Historias Legendarias

Mundo Antiguo y curiosidades

Reinas egipcias que gobernaron bajo la sombra y el anonimato

Por motivos ideológicos, el rey de Egipto tenía que ser un hombre. En ello no tenía nada que ver el machismo, sólo su modo de ver el mundo. No es que los egipcios consideraran a las mujeres incapacitadas para el ejercicio del poder político, pero su imagen del mundo estaba conformada por un gobernante (masculino) acompañado por una pareja (femenina).

Ambos eran imprescindibles para realizar correctamente muchos rituales de la monarquía y ambos tenían una función concreta. Sin embargo, cuando las cosas se ponían feas, cuando la política se volvía turbia y las dinastías reinantes pasaban por malos momentos, lo normal es que una mujer de la familia real, hija o esposa del faraón, se ocupara del gobierno del país. Se trata más bien de un recurso dinástico dictado por las circunstancias políticas; pero que demuestra que sin duda las mujeres no estaban apartadas del poder.

El caso de Tiyi, esposa de Amenhotep III que mantenía correspondencia internacional con reyes y reinas asiáticos, o el de Hatshepsut, primero regente y luego autocoronada faraón, vinieron precedidos por el Neferusobek, la única mujer faraón genuino que conocemos, que fue el último rey de la XII dinastía.

Las mujeres de Khentkaus

No se sabe exactamente qué papel desempeñaron en el paso de la IV a la V dinastías un par de mujeres de la realeza llamadas Khentkaus, pero sin duda fue relevante. También se sospecha que Nefertiti llegó a ser coronada faraón cambiándose el nombre, pero ocultó tan bien su verdadera personalidad que por ahora sólo son deducciones de los egiptólogos.

Otra reina, más bien regente, que se unió a la lista de reinas fue Merneith. Su tumba fue descubierta a principios del siglo XIX en el cementerio real de Abydos, entre otros soberanos de la I dinastía. La verdad es que no se sabía muy bien qué hacer de ella, si considerarla reina o regente.

Al final, las excavaciones del Instituto Arqueológico Alemán en la necrópolis a finales del siglo XX permitieron reconstruir la impresión de un sello cilíndrico donde aparecía su nombre en una lista de los soberanos de la I dinastía. El documento se interpretó como la demostración de que había sido regente del reino para su hijo, el rey Den.

Poder en la sombra

No fue la única mujer de la I dinastía en haber ejercido el poder, porque antes que ella parece haberlo hecho, Neithhotep. Dueña de una inmensa tumba en Nagada hallada a finales del siglo XIX, se pensó que había sido esposa de Narmer; pero su nombre descubierto dentro de un serekh (un rectángulo que representa una fachada de palacio y con un halcón perchado encima donde se escribía el nombre de Horus de los faraones), hacía pensar que quizá llegó a ejercer el poder. Un grafito recién descubierto en el Wadi Ameyra, en el desierto del Sinaí, donde los egipcios iban en busca de turquesa y cobre, parece confirmarlo definitivamente.

Así, resulta que no estaba casada con Narmer, como se había pensado, sino que actuó como regente de su hijo Djer. La primera de un limitado grupo de mujeres que estuvieron tan cerca del poder en el valle del Nilo como para llegar no sólo a ejercerlo abiertamente, sino a dejar constancia histórica de ello.

Fuente: Jose Miguel Parra para El Mundo.

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