo Guadalquivir”.

Sobre el futuro de las piezas, Navarro ha dicho que “en un futuro tendrán que formar parte de la exposición del Museo”, que albergará uno de los hallazgos “más importantes en el mundo” de la época romana. “Hemos hecho algunos sondeos a través de otros contactos italianos, franceses, ingleses, y hay algunas cosas, pero de esta envergadura, que todavía no somos capaces de dimensionar porque apenas tenemos delante de nosotros un arduo trabajo, seguramente será uno de los poquísimos hallazgos de este tipo del Imperio”. Preguntada sobre el valor económico de estas piezas, Navarro ha señalado que “no se atrevería a calcularlo” pero “podría ser de millones de euros seguramente”. “No podría darle un valor económico, porque el valor que realmente tiene es el histórico y ese es incalculable”, concluye.

El Ayuntamiento quiere continuar las obras. En cuanto a qué ocurrirá con las obras en el transcurso de las cuales han sido encontradas estas piezas, la directora general de Bienes Culturales y Museos, Araceli García, ha explicado que la Delegación Territorial de Sevilla “está preparando una resolución del delegado para paralizar las obras que se están haciendo, pedir al Ayuntamiento de Tomares que valle y cuide la zona en las que se han descubierto como medida preventiva y proceder a hacer una excavación arqueológica de urgencia”.  Sin embargo, la concejal de Urbanismo del Ayuntamiento de Tomares (Sevilla), Lola Vallejo (PP), ha señalado que el hallazgo de las ánforas es “puntual”, por lo que las obras de canalización en el Parque El Zaudin continúan con “normalidad”. Vallejo ha explicado que este miércoles mientras se realizaban unas obras conjuntas entre el Ayuntamiento y la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG), en una de las zanjas, apenas a un metro de profundidad, la máquina notó que había algo que no era normal en el terreno, con lo que “se paralizaron” los trabajos y los operarios descubrieron las ánforas. A partir de aquí, continúa, “se activó el protocolo tal y como está establecido en estos casos” y la Guardia Civil y los arqueólogos de la Junta “fueron determinando el proceso de actuación”. Entonces, explica, “los arqueólogos indicaron que se abriera una zanja más amplia”, y “avanzada la tarde se finalizó con el proceso y nos comentaron que había sido un hallazgo puntual, con lo que hoy las obras continúan con normalidad”, afirma la concejal.

Fuente: 20minutos

 

La agogé espartana, entrenamiento extremo

Fotograma de la película los «300», que recrea de forma fantasiosa la vida de los soldados de Esparta

La educación espartana era muy diferente a la que recibían los jóvenes de otras ciudades estado. Esparta militarizaba la vida privada de los jóvenes hasta los 30 años. Su legendaria infantería se alimentaba de los extremos métodos de entrenamiento que recibían desde recién nacidos los hijos de Esparta.

Hoplita espartanoHoplita espartano– Wikimedia

Los ancianos de la tribu («los gerontes») decidían si los recién nacidos debían ser criados o, si su salud era mala, se les abandonaba en la ladera de la montaña. El ser apto para el combate solo era el primer paso. El primer paso en un proceso para alcanzar la plena ciudadanía y poder acceder a las magistraturas y a los cuerpos de élite. A los niños se les sometía a prácticas penosas, un método para endurecerlos que consistía, entre otras cosas, en bañarles en vino y alimentarlos con forraje.

Se recomendaba criarlos sin pañales que constriñesen su crecimiento o debilitaran su resistencia al frío y al calor. Pronto debían perder el miedo a la oscuridad. Una vez endurecidos, en torno a los siete años, empezaba la verdadera agogé (la crianza), donde el Estado apartaba a los niños de sus familias para someterlos a entrenamiento militar. El propio gobierno de Esparta asumía la tutela y la educación pública de los futuros soldados, para lo cual destinaba a funcionarios especializados.

La educación de los jóvenes a cargo del Estado

Como describe Nick Fields en su libro «Termópilas: la resistencia de los 300», el Estado organizaba a los niños en bandas («agelai»), supervisadas por magistrados, que incentivaban el liderazgo natural a través de la selección de cabecillas. Su vida era austera, espartana. Los jóvenes dormían sobre lechos construidos con juncos, cortados de las orillas del río Eurotas, y disponían de un solo manto para todo el año. Con el tiempo se acostumbraban al dolor. De hecho, la mayor parte del tiempo permanecían desnudos y mugrientos, porque raramente se les permitía bañarse.

