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El monarca que se salió del cuadro

En 1659, un año antes de su muerte, Velázquez consiguió su objetivo: ser nombrado caballero de la orden de Santiago. Retocó el cuadro de Las Meninas para añadirle a su autorretrato la cruz roja de esta orden fundada en 1170. Para ser caballero de Santiago había que acreditar no tener antepasados judíos y pertenecer a la nobleza. El Consejo de Órdenes rechazó la candidatura de Velázquez porque mintieron tanto él como sus testigos Zurbarán y Alonso Cano. Logró su meta porque el rey Felipe IV obtuvo una dispensa del Papa de Roma. Velázquez le devolvería el favor con creces.

Pese a su largo reinado (de 1621 a 1665), ese rey capicúa del actual “permanecería prácticamente olvidado de todos si no hubiera llamado a su servicio a Diego Velázquez”, dice el hispanista francés Alain Hugon en su libro Felipe IV y la España de su tiempo (Crítica).

El próximo 17 de septiembre hará 350 años de la muerte del que fue conocido como el rey Planeta. Nació el 8 de abril de 1605 en Valladolid. Muere en Madrid en 1665. Nieto de Felipe II, hijo de Felipe III, es un rey lleno de paradojas. Reinó en cuatro continentes y nunca salió de la Península Ibérica; no responde al perfil de rey guerrero, pero no conoció un año de paz: guerras contra suecos, daneses, ingleses, holandeses y desde mayo de 1635, contra los franceses. Una guerra entre familias. Hace ahora cuatro siglos, en 1615, Felipe IV y Luis XIII se convirtieron en cuñados al casarse cada uno con la hermana del otro; el rey de España, con Isabel de Borbón; el de Francia, con Ana de Austria.

Felipe IV nombró a Velázquez pintor, ujier de cámara, ayuda de cámara y aposentador de cámara. Será el pintor, dos meses antes de su muerte, el que prepare en la isla de los Faisanes, junto al río Bidasoa, el encuentro para que Luis XIV se case con la infanta María Teresa, hija de Felipe IV. Cuñado de un rey francés y suegro de otro. Joseph Pérez, en el prólogo del libro de Hugon, habla de declive de Castilla y no de decadencia de España. “¿Es casual que los dos grandes hombres que en diferentes ámbitos dominan esta época (Velázquez y Olivares) sean sevillanos? Antes, era la meseta la que proporcionaba las élites: Cisneros, Teresa de Ávila, el duque de Alba, Cervantes…”. Felipe IV es el rey del Siglo de Oro. Además de ser coetáneo de Velázquez, lo fue en vida de Cervantes (el escritor muere cuando el rey tiene once años) y en su reinado brillan los dramaturgos Lope, Calderón y Tirso de Molina; los poetas Quevedo y Góngora; los pintores Murillo, Zurbarán y Valdés Leal.

Otra paradoja de Felipe IV está unida a su pintor favorito. Las Meninas es “un retrato real sin verdadero sujeto real”, según Hugon: está la infanta Margarita, dos meninas -damas de honor-, una enana, un bufón, otra dama de la Corte, el guardadamas, el aposentador y el propio Velázquez. Pero no está el rey, que tenía en el taller del pintor un sillón de cuero para él. Un cuadro que fue estudiado por Foucault y Jacques Lacan.

Los primeros años del reinado fueron de bonanza y victorias militares. Una de ellas, la de Breda, la rendición de Justin de Nassau ante el genovés Ambrosio Spínola, tuvo lugar en 1625 y la pinta Velázquez en 1634. Las lanzas es uno de los doce cuadros de batallas junto a firmas como Rubens o Zurbarán que ilustren el salón del Palacio del Retiro. Con Rocroi (la batalla final de Alatriste) y el tratado de Westfalia se acaban los triunfos. En 1627, el año de la muerte de Góngora cuyo tercer centenario fue el bautismo de una generación de poetas (el Siglo de Plata), fue el año de la bancarrota y cayeron enfermos los reyes de España y Francia.

Hugon da cuenta de una visita a Andalucía de un rey tan poco viajero. Salió de Madrid el 8 de febrero de 1624, con Velázquez recién llegado a Palacio, y llega a Sevilla el 1 de marzo. Se alojó en el Alcázar, visitó la Catedral, la torre del Oro, remontó el río en barco hasta la Cartuja y fue de cacería en Doñana, donde lo recibió el duque de Medina-Sidonia, capitán general de una costa andaluza reforzada tras los ataques de Francis Drake a Cádiz en 1591. Quevedo estuvo en el cortejo, que hizo escalas en Cádiz, Gibraltar, Málaga y Granada.

Sevilla era comparable a Amsterdam y Venecia en población y comercio, según Hugon, que la incluye en lo que llamaría las “ciudades mundo”. En el reinado de Felipe IV se celebraron 52 corridas de toros, la primera en honor del príncipe de Gales, que vino a España pretendiendo a la infanta María, hermana de Felipe IV, a la que pintó Velázquez. Se volvió a Londres sin novia y con cuadros de Tiziano y Durero. El pintor sevillano llegó a la Corte en 1823. Hay dos mujeres clave, Jerónima Velázquez, su madre, de la que tomó su apellido; y Juana Pacheco, su esposa, la hija de su maestro, la madre de sus hijas.

Fuente: diariodesevilla.es

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