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Hallan la villa del general romano Mesala, el enemigo de Ben Hur

 

Una de las estatuas halladas en 2012 en la villa romana de Marco Valerio Mesala, en Ciampino (Roma).National Geographic.

Una de las villas del archienemigo de Ben Hur, Marco Valerio Mesala Corvino, ha sido identificada partiendo de unas antiguas tinajas de vino en la Toscana. Lo cierto es que los arqueólogos habían sospechado durante mucho tiempo que dicha villa situada en la isla toscana de Elba habría sido en el pasado la residencia del general Mesala, pero no habían encontrado hasta el momento suficientes evidencias que pudieran respaldar a ciencia cierta esta hipótesis.

Sin embargo, un equipo de investigadores ha encontrado recientemente un doliumcon varias marcas o señales que lo relacionarían directamente con este general romano. Este objeto era un tipo de vasija muy popular en la antigua Roma, de tamaño considerable y utilizada para almacenar y transportar bebida y alimentos. Se estima que muchas de estas tinajas podrían llegar a albergar entre 1.000 -1.500 litros de vino.

El sorprendente descubrimiento se produjo mientras un equipo de arqueólogos -entre los que se encontraba el especialista en metodología arqueológica Franco Cambi- excavaba un área situada en las proximidades de la antigua villa romana. Según apuntan las evidencias encontradas, parece ser que había una finca muy cercana a la villa de cuyos alimentos se servían los inquilinos de la impresionante propiedad del general Mesala.

La elegante construcción era conocida como Villa Le Grotte. La mayor parte de Villa Le Grotte fue destruida al final del siglo I, a causa de un gran incendio. Sin embargo, sobrevivieron a la destrucción algunos objetos hechos de arcilla o barro, entre ellos las tinajas antes citadas.

Al hilo de ello, cabe recalcar que uno de los hallazgos determinantes para esclarecer si la villa pertenecía a Mesala fue la inscripción que aparecía en muchas de las tinas de vino encontradas: “Hermia Va(leri) (M)arci s(ervus) fecit“. Su significado -“hecho por Hermias”- no dejaría lugar a dudas, puesto que Hermias habría sido uno de los esclavos de Mesala. En otra estampa aparece un delfín tallado junto a las letras h y e, en alusión de nuevo a Hermias.

Política y arte en la vida de un audaz general romano

Ben Hur fue un personaje de ficción creado por Lewis Wallace, también conocido como Lew Wallace, en su novela Ben Hur: una historia de los tiempos de Cristo(Ben-Hur: a tale of Christ, en inglés original). La obra fue publicada en 1880 y narra el enfrentamiento entre Ben Hur y Mesala y fue llevada a la gran pantalla en 1959, con Charlton Heston en el papel del aguerrido Ben Hur y Stephen Boyd en el del general Mesala.

Al contrario que Ben Hur, Mesala no era un personaje ficticio: había nacido en elaño 64 a.C. en una de las familias romanas más antiguas e influyentes de la época. Además, su nombre ya había estado unido en el pasado reciente a otros hallazgos arqueológicos de notable importancia.

En el verano de 2012 se encontraron evidencias de gran valor en una villa de su propiedad en la capital italiana, entre las que destacaba un impresionante conjunto escultórico que representaba el mito griego de Níobe, el cual Ovidio plasmó en Las metamorfosis. Algunos estudiosos apuntaron que quizá habría podido ser el propio Ovidio quien sugirió a Mesala la colocación de las estatuas, aunque la veracidad o no de esta hipótesis aún sigue siendo un enigma.

De lo que no cabe duda es de que Marco Valerio Mesala Corvino fue un personaje influyente en la sociedad romana de la época, debido a su prestigio como general y a su perspicacia y agudeza como orador. Asimismo, su defensa de la cultura y su papel como protector de diversos personajes destacados de las letras romanas, como Ovidio, Tibulo o Propercio, también fueron aspectos determinantes para comprender su figura y le valieron fama de erudito.

FUENTE:  abcdesevilla.es

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La agogé espartana, entrenamiento extremo

Fotograma de la película los «300», que recrea de forma fantasiosa la vida de los soldados de Esparta

La educación espartana era muy diferente a la que recibían los jóvenes de otras ciudades estado. Esparta militarizaba la vida privada de los jóvenes hasta los 30 años. Su legendaria infantería se alimentaba de los extremos métodos de entrenamiento que recibían desde recién nacidos los hijos de Esparta.

Hoplita espartanoHoplita espartano– Wikimedia

Los ancianos de la tribu («los gerontes») decidían si los recién nacidos debían ser criados o, si su salud era mala, se les abandonaba en la ladera de la montaña. El ser apto para el combate solo era el primer paso. El primer paso en un proceso para alcanzar la plena ciudadanía y poder acceder a las magistraturas y a los cuerpos de élite. A los niños se les sometía a prácticas penosas, un método para endurecerlos que consistía, entre otras cosas, en bañarles en vino y alimentarlos con forraje.

Se recomendaba criarlos sin pañales que constriñesen su crecimiento o debilitaran su resistencia al frío y al calor. Pronto debían perder el miedo a la oscuridad. Una vez endurecidos, en torno a los siete años, empezaba la verdadera agogé (la crianza), donde el Estado apartaba a los niños de sus familias para someterlos a entrenamiento militar. El propio gobierno de Esparta asumía la tutela y la educación pública de los futuros soldados, para lo cual destinaba a funcionarios especializados.