Jóvenes espartanos, de Edgar DegasJóvenes espartanos, de Edgar Degas– National Gallery de Londres

Se les privaba de alimentos, obligando a los niños a robarlos en los campos locales. Esto era en sí una trampa, porque si pillaban a los niños robando se les castigaba con brutales castigos físicos. Es más, cualquier ciudadano podía castigar a los niños si así mejoraba su disciplina. El método preferente era el apaleamiento, que contaba con una suerte de ritual. El lugar de apaleamiento se encontraba ubicado en un bosque, puesto que era necesario un árbol vigoroso y robusto, al cual se le enganchaba una cadena y a ésta un palo. Lo que hacía el muchacho era agarrar este palo mientras otros dos de sus compañeros lo apaleaban. Esta acción se llevaba a cabo con varas de bambú, puesto que dolía, picaba y desgarraba la piel. Por si el muchacho se caía de agotamiento o de dolor había otros dos compañeros que se encargaban de levantarlo para que pudiesen seguir apaleándolo.

El objetivo final de los castigos era que aprendieran el valor de trabajar en grupo, mejor en formación, y de respetar la autoridad ciegamente. La lucha, el atletismo y el manejo de las armas también eran materias fundamentales.

Por lo demás, la educación formal de los jóvenes espartanos era mínima, salvo en materias como la música, gimnasia y juegos relacionados con los principios del arte de la guerra. Según el historiador clásico Plutarco, aprendían entonces a leer y a escribir, al menos de forma básica, así como a cantar, principalmente letras de marchas. Frente a la famosa retórica de Atenas y otras ciudades griegas, de los hijos de Esparta se esperaba que hablaran de forma sólida y concisa (laconismo), al tiempo que con gracia.

Mientras que a los niños se les cortaba el pelo al rape, a los adolescentes que alcanzaban los 15 años, los efebos, se les autorizaba a llevarlo largo y bien cuidado. El largo cabello era uno de los rasgos más característicos de los guerreros espartanos.

El Estado asumía la tutela hasta los veinte años. A partir de esta edad, los jóvenes espartanos seguían viviendo en un régimen de cuartel y se les destinaba a distintas agrupaciones militares. El vínculo entre soldados se creaba así desde la niñez. Cada espartano dormía, comía y luchaba con sus compañeros de armas de la infancia. Este ambiente de camaradería se construía sobre una especie de amor que no tenía que ver con el sexo, pese a lo cual es posible que fueran frecuentes las relaciones homosexuales (aunque entre los griegos no existía el concepto de naturaleza homosexual).

«Únicos y verdaderos artistas de la guerra»

Vivían así bajo régimen militar hasta los 30 años, cuando se les entregaba una hacienda y un terreno para que formaran su propio hogar. Era en ese momento que adquirían todos los derechos de un ciudadano como uno de los iguales (homoioi). Lo tardío de los matrimonios y el papel limitado de la mujer en la sociedad griega alentaban, además de la homosexualidad, que los soldados acudieran a luchar sin cargas familiares a sus espaldas. Las mujeres también recibían una educación basada en la gimnasia y la lucha, una exigente actividad física con el fin de mantenerse ágiles y fuertes para poder engendrar a futuros guerreros sanos y robustos.

Todo este entrenamiento hacía de los espartanos los soldados más temidos de Grecia. Heródoto los describía como maestros del pasado en el arte de la guerra, mientras que otro autor clásico, Jenofonte, los admiraba como los «únicos y verdaderos artistas en materia de guerra». A diferencia del resto de hoplitas, los espartanos eran soldados profesionales a tiempo parcial en su ciudad estado, cuyo territorio se beneficiaba del aislamiento que le daban las montañas. En ningún otro punto de Grecia se podían permitir un nivel de profesional tan alto en la milicia.

Fuente: Cesar Cervera

La misteriosa ruta de Anibal, ¿desvelada por los excrementos de sus caballos de guerra?

Anibal llevó 37 elefantes a través de los Alpes

Fue una de las hazañas más grandes de toda historia militar y, a día de hoy, es recordada por su extrema dificultad. Corría el año 218 a.C. cuando -a pesar del insoportable frío, las constantes nevadas y lo escarpado del terreno- el general cartaginés Anibal Barca logró atravesar los Alpes junto a 30.000 soldados, 12.000 caballos y 37 elefantes de guerra. Su objetivo: llegar hasta las puertas de Roma y conquistar por sorpresa la ciudad. Sin embargo, y a pesar lo increíble que fue la gesta, hasta ahora seguía habiendo un misterio a su alrededor que desconcertaba a los expertos: ¿Qué ruta utilizó el militar para cruzar las montañas?

Esta pregunta podría haber sido respondida por un grupo de microbiólogos del Instituto para la Seguridad Alimentaria Mundial y la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Queen de Belfast. Estos dicen haber descubierto la ruta (y desvelado uno de los mayores misterios de la historia militar) en base a sus muchos conocimientos científicos y a unos pocos excrementos de caballo. Y es que, el equipo -dirigido por Bill Mahaney, de la universidad de York- afirma haber encontrado heces de los mismos animales que Anibal utilizó para cruzar los Alpes en el paso de Traversette, ubicado entre Francia y Turín.

