Historias Legendarias

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La Atlántida NO está en el Parque de Doñana. La farsa de Freund.

“Sebastián me explicó amablemente que la única intención de su equipo consistía en “comprobar si en esa zona de la marisma pudo haber asentamientos humanos y en qué época“, no que estuvieran buscando Tartessos, ni mucho menos la Atlántida, como había dado a entender la prensa”. “Los únicos restos descubiertos durante su investigación se reducían a piezas cerámicas de época calcolítica”. “Te adelanto que conozco bien a Freund y se ha inventado todo. Estuvo invitado unos días en Doñana, y por supuesto, nunca excavó”

Desde hace varios días, medios de todo el mundo han difundido alegremente que un equipo de arqueólogos estadounidenses, liderado por el profesor Richard Freund, de la Universidad de Hartford (EE.UU.), ha descubierto evidencias de la mítica Atlántida. Y, por si fuera poco, su ubicación estaría, ni más ni menos que en el Coto de Doñana. Una buena parte de los medios españoles –entre ellos ABC, El País o la agencia de noticias Europa Press– han dado como buena la afirmación, entre otras cosas porque las pesquisas de Freund parecen respaldadas por la cadena de televisión National Geographic, que casualmente estrenó el pasado domingo 13 de marzo un documental titulado Finding Atlantis (Encontrando la Atlántida).

Según las notas de prensa, el investigador estadounidense habría empleado modernas técnicas, como fotografías vía satélite y uso de georradares –además de prospecciones arqueológicas submarinas– en el célebre Parque Natural, descubriendo lo que parece ser “una ciudad sumergida” en Doñana, con una antigüedad de más de 4.000 años. Además, el documental mostraría “la que es posiblemente la pieza arqueológica más intrigante jamás asociada a la Atlántida”, un relieve en piedra hallado entre ruinas de hace 2.800 años, que representaría a un guerrero atlante defendiendo la entrada a la ciudad mítica. Sorprendente… ¿o no?

En realidad, las “hipótesis” que han vinculado las marismas de Doñana con la Atlántida llevan varios años circulando por distintos medios. De hecho, hace más de seis décadas, el célebre hispanista alemán Adolf Schulten estaba convencido de haber localizado en Doñana los restos de Tartessos –la antigua civilización del sur peninsular–, que en su opinión habría inspirado a Platón la idea de la Atlántida.

Varias décadas después, en el año 2004, la revista arqueológica Antiquity generaba un notable revuelo al publicar un trabajo del ingeniero alemán Rainer Künhe, quien afirmaba que el continente descrito por Platón podía haber quedado sumergido en el Coto de Doñana, idea que planteó a raíz de unas imágenes vía satélite captadas en 1996, y en las que supuestamente se apreciaban posibles construcciones artificiales. La situación se complicó aún más en el verano del año 2009, cuando varios medios españoles, como el diario Huelva Información, afirmaban en grandes titulares que el CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científicas) tenía previsto excavar en el Parque Natural para localizar la Atlántida.

Fotografía satélite del Parque de Doñana en la que Rainer Kühne creyó identificar construcciones artificiales.

Por aquellas fechas, un servidor estaba preparando un artículo sobre la percepción mítica que tuvieron los antiguos fenicios, griegos y romanos respecto a la Península Ibérica, así que me pareció buena idea comenzar el texto citando las distintas hipótesis de varios arqueólogos que habían situado en el Parque de Doñana los restos de Tartessos, la civilización que tanto influyó en esa imagen mítica que tuvieron de nosotros los pueblos antiguos del Mediterráneo. Fue así como entré en contacto con Sebastián Celestino Pérez, investigador del CSIC en el Instituto Arqueológico de Mérida, y uno de los arqueólogos que, según las notas de prensa, iba a buscar la Atlántida en el sur de la Península. Como ya imaginaba, la realidad era mucho más prosaica.

Sebastián me explicó amablemente que la única intención de su equipo consistía en “comprobar si en esa zona de la marisma pudo haber asentamientos humanos y en qué época“. Aquellas prospecciones no significaban que estuvieran buscando Tartessos, ni mucho menos la Atlántida, como había dado a entender la prensa. De hecho, el investigador de CSIC aprovechó para manifestar su malestar por el tratamiento sensacionalista que se había dado a la noticia. Finalmente, Sebastián me aclaró que los únicos restos descubiertos durante su investigación se reducían a piezas cerámicas de época calcolítica, nada que pudiera datarse en época tartésica, y desde luego nada que permitiera hablar de la Atlántida algo que, en palabras del investigador español, “no deja de ser una fantasía o una quimera en el imaginario popular”.

Con tales antecedentes, cuando hace dos días comenzaron a surgir las noticias sobre el supuesto hallazgo de Richard Freund, supuse que estábamos ante otro brote sensacionalista. Por supuesto, me faltó tiempo para ponerme en contacto de nuevo con el amable Sebastián, con la intención de que me confirmara si tenía conocimiento de las supuestas excavaciones del arqueólogo estadounidense. Ayer recibí su respuesta y, aunque escueta, no podía ser más explícita y clarificadora: “Estoy fuera y espero poder contestarte con más detalle mañana. Pero te adelanto que conozco bien a Freund y se ha inventado todo. Estuvo invitado unos días en Doñana, y por supuesto, nunca excavó“. Hoy, con algo más de calma, el investigador del CSIC –recordemos que fue uno de los responsables de estudiar, de verdad, posibles restos en Doñana– me confirmaba que él y sus compañeros han estado intentando luchar para desmentir la “farsa de Freund”, y se lamentaba del eco que las afirmaciones del estadounidense habían recibido en la prensa. Por suerte, Sebastián Celestino Pérez y sus colegas están ultimando un artículo científico sobre sus investigaciones durante los últimos cinco años en Doñana donde, por supuesto, no hay ni rastro de la Atlántida.

Es una pena que medios como los anteriormente citados no se hallan tomado la molestia de contrastar la información. Sobre todo teniendo en cuenta que bastaba una rápida visita a la web del CSIC para localizar el correo electrónico de los investigadores citados en varias de las informaciones y confirmar o desmentir tales afirmaciones.

vía Planeta Sapiens.

 

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