La educación de los jóvenes a cargo del Estado

Como describe Nick Fields en su libro «Termópilas: la resistencia de los 300», el Estado organizaba a los niños en bandas («agelai»), supervisadas por magistrados, que incentivaban el liderazgo natural a través de la selección de cabecillas. Su vida era austera, espartana. Los jóvenes dormían sobre lechos construidos con juncos, cortados de las orillas del río Eurotas, y disponían de un solo manto para todo el año. Con el tiempo se acostumbraban al dolor. De hecho, la mayor parte del tiempo permanecían desnudos y mugrientos, porque raramente se les permitía bañarse.

Jóvenes espartanos, de Edgar DegasJóvenes espartanos, de Edgar Degas– National Gallery de Londres

Se les privaba de alimentos, obligando a los niños a robarlos en los campos locales. Esto era en sí una trampa, porque si pillaban a los niños robando se les castigaba con brutales castigos físicos. Es más, cualquier ciudadano podía castigar a los niños si así mejoraba su disciplina. El método preferente era el apaleamiento, que contaba con una suerte de ritual. El lugar de apaleamiento se encontraba ubicado en un bosque, puesto que era necesario un árbol vigoroso y robusto, al cual se le enganchaba una cadena y a ésta un palo. Lo que hacía el muchacho era agarrar este palo mientras otros dos de sus compañeros lo apaleaban. Esta acción se llevaba a cabo con varas de bambú, puesto que dolía, picaba y desgarraba la piel. Por si el muchacho se caía de agotamiento o de dolor había otros dos compañeros que se encargaban de levantarlo para que pudiesen seguir apaleándolo.

El objetivo final de los castigos era que aprendieran el valor de trabajar en grupo, mejor en formación, y de respetar la autoridad ciegamente. La lucha, el atletismo y el manejo de las armas también eran materias fundamentales.

Por lo demás, la educación formal de los jóvenes espartanos era mínima, salvo en materias como la música, gimnasia y juegos relacionados con los principios del arte de la guerra. Según el historiador clásico Plutarco, aprendían entonces a leer y a escribir, al menos de forma básica, así como a cantar, principalmente letras de marchas. Frente a la famosa retórica de Atenas y otras ciudades griegas, de los hijos de Esparta se esperaba que hablaran de forma sólida y concisa (laconismo), al tiempo que con gracia.

Mientras que a los niños se les cortaba el pelo al rape, a los adolescentes que alcanzaban los 15 años, los efebos, se les autorizaba a llevarlo largo y bien cuidado. El largo cabello era uno de los rasgos más característicos de los guerreros espartanos.

El Estado asumía la tutela hasta los veinte años. A partir de esta edad, los jóvenes espartanos seguían viviendo en un régimen de cuartel y se les destinaba a distintas agrupaciones militares. El vínculo entre soldados se creaba así desde la niñez. Cada espartano dormía, comía y luchaba con sus compañeros de armas de la infancia. Este ambiente de camaradería se construía sobre una especie de amor que no tenía que ver con el sexo, pese a lo cual es posible que fueran frecuentes las relaciones homosexuales (aunque entre los griegos no existía el concepto de naturaleza homosexual).

«Únicos y verdaderos artistas de la guerra»

Vivían así bajo régimen militar hasta los 30 años, cuando se les entregaba una hacienda y un terreno para que formaran su propio hogar. Era en ese momento que adquirían todos los derechos de un ciudadano como uno de los iguales (homoioi). Lo tardío de los matrimonios y el papel limitado de la mujer en la sociedad griega alentaban, además de la homosexualidad, que los soldados acudieran a luchar sin cargas familiares a sus espaldas. Las mujeres también recibían una educación basada en la gimnasia y la lucha, una exigente actividad física con el fin de mantenerse ágiles y fuertes para poder engendrar a futuros guerreros sanos y robustos.

Todo este entrenamiento hacía de los espartanos los soldados más temidos de Grecia. Heródoto los describía como maestros del pasado en el arte de la guerra, mientras que otro autor clásico, Jenofonte, los admiraba como los «únicos y verdaderos artistas en materia de guerra». A diferencia del resto de hoplitas, los espartanos eran soldados profesionales a tiempo parcial en su ciudad estado, cuyo territorio se beneficiaba del aislamiento que le daban las montañas. En ningún otro punto de Grecia se podían permitir un nivel de profesional tan alto en la milicia.

Fuente: Cesar Cervera

La misteriosa ruta de Anibal, ¿desvelada por los excrementos de sus caballos de guerra?

Anibal llevó 37 elefantes a través de los Alpes

Fue una de las hazañas más grandes de toda historia militar y, a día de hoy, es recordada por su extrema dificultad. Corría el año 218 a.C. cuando -a pesar del insoportable frío, las constantes nevadas y lo escarpado del terreno- el general cartaginés Anibal Barca logró atravesar los Alpes junto a 30.000 soldados, 12.000 caballos y 37 elefantes de guerra. Su objetivo: llegar hasta las puertas de Roma y conquistar por sorpresa la ciudad. Sin embargo, y a pesar lo increíble que fue la gesta, hasta ahora seguía habiendo un misterio a su alrededor que desconcertaba a los expertos: ¿Qué ruta utilizó el militar para cruzar las montañas?

