Historias Legendarias

Mundo Antiguo y curiosidades

El misterioso faraón Tutankhamón fue enterrado a toda prisa

Ésta es la conclusión a la que se ha llegado en un nuevo análisis de las inquietantes manchas de color marrón oscuro que cubren las paredes exquisitamente pintadas de la tumba de Tutankhamón. A pesar de casi un siglo de investigación científica estas manchas siguen siendo un misterio, pero el equipo del microbiólogo Ralph Mitchell de la Universidad de Harvard cree haber dado con la respuesta más probable. Nadie sabe por qué Tutankhamón murió tan joven, pero
fuese cual fuese la causa de la muerte Mitchell cree que las manchas de color marrón revelan algo: que el joven faraón
fue enterrado con una prisa inusual, antes incluso de que se secaran las paredes de la tumba. Esa humedad, junto con la comida y el incienso que fueron depositados dentro de la tumba siguiendo la tradición, y la presencia de la propia momia, habrían proporcionado un ambiente favorable para el crecimiento microbiano, hasta que finalmente la
tumba se secó. Preocupado por la preservación de la tumba, el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto pidió ayuda al Instituto Getty de Conservación. Éste, a su vez, le hizo una serie de consultas a Mitchell. En su investigación, el grupo
de Mitchell ha combinado la microbiología clásica con técnicas  genómicas de vanguardia. El equipo de investigación
ha estado cultivando muestras tomadas de las paredes de la tumba, así como realizando análisis de secuencias de
ADN. Paralelamente, unos químicos en el instituto Getty han estado analizando las manchas marrones, las cuales
se han filtrado en la pintura y en el yeso. Hasta ahora, los químicos han identificado subproductos del metabolismo de hongos (y a veces de bacterias), pero no se ha podido asociar organismos vivos específicos a las manchas. Los resultados, según resume Archana Vasnathakumar del equipo de investigación, indican que los microbios que causaron las manchas están muertos, o por lo menos inactivos. Además, el análisis de fotografías tomadas cuando la tumba fue abierta por primera vez en 1922, muestra que las manchas no han cambiado en los últimos 89 años. Sin embargo, la identidad de los antiguos microorganismos continúa sin resolver.

Fuente: BIAE nº75

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