Las pruebas

 Para llegar a esta conclusión, el equipo se sustenta en una serie de análisis microbianos, de química ambiental y de polen realizados sobre un depósito de materiales fecales -probablemente de caballos- hallados en el paso de Traversette. Estos restos han sido fechados alrededor del año 200 a.C. gracias a un estudio de isótopos de carbono y, por suerte, han sido hallados en el interior de un viejo pantano (uno de los pocos lugares que podría haber sido utilizado por el ejército de Anibal para dar de beber a sus monturas. El lugar fue descubierto durante una serie de expediciones geológicas realizadas en la zona.

En palabras de los expertos, más de un 70% de los microbios del estiércol son de un grupo conocido como clostridium, los cuales suelen aparecer en la flora intestinal habitual de animales. Su futuro análisis, además, podría llevar a la confirmación absoluta de que pertenecen a las monturas cartagineses. Con todo, y a pesar de lo interesante del hallazgo, de momento los investigadores han sido incapaces de determinar con total seguridad el origen animal o humano de las bacterias.

«El análisis genético necesita ser ampliado para estar completamente seguros. Actualmente estoy liderando un programa de microbiología para tratar de reconstruir total o parcialmente las muestras de clostridium encontradas en el fango de Traversette», ha explicado Chris Allen (Porfesor titular de Microbiología del Medio Ambiente en la Universidad Queen de Belfast y colaborador en el estudio) en un artículo publicado en la página especializada «The Conversation».

En este sentido, el experto ha señalado que también están tratando de encontrar los huevos de las tenias intestinales que pudieran residir dentro de los animales y que hayan quedado «guardados en el lugar como diminutas cápsulas de tiempo».

El paso más difícil

El paso de Traversette es sumamente estrecho y está ubicado en una hilera de picos que se encuentra entre al sur-este de Grenoble (en Francia) y sur-oeste de Turín (en Italia). Se encuentra a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y, según Allen, es un camino sumamente irregular y abrupto. Esta ruta, curiosamente, fue propuesta hace más de un siglo por el filósofo Sir Gavin de Beer, aunque no fue aceptado por la comunidad científica. En la actualidad, así pues, se le ha dado la razón a este experto.

Con todo, a día de hoy sigue pareciendo extraño que Anibal usase este camino, pues es uno de los más difíciles de la zona. «Aníbal no estaba preocupado entonces por las acciones del ejército romano, le preocupaban más los ataques de las tribus que habitaban esa región, la mayoría galas. Eran una fuerza militar importante y, quizá, se vio obligado a tomar la ruta más difícil para evitar caer en una devastadora emboscada», añade Allen. A pesar de esta teoría, todavía se sigue barajando que pudiera dirigir a su ejército a través de pasos como el de du Clapier, ubicado más al norte y mucho menos traicionero.

Fuente: ABC Historia

Las dos cámaras ocultas de la tumba de Tutankamón contienen metal y material orgánico

Egipto confirma la existencia de espacios desconocidos en la tumba del faraón

Las cámaras secretas de la tumba de Tutankamón contienen metal y material orgánico, según las investigaciones que están revelando este jueves las autoridades responsables del patrimonio egipcio. Se confirma la existencia de al menos dos espacios desconocidos en … del joven faraón en el Valle de los Reyes, en Lúxor.

El ministro de Antigüedades de Egipto, Mamdouh Eldamaty, ha anunciado oficialmente el descubrimiento de dos habitaciones tras las paredes norte y este de la tumba, en la cámara sepulcral, ocultas detrás de las pinturas. Los escáners realizados por el especialista en radar japonés Hirokatsu Watanabu señalan esa presencia de metal y material orgánico. A las cámaras aún no se ha accedido.

El hallazgo confirma en parte la hipótesis del egiptólogo británico… que ha especulado que una de esas cámaras podría conducir a la tumba oculta de la reina Nefertiti.

El estudio dirigido por el experto japonés Hirokatsu Watanabe reveló que seguramente “hay algo” detrás de los muros norte y oeste de la cámara funeraria del llamado “faraón niño”, dijo Eldamaty.

Detrás del muro norte, se ha detectado un hueco o nicho de hasta 1,5 metros de diámetro y 2 metros de profundidad, según el análisis con rayos infrarrojos realizado a finales del pasado mes de noviembre en el sepulcro de Tutankamón.

Asimismo, el escaneado reveló que en la pared norte existe un hueco, quizás una puerta de acceso a la cámara oculta, que fue cubierto con material más ligero que el resto de las paredes hechas de piedra maciza, precisó Eldamaty.

Estos hallazgos confirmarían la hipótesis del arqueólogo británico Nicholas Reeves, el cual consideró que hay una cámara sin descubrir en el sepulcro de Tutankamón, después de haber observado unas pequeñas hendiduras precisamente en el muro norte de la tumba.