Esta pregunta podría haber sido respondida por un grupo de microbiólogos del Instituto para la Seguridad Alimentaria Mundial y la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Queen de Belfast. Estos dicen haber descubierto la ruta (y desvelado uno de los mayores misterios de la historia militar) en base a sus muchos conocimientos científicos y a unos pocos excrementos de caballo. Y es que, el equipo -dirigido por Bill Mahaney, de la universidad de York- afirma haber encontrado heces de los mismos animales que Anibal utilizó para cruzar los Alpes en el paso de Traversette, ubicado entre Francia y Turín.

Las pruebas

 Para llegar a esta conclusión, el equipo se sustenta en una serie de análisis microbianos, de química ambiental y de polen realizados sobre un depósito de materiales fecales -probablemente de caballos- hallados en el paso de Traversette. Estos restos han sido fechados alrededor del año 200 a.C. gracias a un estudio de isótopos de carbono y, por suerte, han sido hallados en el interior de un viejo pantano (uno de los pocos lugares que podría haber sido utilizado por el ejército de Anibal para dar de beber a sus monturas. El lugar fue descubierto durante una serie de expediciones geológicas realizadas en la zona.

En palabras de los expertos, más de un 70% de los microbios del estiércol son de un grupo conocido como clostridium, los cuales suelen aparecer en la flora intestinal habitual de animales. Su futuro análisis, además, podría llevar a la confirmación absoluta de que pertenecen a las monturas cartagineses. Con todo, y a pesar de lo interesante del hallazgo, de momento los investigadores han sido incapaces de determinar con total seguridad el origen animal o humano de las bacterias.

«El análisis genético necesita ser ampliado para estar completamente seguros. Actualmente estoy liderando un programa de microbiología para tratar de reconstruir total o parcialmente las muestras de clostridium encontradas en el fango de Traversette», ha explicado Chris Allen (Porfesor titular de Microbiología del Medio Ambiente en la Universidad Queen de Belfast y colaborador en el estudio) en un artículo publicado en la página especializada «The Conversation».

En este sentido, el experto ha señalado que también están tratando de encontrar los huevos de las tenias intestinales que pudieran residir dentro de los animales y que hayan quedado «guardados en el lugar como diminutas cápsulas de tiempo».

El paso más difícil

El paso de Traversette es sumamente estrecho y está ubicado en una hilera de picos que se encuentra entre al sur-este de Grenoble (en Francia) y sur-oeste de Turín (en Italia). Se encuentra a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar y, según Allen, es un camino sumamente irregular y abrupto. Esta ruta, curiosamente, fue propuesta hace más de un siglo por el filósofo Sir Gavin de Beer, aunque no fue aceptado por la comunidad científica. En la actualidad, así pues, se le ha dado la razón a este experto.

Con todo, a día de hoy sigue pareciendo extraño que Anibal usase este camino, pues es uno de los más difíciles de la zona. «Aníbal no estaba preocupado entonces por las acciones del ejército romano, le preocupaban más los ataques de las tribus que habitaban esa región, la mayoría galas. Eran una fuerza militar importante y, quizá, se vio obligado a tomar la ruta más difícil para evitar caer en una devastadora emboscada», añade Allen. A pesar de esta teoría, todavía se sigue barajando que pudiera dirigir a su ejército a través de pasos como el de du Clapier, ubicado más al norte y mucho menos traicionero.

Fuente: ABC Historia

La familia de Colón podría tener viejas raíces escocesas

Cristóbal Colón

Ni era portugués, ni se apellidaba Colombo, ni era catalán, ni se crió en Baleares. El debate sobre los orígenes de Cristóbal Colón es como el del huevo y la gallina, muchas son las teorías pero pocas las voces que se atreven a darlas por definitivas. Después de 27 años y 330.000 archivos revisados, el experto Alfonso Enseñat de Villalonga ha expuesto una serie de conclusiones que podría cambiar el contenido de miles de enciclopedias.

La principal novedad que aporta este investigador es una genealogía que empezaría en torno al año 770… ¡En Escocia! Después de mucho analizar, y después de ponerse en contacto con casas nobles italianas, Alfonso Enseñat de Villalonga ha situado los orígenes más remotos de Cristóbal Colón en los Douglas, un clan de la antigua Escocia. «Si desde Génova nos dan la bendición —vaticina—, van a tener que cambiar muchas enciclopedias del mundo, porque de la genealogía se deriva una historia totalmente distinta de la que se cuenta por ahí».

Según este investigador, todo lo escrito anterior a 1484 (que es cuando se tiene constancia de la llegada de Colón al reino de Castilla) «es totalmente falso».

Históricamente ha existido un vacío biográfico en torno a la figura del navegante que ha favorecido el nacimiento de toda clase de creencias sobre sus orígenes. «Mi intención no es solo explicar la genealogía, sino contar también por qué ha existido un vacío documental tan tremendo. En España todos se dedican a teorizar y yo me he preocupado por buscar sus fallos, sobre todo el del Cristóbal Colón catalán, que es lo más ridículo que hay».

Una de las razones que explicarían este desconocimiento estaría en la propia organización de la sociedad genovesa. Al igual que otros investigadores, la tesis que maneja Enseñat es que Cristóbal Colón nació y se crió en un albergo genovés. Estos albergos tenían banca propia, flota propia y la costumbre de que todos sus habitantes adoptaran el mismo apellido, razón por la cual ha sido casi imposible conocer detalles de la juventud de Colón.

