Historias Legendarias

Mundo Antiguo y curiosidades

El Enigma de los subterraneos de Sevilla

Torre del Oro
En el patrimonio histórico de la capital andaluza, hay muchas alusiones orales, ¿son tan numerosas las alusiones orales?. Si no conoces algún investigador sobre la materia, en Internet la información es mínima. Corren por las calles de la ciudad, numerosas historias referente a la tela de araña que por debajo de las calles existen.
¿Quién no ha oído hablar de que la Torre del Oro se comunica con Triana por debajo del río y con el Alcázar? y, ¿ que las distintas cárceles de la  Inquisición , se comunicaban con el Tribunal del Santo Oficio?.
Alcázar de Sevilla
La fuente más fidedigna para hacer un estudio pormenorizado, son los documentos y archivos, y en menor parte, algunos autores fiables.
Empecemos primero por los túneles romanos, olvidadas durante siglos. Lejos de todo interés, estos túneles, no tiene nada de especial, son meras cloacas. Los romanos, siempre cuidaron mucho de la parte sanitaria.
Estas historias, el autor que mejor las recoge, Álvarez Benavente en su obra “Explicación al plano de Sevilla”. Cuenta Benavente que en siglo XIX, durante un carnaval, una esclava se escapó por uno de estos pasadizos, levantando una loza. Este pasadizo, es el que posteriormente pudo investigarse, cuando se estaban realizando obras en la calle Abades en 1970.

Calle Abades

Otro subterráneo de la misma época,es la de la calle Argote de Molina, donde hoy está el Restaurante don Raimundo. a este callejón, se le llamó durante los siglos XVI y XVII, el Callejón de las Brujas.

Calle Argote de Molina

En la época musulmana,se habla de galerías que van desde la Catedral, hasta la calle García Vinuesa, la cual pueden ser de desagües de la antigua Mezquita.

Catedral de Sevilla
Por debajo de torneo, también tiene otro pasadizo, o en el barrio Humeros. Para documentarnos en este ámbito,tenemos al cronista Don Antonio de Ulloa, sevillano,almirante de la Armada. Por otra parte también está el cronista don Manuel de la Cruz, siglo XVIII. En el barrio Humores, hay también,algunas grutas, donde dice la historia, que unos muchachos encendieron una hoguera,y murieron asfixiados.

No cabe duda, de que uno de los símbolos, junto con la Catedral, es el Alcázar. Antiguo baluarte militar, no es extraño pensar, que se debieron hacer algunos pasadizos, para ayudar a la fuga en caso de peligro. Era costumbre de fortalezas como esta, de tener salidas ocultas con acceso a las afueras de la ciudad, de mensajeros u otros enlaces. En efecto tal pasadizo existió, y se pudo ver cuando hace 30 años, se hicieron reformas en la Antigua Fábrica de Tabaco, actual Universidad. El pasadizo cruzaba hasta la calle de San Francisco, dirección sur-oeste. Desgraciadamente, este pasadizo es inaccesible debido a la cimentación de la Fábrica de Tabaco. Esta galería, puede que sea de época posterior a la musulmana, quizás de la época de Pedro I El Cruel.Llamado el Cruel por sus detractores, y el Justiciero por su partidarios,sobre esta figura, también vuelan sobre Sevilla, grandes leyendas, tal es la historia de la cabeza de Rey Don Pedro.
Cabeza del Rey Don Pedro
Detengámonos un poco en esta historia, no menos peculiar que los subterráneos. En la calle Candilejo, en la esquina más ancha de esta calle, a la altura de los balcones del primer piso, se puede apreciar la estatua de medio cuerpo de un caballero medieval, coronado y con manto real sobre sus hombros. Lleva el pelo corto alrededor del cuello y cercenado en la frente, como debía ser la costumbre en esa época. Con su diestra empuña el cetro, que apoya en el hombro, y descansa la otra mano sobre su espada al cinto. Se trata de la figura del rey don Pedro I de Castilla que, aunque nacido en Burgos.
Esta historia, mitad leyenda mitad realidad, ocurrido en Sevilla y que tuvo al rey como protagonista.
Algunos historiadores mantienen que fue precisamente por un lío de faldas por lo que Pedro I salió una noche a recorrer las calles de Sevilla. Otros defienden que fue a consecuencia de una conversación con Domingo Cerón, el alcalde del rey, que afirmó que en la ciudad no se cometía un delito sin tener su castigo, y el rey quiso comprobarlo por sí mismo. Lo cierto es que iba solo y embozado en su capa cuando se topó con uno de los Guzmanes, el hijo del conde de Niebla, que apoyaba las aspiraciones al trono del hermano bastardo del rey. La ira se desató y las espadas chocaron en el silencio de la noche. El ruido despertó a una anciana vecina que, movida por la curiosidad, se asomó a la ventana alumbrándose con su candil a tiempo de ver cómo uno de los contendientes, cuyo aspecto recordaba al mismo rey, atravesaba el pecho a su oponente. La anciana, alarmada, volvió a cerrar la ventana pero, con tan mala fortuna, que se le cayó el candil a la calle. Apoyada sobre la ventana, intentando imaginar lo que pasaría cuando encontrasen su candil junto al cadáver, pudo oír claramente un crujido, como de nueces al chocar, alejándose del lugar. A la mañana siguiente, en la Sala de Justicia, los Guzmanes se presentaron para exigir que se buscase al culpable de la muerte de uno de los suyos. El rey prometió hacer lo posible por encontrarlo y concluyó: “Cuando se halle al culpable, haré poner su cabeza en el lugar de la muerte.”. Al cabo de unos días, se trajo a juicio a una anciana que había sido testigo del duelo. La anciana, a pesar de admitir que había visto lo sucedido, se negaba a contar lo que sabía. Ni las preguntas inquisitivas de Domingo Cerón, ni las amenazas de los alguaciles, le hacían decir palabra alguna. El rey, finalmente, se dirigió a ella: “Dinos a quién vistes en el duelo y no te ocurrirá nada “. La anciana, cogió un espejo y colocando frente al monarca exclamo Aquí tenéis la cabeza del asesino . El rey, cumplió su promesa ordenando llevar oculta en una caja de madera la cabeza del culpable que fue colocada tras una reja en la hornacina . Tras su muerte la caja se abrió y para sorpresa de todos apareció el busto del pendenciero monarca en el lugar del suceso, donde hoy día aún se puede contemplar.
Vayamos ahora a la calle Feria, donde existió una galería o mina entre los siglos XIV y XV. Por allí circulaba un arroyo con caudal suficiente para mover una rueda de molino. efecto, hizo pensar a algunos historiadores , que ese molino existió. Teoría que hoy día ha quedado totalmente refutada. Una historia parecida, es la de la calle San Eloy.
Pasadizos y subterráneos de Sevilla
Calle San Eloy
Se ha dicho por algunos que existió un pasadizo en el Barrio de Santa Cruz, que salía fuera de las murallas, pero es algo poco probable, de otra forma, los judíos de la época de la historia de la Susona, se habrían escapado.
Pero como no quiero aburrir a la gente, solo nombrar a Nuestra Señora del Subterráneo, que se descubrió en la construcción de la torre de la Iglesia de San Nicolás. Según algunos, esta imagen pudo ser la que trajo el Arzobispo san Leandro en época Visigoda.
Fuente: http://rinconcino.blogspot.com.es/
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