JACINTO ANTÓN | EL PAIS.COM Barcelona

Reinas egipcias que gobernaron bajo la sombra y el anonimato

Por motivos ideológicos, el rey de Egipto tenía que ser un hombre. En ello no tenía nada que ver el machismo, sólo su modo de ver el mundo. No es que los egipcios consideraran a las mujeres incapacitadas para el ejercicio del poder político, pero su imagen del mundo estaba conformada por un gobernante (masculino) acompañado por una pareja (femenina).

Ambos eran imprescindibles para realizar correctamente muchos rituales de la monarquía y ambos tenían una función concreta. Sin embargo, cuando las cosas se ponían feas, cuando la política se volvía turbia y las dinastías reinantes pasaban por malos momentos, lo normal es que una mujer de la familia real, hija o esposa del faraón, se ocupara del gobierno del país. Se trata más bien de un recurso dinástico dictado por las circunstancias políticas; pero que demuestra que sin duda las mujeres no estaban apartadas del poder.

El caso de Tiyi, esposa de Amenhotep III que mantenía correspondencia internacional con reyes y reinas asiáticos, o el de Hatshepsut, primero regente y luego autocoronada faraón, vinieron precedidos por el Neferusobek, la única mujer faraón genuino que conocemos, que fue el último rey de la XII dinastía.

Las mujeres de Khentkaus

No se sabe exactamente qué papel desempeñaron en el paso de la IV a la V dinastías un par de mujeres de la realeza llamadas Khentkaus, pero sin duda fue relevante. También se sospecha que Nefertiti llegó a ser coronada faraón cambiándose el nombre, pero ocultó tan bien su verdadera personalidad que por ahora sólo son deducciones de los egiptólogos.

Otra reina, más bien regente, que se unió a la lista de reinas fue Merneith. Su tumba fue descubierta a principios del siglo XIX en el cementerio real de Abydos, entre otros soberanos de la I dinastía. La verdad es que no se sabía muy bien qué hacer de ella, si considerarla reina o regente.

Al final, las excavaciones del Instituto Arqueológico Alemán en la necrópolis a finales del siglo XX permitieron reconstruir la impresión de un sello cilíndrico donde aparecía su nombre en una lista de los soberanos de la I dinastía. El documento se interpretó como la demostración de que había sido regente del reino para su hijo, el rey Den.

Poder en la sombra

No fue la única mujer de la I dinastía en haber ejercido el poder, porque antes que ella parece haberlo hecho, Neithhotep. Dueña de una inmensa tumba en Nagada hallada a finales del siglo XIX, se pensó que había sido esposa de Narmer; pero su nombre descubierto dentro de un serekh (un rectángulo que representa una fachada de palacio y con un halcón perchado encima donde se escribía el nombre de Horus de los faraones), hacía pensar que quizá llegó a ejercer el poder. Un grafito recién descubierto en el Wadi Ameyra, en el desierto del Sinaí, donde los egipcios iban en busca de turquesa y cobre, parece confirmarlo definitivamente.

Así, resulta que no estaba casada con Narmer, como se había pensado, sino que actuó como regente de su hijo Djer. La primera de un limitado grupo de mujeres que estuvieron tan cerca del poder en el valle del Nilo como para llegar no sólo a ejercerlo abiertamente, sino a dejar constancia histórica de ello.

Fuente: Jose Miguel Parra para El Mundo.

El cólera-morbo: la enfermedad que vino del Ganges para matar a más de 6.000 sevillanos

Mujeres atendiendo a enfermos de cólera

Una vez más la enfermedad entró en 1833 en Sevilla por el puerto, y los primeros enfermos se localizaron en Triana. El cólera-morbo asiático hacía aparición de esta manera en Sevilla. Pronto las autoridades establecieron la incomunicación del arrabal con el resto de la ciudad, pero esto no sirvió para evitar el contagio en el resto de barrios.

Durante los primeros días de septiembre un buque inglés atracaba en el Puerto de Sevilla. Algunos de sus tripulantes sufrían la enfermedad y se la contagiaron a algunos estibadores de Triana que descargaron el barco. De allí, pese al cordón sanitario establecido en torno al barrio, se extendió al resto de las ciudad, los primeros el Baratillo y Cestería, tal y como recoge Francisco Porrúa y Velázquez en su libro «Historia d ella Epidemia, llamada Cólera-Morbo acaecida en la ciudad de Sevilla».

La Junta de Sanidad estableció una serie de medidas para responder a la epidemia, comenzando por establecer tres hospitales especializados, uno en Triana en el Convento de San Jacinto y dos en la ciudad y disponer personal y útiles para trasladar a los enfermos. También desalojaron las casas en las que hubiese comenzado a desarrollarse la enfermedad, se limpiaron y desinfectaron las calles, se trataban de que los cadáveres estuvieran enterrados 24 horas después del fallecimiento y se vigiló que se conservase la tranquilidad pública.