Hallazgo único

Las investigaciones de Alfonso Enseñat le llevaron hasta el Barrio Nobles Colonne, un albergo creado en torno al año 1403 y en el que todos sus miembros fueron adoptando el apellido Colonne para diferenciarse de las demás familias genovesas. En ese clan estarían los orígenes de Cristóbal Colón, pues según las actas que durante años ha revisado Enseñat en el Archivi di Stato di Genova, allí vivió su padre hasta el año 1453. Además, esa documentación le ha dejado un hallazgo único: «Estas actas me han servido para corroborar que Cristóbal Colón nació en el año 1446 y no en el año 1451 como dicen todas las enciclopedias».

Tradicionalmente se ha pensado que Pietro Colón —que así se llamaba originalmente— nació en el seno de una familia humilde en la que su padre se ganaba la vida como tejedor. Nada que ver. Al parecer, los padres del navegante venían de buena familia y dieron a su hijo una educación de élite: a los siete años lo ingresaron en el convento genovés de Santa Maria di Castello para que cursara sus estudios. «Vieron en él una predisposición muy notable hacia la astrología», explica Enseñat de Villalonga. «Se dieron cuenta de que era una persona muy despierta, con ambición de conocimiento y mucha capacidad de asimilar todo lo que se le enseñaba. Pensaron por esa razón mandarle a Pavía, donde había grandes expertos en Astrología».

Cambio de nombre

Sus años en el convento se saldaron con una bagaje cultural amplísimo para la época y un cambio de nombre. Era costumbre entre los clérigos promover un cambio de nombre en aquellos jóvenes que eran «tonsurados» como un paso previo al sacerdocio. En el caso de Colón, Pietro pasó a llamarse Cristóforo, que significa «el que lleva a Cristo». Este cambio de nombre unido a la diversidad familiar de los albergos genoveses tiene mucha culpa de que apenas se conozcan detalles de la vida de Colón previa a su llegada a España.

Según su hijo Hernando, autor de una controvertida biografía sobre el descubridor de América, su padre eligió Cristóforo para emular a San Cristóbal. «San Cristóbal —escribió— tuvo aquel nombre porque pasaba a Cristo por la profundidad de las aguas con tanto peligro», lo que de alguna manera denota la vocación marinera y católica de Cristóbal Colón. «Fue tan observante de las cosas de la religión, que podría tenérsele por profeso», añadió.

A la espera de ver qué ocurre con las averiguaciones de Alfonso Enseñat de Villalonga, son varios los mitos que se ha esforzado en derribar durante los últimos años. Quizá el más llamativo de todos sea el que hace referencia a su aspecto físico, pues la mayor parte de los dibujos y estatuas con las que hemos convivido retratan a un navegante de pelo castaño y media melena. «Los historiadores coetáneos a Cristóbal Colón decían que tenía los ojos azules, el pelo rubio o rojizo, más rojizo que rubio —matiza—, y que tenía la piel pecosa. Eso coincide con una raza completamente distinta, curiosamente con la raza escocesa». Todo parece encajar.

La profética tumba del Papa maldito que pactó con el Diablo

Silvestre II y el Diablo en una ilustración de 1460

Silvestre II y el Diablo en una ilustración de 1460 – Wikimedia

La archibasílica de San Juan de Letrán en Roma fue antes que la de San Pedro el epicentro del poder pontificio y la morada eterna de algunos papas medievales. Entre estos destaca la tumba dedicada al enigmático pontífice Silvestre II, también conocido como el Papa Mago o el Papa Druida, a la que se le achaca el poder de predecir la muerte de los sucesores de San Pedro. Así, el sepulcro destila agua y registra ruidos de huesos cuando el fallecimiento de un pontífice es inminente. O al menos eso dice una leyenda surgida en medio del ruido del cambio del primer milenio.

Grabado de Silvestre IIGrabado de Silvestre II– ABC

La historia de Silvestre II está repleta de leyendas y exageraciones, que derivan básicamente de su curiosidad por la cultura druida, su pasión por la ciencia árabe y por haber vivido al frente de la Iglesia el cambio de milenio. Gerberto de Aurillac fue, además, el primer pontífice francés en ocupar el sillón de San Pedro en el año 999, en plena efervescencia de las profecías que anunciaban el fin del mundo.

Gerberto se educó en el monasterio de Aurillac, siendo de orígenes humildes, y posteriormente estudió en Reims y Cataluña, donde fue iniciado en las ciencias de los árabes. Bajo la protección del conde Borrell II, el joven se formó en Barcelona y más tarde entró en contacto con maestros árabes de Córdoba y Sevilla. Así se apasionó por la ciencia un hombre que llegó a convertirse en un experto astrónomo y matemático, algo que en la Europa cristiana de aquellos años no solo era atípico sino propio de magos.

El Papa mago, cuyos poderes eran la ciencia

A Gerberto de Aurillac se le atribuye haber introducido en Francia el sistema decimal y el cero, construir uno de los primeros globos terrestres y un reloj de péndulo, y, lo que resulta más inverosimil, inventar una cabeza parlante que respondía a todo lo que se les preguntaba e incluso predecían el futuro. La biografía del Papa Druida mezcla así continuamente datos reales con imposibles. Se contaba que de niño había vivido en una cueva junto a un temible ermitaño de quien había heredado los perdidos poderes mágicos de los druidas celtas. A los 12 años unos monjes lo vieron tallando una rama para hacerse un tubo con el que observar las estrellas, y se lo llevaron a estudiar a la abadía.

Tras pasar su infancia en la abadía y su juventud en la Península Ibérica, Gerberto estuvo una temporada como maestro del joven Emperador Otón III, al que acompañó a Italia para su coronación. Allí Gregorio V le nombró arzobispo de Rávena en 998 (a causa de disputas con el anterior Papa nunca le fue devuelto el arzobispado de Reims, que había portado por un tiempo) y cuando Gregorio V murió, el 18 de febrero de 999, Gerberto fue elegido su sucesor gracias a la influencia del Emperador y a su creciente poder en Roma. Tomó el nombre de Silvestre, como aquel Papa que había muerto en el último día del año del siglo IV.

Fachada principal de San Juan de Letrán en RomaFachada principal de San Juan de Letrán en Roma– ABC.ES

Silvestre II alcanzó la cabeza de Roma en medio de las salvajes luchas entre el Emperador y la nobleza local, encabezada por los condes de Tivoli y la familia de los Crescenzi, que habían desempolvado el viejo estandarte de las legiones romanas, SPQR (Senatus et Populus Que Romanorum), para oponerse a las aspiraciones de Otón III de convertir la ciudad en la capital de su imperio. Y ya por entonces aquel misterioso monje francés que acompañaba al Emperador a todos los sitios era conocido por los romanos como «el mago» y sus hábitos eran estimados como impropios de un clérigo. Pero aquel «mago» no estaba por la labor de disimular su amor por la cultura árabe y pasaba muchas horas observando la Luna y las estrellas desde la basílica de San Juan de Letrán, entonces sede pontificia.

La agitación política iba a terminar de golpe con esa vida a medio camino entre la religión y la ciencia. En el año 1001, el Emperador y el Papa tuvieron que abandonar precipitadamente Roma al estallar una rebelión instigada por la nobleza local. Cuando planeaban su regreso, Otón III contrajo unas fiebres tan fuertes, quizá la malaria, que el 23 de enero de 1002 dejaron a Silvestre II sin protector. Abandonado por los alemanes, negoció con los nobles romanos un regreso como simple jefe espiritual de la Iglesia. Murió poco después, el 12 de mayo del 1003.

Más allá de su leyenda negra, el pontificado de Silvestre II es reconocido por tomar medidas contra los abusos en la vida de los clérigos causados por la simonía y el concubinato, por combatir la corrupción que inundaba la Iglesia y por la evangelización de Hungría y Polonia.

Una tumba profética

El interés por la ciencia y la cultura a través de los textos clásicos le granjeó la abierta enemistad de un sector de la Iglesia, que llegó a acusarlo de pactar con el demonio. En los antiguos códices guardados en catedrales y museos pueden encontrarse grabados en los que se representa a Silvestre II en compañía de Satanás. El periodo en el que le tocó vivir era propenso a este tipo de mitos: el primer cambio de milenio.

Aunque a partir del siglo XX muchos historiadores han cuestionado que existiera realmente un temor milenarista en toda Europa, el testimonio de un monje de la Borgoña francesa llamado Rodolfo Gabler demuestra que al menos en una parte de Europa se extendió cierto pánico. Puede que no sobre el fin del mundo pero sí sobre la llegada del Apocalipsis, que anunciaba la liberación del Diablo para el comienzo de un reinado que se prolongaría durante un milenio. Muchos interpretaron la elección de Gerberto d´Aurillac como parte de dicha profecía, la llegada del Anticristo en forma de un Papa poco convencional.

El Juicio Final realizado al fresco por Miguel Ángel para decorar el ábside de la Capilla SixtinaEl Juicio Final realizado al fresco por Miguel Ángel para decorar el ábside de la Capilla Sixtina

Incluso la documentación de la biblioteca de la Universidad Gregoriana recoge la leyenda del pacto con el diablo y añade que el Papa Silvestre, protector de los monasterios de Sant Cugat del Vallès y Sant Benet del Bages, confesó su culpa antes de morir. Mientras agonizaba pidió que su cuerpo fuese mutilado y depositado en un carro tirado por bueyes. Allí donde el carro se detuviese, debía ser enterrado. No en vano, los bueyes no se pararon hasta la basílica de San Juan Laterano.

Pero sin duda la leyenda más famosa sobre Silvestre II está relacionada con su tumba, situada en una hornacina del segundo soportal inferior derecho de la basílica. Lo es porque supuestamente el sepulcro «suda» y el rumor de un crujir de huesos aflora desde el interior cuando un Papa está a punto de morir. Algunas crónicas narran incluso cómo la basílica de San Juan de Letrán se llenaba de barro por la cantidad de humedad que surge del sepulcro del Papa en esos días previos al fin de un pontífice.

Fuente: ABC.ES

Comienzan los trabajos para buscar el tesoro de Alarico, «el más grande de la historia de la humanidad»

Comienzan los trabajos para buscar el tesoro de Alarico, «el más grande de la historia de la humanidad»

Ilustración de «Saqueo de Roma por parte de Alarico»

El tesoro de Alarico, rey de los visigodos, se busca desde hace 1600 años, creándose una leyenda que ha fascinado a historiadores y astrólogos, poetas y aficionados a la arqueología, nazis y judíos. Pero es ahora cuando con medios científicos se buscará en Cosenza, en la región de Calabria, al sur de Italia, el tesoro del rey Alarico, quien tras un largo asedio entró en Roma en la noche del 23 de agosto en el 410 d.C. Después de tres días de saqueo, Alarico se hizo con el más grande tesoro de la historia de la humanidad, teniendo en cuenta que Roma, Caput mundi en la época, poseía el fruto de ocho siglos de invasiones y conquistas. Entre las inmensas riquezas había una parte del tesoro de Jerusalén, destruida en el 70 d.C por Tito Flavio Vespasiano, que lo transportó a Roma. Entre otras joyas de incalculable valor estaría la famosa Menorah, el candelabro de siete brazos símbolo de la religión hebrea, con 70 kilos de oro y plata. El saqueo de Roma fue considerado por algunos, caso de San Agustín, como un castigo de Dios a los paganos del imperio romano.