 El cólera-morbo es una enfermedad que proviene del delta del Ganges y se manifiesta en sus primeros estadios con diarrea y vómitos biliosos, la lengua se cubría con una costra blanquecina. La orina era escasa y encendida, el sudor abundante y en ocasiones se producían descamaciones en la piel. En este primer momento, si se trataba con un buen régimen y un plan medicinal, la enfermedad se curaba, por norma general. Sin embargo si no se ponía tratamiento adecuado en esos primeros momentos la enfermedad era irremediablemente mortal.

La enfermedad estuvo presente en la ciudad desde principios del mes de septiembre de 1833 y no se declaró la epidemia finalizada hasta el 9 de noviembre de ese mismo año. En ese tiempo enfermaron unas 24.000 personas de las que fallecieron 6.262.

Fuente: ANA MENCOS abc.es

Así fue la epidemia de peste que desencadenó el declive de Sevilla

El Hospital de la Sangre, o de las Cinco Llagas, fue el epicentro de la batalla contra la peste

La peste negra o bubónica fue un mal que asoló varias ciudades durante los siglos XVI y XVII sobretodo. Esta enfermedad transmitida a través de las pulgas de las ratas se manifestaba con fiebres altas, dolores musculares y articulares y en una segunda fase aparecían bubas o protuberancias en las ingles, axilas y el cuello, pues se trata de una infección de los ganglios linfáticos.

La incidencia de esta enfermedad fue especialmente grave en Sevilla en el año 1649. La ciudad, que aquel momento poseía el monopolio del comercio con las Indias, hizo todo lo posible para evitar que el mal que afectaba al levante peninsular desde 1647 no llegase a su población, pero ni el corte del tráfico de personas y bienes ni los cordones sanitarios evitaron que llegase la temida plaga a la capital.

Según «Copiosa relación de los sucedido en el tiempo que duró la epidemia en la grande y augustísima ciudad de Sevilla, año de 1649», la epidemia llegó a la ciudad por medio de unos gitanos de Cádiz que trajeron unas ropas infestadas. Todos ellos murieron al igual que quienes lo cobijaron en Triana, barrio donde se inicia la epidemia en la primavera de 1649. De allí pasa al otro lado del río. Los hospitales de Triana y el de la Sangre (actualmente conocido como de las Cinco Llagas y sede del Parlamento de Andalucía) no daban a basto con el número de pacientes. En los alrededores del Hospital de la Sangre se apostaban enfermos esperando cama que acababan muriendo a la intemperie.

Los factores ambientales también afectaron a la propagación de la enfermedad. Durante ese invierno y esa primavera las lluvias fueron abundantes y hubo inundaciones que perjudicaron a los cultivos lo que provocó la escasez y el encarecimiento de los productos básicos. Además la humedad extra favorecía la incubación de la peste.

En «Epidemiología Española o Historia cronológica de las pestes, contagios, epidemias y epizootias que han acaecido en España desde los cartagineses hasta 1801», Joaquín Villalva y Guitarte señala que «había día que pasaban de dos mil quinientos muertos en los hospitales y casas particulares». En totalmurieron entre 60.000 y 70.000 personas, es decir casi la mitad de la población de la ciudad de Sevilla. Los muertos salían en carros hacia las fosas comunes excavadas en las afueras de la ciudad, y aunque trataba de quemar los enseres que pudieran estar infectados y de hacer desaparecer los cadáveres cuanto antes, la falta de efectivos provocaba que las condiciones de salubridad no fueran las adecuadas. Las sepulturas no eran lo suficientemente profundas por lo que el olor que despedían provocó que incluso de sacase el Santísimo Sacramento de los templos parroquiales para llevarlos a monasterios o iglesias vecinas.

Consecuencias de la epidemia de peste

El brote empezó a ceder el 12 de julio de 1649 pero ya nada podía hacerse para el menoscabo que supuso para la ciudad. Sevilla se había quedado casi sin población , las casas vacías y derruidas, los campos vacíos sin operarios que trabajaran en ellos. Además, según afirma J. Félix Machuca tras la publicación de su libro sobre esta epidemia «Padre nuestro que no está en Sevilla» la «mentalidad de la ciudad pasó de confiar en sí misma a echarse en manos de la Providencia». Incluso muchos pensaban que la epidemia había tenido que ver con la posición de las constelaciones y los planetas. Y encomendaron su curación a los santos y proliferaron las procesiones que al mismo tiempo eran foco de contagio.

La peste se llevo a personajes ilustres como el imaginero Martínez Montañés, de 81 años, y al joven Juan de Zurbarán , hijo del reconocido pintor Francisco de Zurbarán.