Tesoro de valor incalculable

El historiador romano Jordanes escribió, en su libro «El origen y actos de los godos», que Alarico falleció en el mismo año de su victoria en Roma y fue sepultado, junto a los tesoros saqueados, en una tumba cerca de la confluencia de los ríos Busento y Cratis, en Cosenza. Jordanes cuenta que Alarico fue enterrado con su caballo y con 25 toneladas de oro y 150 de plata, además de otras riquezas, en gran medida fruto del saqueo de Roma. Para realizar esta operación fueron escogidos prisioneros que desviaron temporalmente el curso del río, excavando una gran tumba, con las dimensiones de una basílica.

«En las profundidades del foso enterraron a Alarico con sus muchos tesoros, luego canalizaron nuevamente las aguas del río y se mataron a los prisioneros para que nadie conociera el lugar exacto de la tumba», escribió Jordanes. Se estima que el valor de este tesoro sería hoy de unos 275.000 millones de euros, el equivalente al 15-20 % del Producto Interno Italiano (PIB). Además, su importancia cultural «sería incalculable, porque representaría las raíces de la civilización occidental», afirma el investigador Francesco Sisci, coordinador del proyecto.

La obsesión de Hitler

Desde hace siglos se busca la tumba del rey de los godos. Incluso Hitler se obsesionó con ese tesoro. Mientras bombardeaba Guernica, encontró tiempo para mandar a Cosenza, en 1937, a Heinrich Himmler, jefe de la policía alemana, para iniciar la búsqueda, aunque volvió con las manos vacías. Incluso Goebbels llegó a considerar el «tesoro de los godos» como uno de los irrenunciables símbolos del Reich. El rey visigodo se convirtió en una idea tan obsesiva para los nazis que bautizaron como «operación Alarico» la invasión militar de Italia.

La leyenda de Alarico ha sobrevivido hasta nuestros días, más allá de las fronteras italianas. Uno de los últimos cazadores en llegar el pasado año a Cosenza, en plan Indiana Jones, fue el politólogo Edward Lutwak, consejero militar y amigo de los Bush, declarando para sorpresa de muchos: “Ha llegado la hora de buscar de forma seria el tesoro. Hay que pasar del mito Alarico a su auténtica historia. Si Italia garantizara un buen porcentaje a quien encuentra un tesoro, como sucede en todo el mundo, habría venido aquí hace ya treinta años. Y Calabria estaría llena de gente con drones y detectores de metal”.

«Una herencia de interés mundial»

Ahora, el alcalde y presidente de la provincia de Cosenza, el arquitecto Mario Occhiuto, de centroderecha, acaba de presentar en la Cámara de Diputados en Roma el plan de las investigaciones para buscar con la más moderna tecnología el tesoro de Alarico. «Troya fue una leyenda hasta que se descubrió en 1870. Y Pompeya fue descubierta casualmente en el siglo XVIII. Nosotros también estamos determinados a seguir en esta investigación, porque podría tratarse de más grande tesoro de la historia de la humanidad. Sería parte de una herencia de interés mundial», ha manifestado el alcalde Occhiuto.

Científicos italianos han identificado cinco lugares donde se cree que puede estar la tumba. «Además de las indagaciones históricas, habrá un análisis geofísico del terreno, con microondas y sondeos geomagnéticos. Tras la obtención de los primeros datos, en una zona de poco más de una hectárea, hay elementos que nos animan a seguir adelante», afirma el geólogo Giuseppe Rota.

La oposición socialista en el ayuntamiento de Cosenza es contraria a gastar dinero en esta investigación, porque la ciudad debería tener otras prioridades, como escuela, sanidad y familias pobres. Además, rechazan que se ligue el nombre de la ciudad a un sanguinario invasor. El alcalde se defiende así ante esas críticas: «Existen hoy tecnologías que nos permiten efectuar investigaciones con gastos irrisorios. Tenemos un óptimo plan. Otras ciudades han hecho su fortuna sobre leyendas mucho más superficiales: La Sirenita de Copenhague, el monstruo del lago Ness y el balcón de Romeo y Julieta de Verona». Parece claro que al alcalde le gustaría que para Cosenza fuera también un negocio el mito de Alarico.

Fuente: ABC

El misterioso pudridero de El Escorial para momificar a los reyes españoles muertos

El misterioso pudridero de El Escorial para momificar a los reyes españoles muertos

Pintura que muestra a Carlos II recibiendo la sagrada forma en la basílica de El Escorial

El Real Monasterio de El Escorial nació en su origen con la intención, más allá de conmemorar la victoria de San Quintín sobre los franceses, de servir de sepulcro para los reyes y familiares de la dinastía Habsburgo. En 1573, Felipe II hizo trasladar así al templo los restos de su padre, Carlos I, y de otros Habsburgo para ser reunidos en un primitivo sepulcro que, casi un siglo después, Felipe IV sustituiría por la actual y vistosa Cripta Real. No en vano, el Panteón Real y el de los Infantes, que ha servido como lugar de descanso para los restos mortales de la gran mayoría de miembros de la Familia Real española, tanto de la dinastía de los Habsburgo como de los Borbones, tiene una estancia previa siempre envuelta de misterio: el pudridero, donde los cuerpos deben esperar aproximadamente 30 años a su momificación.