Tras la peste llegaría el fin del monopolio del comercio con las Indias. Y de este modo comenzó el declive de la que fuera la ciudad más importante del imperio español sobre todo durante los siglos XV y XVI.

Fuentes: abcdesevilla

La familia de Colón podría tener viejas raíces escocesas

Cristóbal Colón

Ni era portugués, ni se apellidaba Colombo, ni era catalán, ni se crió en Baleares. El debate sobre los orígenes de Cristóbal Colón es como el del huevo y la gallina, muchas son las teorías pero pocas las voces que se atreven a darlas por definitivas. Después de 27 años y 330.000 archivos revisados, el experto Alfonso Enseñat de Villalonga ha expuesto una serie de conclusiones que podría cambiar el contenido de miles de enciclopedias.

La principal novedad que aporta este investigador es una genealogía que empezaría en torno al año 770… ¡En Escocia! Después de mucho analizar, y después de ponerse en contacto con casas nobles italianas, Alfonso Enseñat de Villalonga ha situado los orígenes más remotos de Cristóbal Colón en los Douglas, un clan de la antigua Escocia. «Si desde Génova nos dan la bendición —vaticina—, van a tener que cambiar muchas enciclopedias del mundo, porque de la genealogía se deriva una historia totalmente distinta de la que se cuenta por ahí».

Según este investigador, todo lo escrito anterior a 1484 (que es cuando se tiene constancia de la llegada de Colón al reino de Castilla) «es totalmente falso».

Históricamente ha existido un vacío biográfico en torno a la figura del navegante que ha favorecido el nacimiento de toda clase de creencias sobre sus orígenes. «Mi intención no es solo explicar la genealogía, sino contar también por qué ha existido un vacío documental tan tremendo. En España todos se dedican a teorizar y yo me he preocupado por buscar sus fallos, sobre todo el del Cristóbal Colón catalán, que es lo más ridículo que hay».

Una de las razones que explicarían este desconocimiento estaría en la propia organización de la sociedad genovesa. Al igual que otros investigadores, la tesis que maneja Enseñat es que Cristóbal Colón nació y se crió en un albergo genovés. Estos albergos tenían banca propia, flota propia y la costumbre de que todos sus habitantes adoptaran el mismo apellido, razón por la cual ha sido casi imposible conocer detalles de la juventud de Colón.

Hallazgo único

Las investigaciones de Alfonso Enseñat le llevaron hasta el Barrio Nobles Colonne, un albergo creado en torno al año 1403 y en el que todos sus miembros fueron adoptando el apellido Colonne para diferenciarse de las demás familias genovesas. En ese clan estarían los orígenes de Cristóbal Colón, pues según las actas que durante años ha revisado Enseñat en el Archivi di Stato di Genova, allí vivió su padre hasta el año 1453. Además, esa documentación le ha dejado un hallazgo único: «Estas actas me han servido para corroborar que Cristóbal Colón nació en el año 1446 y no en el año 1451 como dicen todas las enciclopedias».

Tradicionalmente se ha pensado que Pietro Colón —que así se llamaba originalmente— nació en el seno de una familia humilde en la que su padre se ganaba la vida como tejedor. Nada que ver. Al parecer, los padres del navegante venían de buena familia y dieron a su hijo una educación de élite: a los siete años lo ingresaron en el convento genovés de Santa Maria di Castello para que cursara sus estudios. «Vieron en él una predisposición muy notable hacia la astrología», explica Enseñat de Villalonga. «Se dieron cuenta de que era una persona muy despierta, con ambición de conocimiento y mucha capacidad de asimilar todo lo que se le enseñaba. Pensaron por esa razón mandarle a Pavía, donde había grandes expertos en Astrología».

Cambio de nombre

Sus años en el convento se saldaron con una bagaje cultural amplísimo para la época y un cambio de nombre. Era costumbre entre los clérigos promover un cambio de nombre en aquellos jóvenes que eran «tonsurados» como un paso previo al sacerdocio. En el caso de Colón, Pietro pasó a llamarse Cristóforo, que significa «el que lleva a Cristo». Este cambio de nombre unido a la diversidad familiar de los albergos genoveses tiene mucha culpa de que apenas se conozcan detalles de la vida de Colón previa a su llegada a España.

Según su hijo Hernando, autor de una controvertida biografía sobre el descubridor de América, su padre eligió Cristóforo para emular a San Cristóbal. «San Cristóbal —escribió— tuvo aquel nombre porque pasaba a Cristo por la profundidad de las aguas con tanto peligro», lo que de alguna manera denota la vocación marinera y católica de Cristóbal Colón. «Fue tan observante de las cosas de la religión, que podría tenérsele por profeso», añadió.