La muerte estos días del primo del Rey, Don Carlos de Borbón-Dos Sicilias y Borbón-Parma, quien fue nombrado Infante en 1994 por expreso deseo del Rey Don Juan Carlos, ha devuelvo momentáneamente a la actualidad el proceso de «momificación» que debe realizarse a los Reyes y a los Infantes, que cuentan con su propio pudridero, antes de descansar definitivamente en paz en El Escorial. Como si fuera algo así como un secreto, cuando evidentemente no lo es, los guías del Palacio Monasterio de El Escorial suelen dotar de un tono misterioso a su voz al mencionar que existe una sala contigua al Panteón de los Reyes, con suelo de granito y techo abovedado, que hace las veces de pudridero y que en la actualidad permanece ocupado por los restos mortales de varios Infantes, entre ellos Don Jaime de Borbón, y por los Condes de Barcelona.

El misterioso pudridero de El Escorial para momificar a los reyes españoles muertos

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Monasterio de El Escorial, desde el Monte Abantos

El pudridero de El Escorial, con dos estancias diferencias, uno de ellos para Reyes y otro para Infantes, se encuentran en el subsuelo de la basílica, a pocos metros del lugar de los sepulcros reales. Los monjes agustinos, que sustituyen a la Orden de los Jerónimos del periodo de Felipe II desde 1885, se encargan de custodiar tres pequeñas salas sin luz cuyo paso está limitado solamente a ellos. Si bien no existe un tiempo estipulado para que culmine el proceso biológico de reducción natural del cuerpo, se calcula que son necesarios entre 25 y 40 añospara que sea eliminada «la humedad» y el mal olor del cuerpo. La función final del pudridero, en cualquier caso, es reducir el tamaño de los cuerpos para que se adapten a los minúsculos cofres de plomo que, en el caso de los Reyes, ocupan apenas un metro de largo y 40 centímetros de ancho.

¿Cómo es el pudridero por dentro?

El misterioso pudridero de El Escorial para momificar a los reyes españoles muertos

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Imagen de la primera cámara sepulcral del Panteón de Infantes.

En la actualidad, el Pudridero de los Infantes guarda los cuerpos deDon Jaime de Borbón –el segundo de los hijos del Rey Alfonso XIII–, Don Luis Alfonso de Baviera y Borbón –nieto de Alfonso XII– y Doña Isabel Alfonsa de Borbón y Borbón –también nieta de Alfonso XII–. No están ya los del Infante Alfonso de Borbón-Dos Sicilias –padre del fallecido Don Carlos– y los del Infante Alfonso de Borbón y Borbón –hermano de Don Juan Carlos–, que han sido los últimos en abandonar el Pudridero de los Infantes para ocupar su tumba permanente entre los mármoles blancos del Panteón de los Infantes, el lugar destinado a Príncipes, Infantes y Reinas que no fueron madres de Reyes, en el que todavía quedan 24 tumbas vacías.

Este traslado de los Infantes y de los Reyes del pudridero al Panteón se celebra en la intimidad y bajo un protocolo muy estricto. Asisten un miembro de la comunidad agustiniana, otro de Patrimonio Nacional, un arquitecto –que se encarga de dirigir el desmontaje del murete del Panteón Real–, dos operarios y un médico, que se limita a testimoniar que el proceso de descomposición ha finalizado.

Por su parte, el Pudridero Real se encuentra hoy ocupado por los padres de Don Juan Carlos: Don Juan de Borbón y Doña María de las Mercedes, que descansan en el Monasterio desde abril de 1993 y enero del 2000, respectivamente. El último entierro permanente en este caso fue el de la Reina Victoria Eugenia que, aunque falleció en 1969 en Lausana (Suiza), sus restos fueron repatriados en 1985.

Una vez que los cuerpos de los Condes de Barcelona sean trasladados a sus sepulcros, el Panteón de Reyes estará completo, a menos que se realice una ampliación. A excepción de Felipe V, que recibió sepultura en la Colegiata del Real Sitio de La Granja de San Ildefonsojunto a su segunda esposa, de su hijo Fernando VI, que fue enterrado según su deseo con su esposa Bárbara de Braganza en el convento de las Salesas Reales, así como los ajenos José I Bonaparte yAmadeo de Saboya, todos los Reyes de la historia de España desde 1558 permanecen enterrados en El Escorial.

¿Un error de Felipe II, o uno de Felipe IV?

La fecha en la que se habilitó el pudridero es complicada de precisar, pero desde luego no fue en el reinado de Felipe II, sino con la creación del Panteón Real, inaugurado en 1654, estando Felipe IV en el trono. De esta forma, la Octava Maravilla del Mundo construida por Felipe II, irónicamente, habría fallado con estrépito en su cometido principal como tumba de Reyes, puesto que el conocido como «los infiernos» (el sepulcro donde quedaban enterrados los cuerpos al principio) era estrecho y sombrio. O al menos eso es lo que pensó su nieto, Felipe IV. En una carta enviada por Felipe IV al prior Fray Nicolás de Madrid, disponiendo el traslado de los cuerpos al nuevo panteón, el Rey explica por qué creía que su abuelo había cometió un error así: «Siendo la intención del Rey mi señor, y mi abuelo, cuando edificó esta Real Casa, quiso que fuese allí su Sepultura, la de sus gloriosos Antecessores, y la de sus Sucessores; pero no dejó señalado competente sitio para este».