A la espera de ver qué ocurre con las averiguaciones de Alfonso Enseñat de Villalonga, son varios los mitos que se ha esforzado en derribar durante los últimos años. Quizá el más llamativo de todos sea el que hace referencia a su aspecto físico, pues la mayor parte de los dibujos y estatuas con las que hemos convivido retratan a un navegante de pelo castaño y media melena. «Los historiadores coetáneos a Cristóbal Colón decían que tenía los ojos azules, el pelo rubio o rojizo, más rojizo que rubio —matiza—, y que tenía la piel pecosa. Eso coincide con una raza completamente distinta, curiosamente con la raza escocesa». Todo parece encajar.

La Conquista de Granada, la heroica Cruzada que convirtió en «Católicos» a los Reyes de España

La rendición de Granada, por Francisco Pradilla

La rendición de Granada, por Francisco Pradilla – Museo del Prado

Granada se había convertido en los albores de la Edad Moderna en el último reducto musulmán de la Península ibérica. Pospuesta durante los inestables reinados de Juan II y Enrique IV, la conquista de Granada se situó como prioritaria para los Reyes Católicos, arquitectos de lo que pretendía ser la España moderna. Isabel y Fernando habían crecido bajo la amenaza que suponía el auge del Imperio otomano, que en 1453 logró la caída de Constantinopla, y no estaban dispuestos a tolerar el desafío de Muley Hacén, el emir de Granada, que durante este periodo se apoderó de varios bastiones en la frontera cristiana y dejó de pagar el tributo estipulado con los cristianos. Con la toma de estos bastiones, entre ellos Zahara, esclavizó y exterminó a los defensores. La Europa cristiana iba, esta vez sí, a aceptar el duelo.

Al enterarse en Medina del Campo de la caída de Zahara, Fernando «El Católico» afirmó en voz alta: «Siento las muertes de cristianos, pero me alegro de poner en obra muy prestamente lo que teníamos en el pensamiento hacer».

El lema Tanto Monta (Tãto·Mõta) y el yugo inscritos sobre los preexistentes relieves nazaríes de la AlhambraEl lema Tanto Monta (Tãto·Mõta) y el yugo inscritos sobre los preexistentes relieves nazaríes de la Alhambra– Wikimedia

El Papa Sixto VI apoyó la empresa militar instituyendo una Cruzada, a modo de asistencia financiera. La bula de Cruzada fue prorrogándose cada dos años hasta alcanzar en su último año, 1492, una recaudación de 500 millones de maravedíes. La nobleza, el alto clero y las comunidades judías aportaron la mayor parte de los fondos. Además, desde distintos países europeos llegaron importantes remesas económicas y, sobre todo, llegaron caballeros y aventureros alemanes, ingleses, borgoñones, alemanes… dispuestos a participar en la última Cruzada del Occidente cristiano. Tampoco era menor el apoyo popular que tenía la Empresa granadina en España. «Por donde quiera que iban, hombres, niños, mujeres, le salían al encuentro de todas partes por aquellos campos y les echaban mil bendiciones: llamábanlos amparo de España (…)», escribió el padre Mariana sobre el fervor popular que desataba el paso de las tropas.

Los cristianos tenían la superioridad numérica y la moral de su lado, pero las características del terreno alargaron una guerra de asedios y escaramuzas, sin grandes batallas en campo abierto, durante seis años. En este plazo de tiempo, los Reyes Católicos desarrollaron un dispositivo militar, una administración y un sistema de fiscalidad, cuya meta final era un Estado moderno que los reyes de la Casa de los Austrias emplearon posteriormente para lograr la hegemonía en Europa. Granada fue el inicio de ese sueño imperial.

«El Rey chico» sembró la discordia en Granada

La primera etapa de la guerra se desarrolló entre 1482 y 1484, donde la improvisación y las actuaciones aisladas de grandes nobles andaluces, entre ellos el Duque de Medina-Sidonia o el Conde de Cabra, hermano mayor de Gonzalo Fernández de Córdoba, marcaron el ritmo del conflicto. La suerte cristiana mejoró en la segunda etapa, porque los ejércitos de Isabel y Fernando aumentaron sus prestaciones y conquistaron los valles de Ronda, Loja, Marbella, Málaga, un puerto imprescindible para la recepción de suministros y refuerzos desde el Norte de África, y Baza. La otra noticia positiva para los cristianos en esas fechas fue la asociación de los Reyes con Boabdil, «El rey chico», que dividió todavía más al bando musulmán. En 1482 el emir Muley Hacén fue destronado así por su hijo Boabdil. A partir de entonces, Hacén y su hermano Ibn Sad, «El Zagal», se unieron para combatir a Boabdil, que había prometido a los Reyes Católicos entregar el reino en cuanto estuviera sentado en el trono y su tío, proclamado emir en 1485, hubiera muerto o salido del país.

Boabdil mantuvo en todo momento contactos secretos con los Reyes Católicos, muchos de ellos a través de su amigo y confidente Gonzalo Fernández de Córdoba, que adquirió gran protagonismo en la fase final del conflicto. Sin embargo, Boabdil era esclavo de sus circunstancias y su poder era demasiado precario como para salir con vida si rendía la ciudad sin combatir. Poco quedaba por entonces de la tan cacareada tolerancia entre musulmanes, cristianos y judíos, ni del esplendor cultural que había dado lugar a una de las ciudades más bellas de Occidente. Paulatinamente, la ciudad de Granada fue llenándose así de refugiados radicalizados que buscaban un último lugar donde resistir hasta la muerte.

Los Reyes Católicos conquistadores de Granada.Los Reyes Católicos conquistadores de Granada.– Wikimedia

Las acciones de 1490 demostraron lo precario de las defensas granadinas. Como relata José María Sánchez de Toca y Fernando Martínez Laínez en «El Gran Capitán» (EDAD, 2015), aquel invierno, Hernán Pérez del Pulgar, el de las Hañazas, entró de noche en Granada con 15 de los suyos, clavó con su daga el Avemaría en la puerta de la mezquita mayor y al salir incendió el mercado de la ciudad. A su vez, en esas mismas fechas fracasó el intento de liberar a los 7.000 cautivos cristianos que estaban encarcelados en las prisiones granadinas. La mayor parte murió de hambre durante el asedio.

Para intensificar la presión sobre el emir, los Reyes Católicos comenzaron en el verano de 1491 la construcción del campamento de Santa Fe, construido de forma cuadricular frente a Granada, con la firme decisión de que solo lo levantarían tras la caída de la ciudad. No trajeron artillería pues en ningún caso pretendían destruir la ciudad. El 25 de noviembre de 1491, los Reyes firmaron con Boabdil el acuerdo definitivo para rendir la ciudad. Los monarcas se comprometían a respetar los bienes y las personas que vivían en Granada, a garantizar la libertad de culto, y que se siguiera empleando la ley coránica para dirimir conflictos entre musulmanes. Las capitulaciones, asimismo, incluían la promesa de que no habría castigo para los tornadizos, elches y marranos refugiados en Granada, a quienes se facilitaría el traslado al Norte de África. A cambio de este acuerdo tan benigno, «El Rey chico» consistió entregar Granada en un plazo de dos meses, una condición complicada de llevar a efecto a causa de la amenaza de un motín generalizado contra el último rey de Granada. Con el permiso del emir, una avanzada cristiana ocupó la Alhambra, adelantándose a cualquier reacción violenta del pueblo, lo que fue seguido por la entrega de la ciudad. Un cronista vasco describió aquel día como el que «redimió a España, incluso a toda Europa» de sus pecados.

El emir no lloró; se retiró a sus nuevas posesiones

En Roma, el final de la Cruzada fue celebrado con campanadas, encierros y corridas de toros. Los conquistadores recibieron la calificación de «atletas de Cristo», y los Reyes el título de «Católicos» con el que hoy son conocidos en los libros de Historia. No es casual por tanto que Isabel y Fernando eligieran Granada para el reposo de sus restos en la Capilla de los Reyes de la Catedral.

Cuadro de Francisco Padilla «El suspiro del moro»Cuadro de Francisco Padilla «El suspiro del moro»

El 2 de enero de 1492 se escenificó la rendición en una ceremonia desprovista de humillaciones, como demuestra el hecho de que Boabdil no besara las manos de los Reyes. Entregó las llaves de la ciudad al Conde de Tendilla, Íñigo López de Mendoza, que sería el primer capitán general de la Alhambra. Según recoge la Crónica de los Reyes Católicos, Boabdil avanzó sobre su caballo de cara al enemigo que acampaba más allá de los muros de Granada y entonces un tropel de gentes famélicas, compuesto de madres gimiendo y niños «dando voces diciendo que no podrían sufrir el hambre; y que esta causa vendrían a desamparar la ciudad e irse al real de sus enemigos, por cuya causa la ciudad se tomaría y todos vendrían a ser cautivos y muertos». La rendición había sido la única salida posible. El último emir siguió viviendo en la Península, en un territorio asignado por los Reyes en las Alpujarras, pero al cabo de dieciocho meses cruzó el Estrecho para morir en Fez muchas décadas después.

Las condiciones firmadas por los Reyes fueron solo respetadas inicialmente. La población mudéjar pasó en poco tiempo a ser tratada con mayor firmeza a partir de la visita del nuevo confesor, el Cardenal Cisneros (1499). Como resultado, se obtuvo un incremento de las «conversiones», pero también una serie de desórdenes que se extendieron hasta avanzado el siglo XVI. Estos episodios, no en vano, fueron considerados como una ruptura de las condiciones de la capitulación por la parte islámica, con lo que, libres de toda cortapisa, los Reyes emitieron la Pragmática de 11 de febrero de 1502, que obligaba al bautismo o al exilio de los musulmanes.

Fuente: ABC.ES

 

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