El misterioso pudridero de El Escorial para momificar a los reyes españoles muertos

ABC
Cámara sepulcral y altar del Panteón de Reyes

La Cripta Real para solucionar el aparente descuido de Felipe II fue construida por Juan Gómez de Mora, el arquitecto de la Plaza Mayor de Madrid, y consta de 26 sepulcros de mármol dispuestos en siete columnatas a ambos lados del altar, que fueron ocupados por los antepasados de Felipe IV. Sin embargo, ahora que es necesaria más que nunca una ampliación del Panteón, algunos autores han cuestionado que la decisión de Felipe IV de trasladar los cuerpos fuera la más correcta. El principal cronista de la época, el padre Sigüenza, cuenta como Felipe II sí precisó el lugar, pues quiso «hacer un cementerio de los antiguos donde estuviesen los cuerpos reales sepultados y donde se les hiciesen los oficios y misas y vigilias, como en la primitiva Iglesia se solían hacer con los mártires». El arquitecto Juan Rafael de la Cuadra Blanco, que abordó ampliamente el tema en una Tribuna Abierta de ABC del 29 de octubre de 1998, defiende que «Carlos I dejó claro en su testamento que quería estar medio cuerpo debajo del altar y medio debajo de los pies del sacerdote. Y su hijo, Felipe II, cumplió su deseo».

Si se devolviera a Felipe II, a Carlos I y a sus esposas, las Reinas Ana de Austria e Isabel, a su primitivo enterramiento se corregiría, según los defensores de esta teoría, «un error histórico, y quedarían cuatro tumbas libres para enterrar a dos generaciones más». Así, ese lugar original donde Felipe II quiso enterrar a sus padres, a sus tías, a tres de sus mujeres y a su hijo Don Carlos fue una pequeña bóveda bajo el altar y bajo las estatuas orantes del presbiterio, y ligeramente encima del Panteón de Reyes, los «Infiernos» mencionados.

Fuentes: abcdesevilla

La fuga más descabellada y sangrienta de un campo de concentración nazi

La fuga más descabellada y sangrienta de un campo de concentración nazi

MUSEUM OF ALLIED PRISONERS OF WAR MARTYRDOM
El Stalag Luft III (abreviatura de Kriegsgefangenen Lager der Luftwaffe 3)

 

Hablar de los campos de concentración ideados por los nazis es hablar de una época oscura y de un tiempo que solo implicaba muerte y dolor. Sin embargo, cuando se hace referencia a ellos también se recuerda a algunos reos que, en contra de todo pronóstico, protagonizaron varios intentos de fuga que tenían como objetivo escapar de aquellos lugares dirigidos por diablos con esvásticas. Uno de los más disparatados fue el que se llevó a cabo en el centro de Stalag Luft III (abreviatura de Kriegsgefangenen Lager der Luftwaffe 3), en el que lograron huir tres reos frente a las mismas narices de los soldados de Adolf Hitler tras excavar un túnel de 102 metros.

Aunque esta historia es ampliamente conocida gracias a la película «La gran evasión» (que utilizó los sucesos acaecidos en este campo como base para su guión), la fuga de Stalag Luft III ha vuelto a salir a la luz después de que la muerte de Paul Royle, uno de los militares que logró escapar con vida de aquel lugar y que, en los días siguientes, fue capturado de nuevo por los alemanes. Desgraciadamente, el que fuera en su día un teniente de las fuerzas aéreas aliadas dejó el pasado jueves este mundo tras sufrir varias complicaciones después de ser sometido a una operación de cadera. No obstante, ha fallecido sabiendo que, a sus 101 años, fue uno de los pocos que logró poner en jaque al Tercer Reich.

Un campo para aviadores

Para hallar el origen del Stalag Luft III es necesario viajar hasta la ciudad de Zagan (ubicada en la actualidad al suroeste de Polonia). Y es que, fue en esa región ubicada a menos de 200 kilómetros de Berlín donde la Luftwaffe (la fuerza aérea germana) instauró en mayo de 1942 un campo de concentración en el que recluir a los aviadores británicos y estadounidenses capturados Este lugar fue llamado Kriegsgefangenen Lager der Luftwaffe 3 y formaba parte de un total de seis complejos similares, varios de ellos ideados para albergar a los reos de una nacionalidad determinada.

La fuga más descabellada y sangrienta de un campo de concentración nazi

Lo cierto es que para la ciudad no fue una sorpresa que los nazis levantaran aquel campo de concentración en la zona, pues ya habían visto pasar decenas de ejércitos por la zona. Así lo atestigua el memorial dedicado a estos campos (el «Muzeum obozów jenieckich żagań»), donde se señala que, ya en el año 1813, en la zona murieron decenas de soldados de Napoleón Bonaparte. Lo mismo sucedió en la Primera Guerra Mundial, donde la zona vivó una de las épocas más negras de su historia.

Con todo, hubo que esperar hasta 1942 para que se edificara en esta ciudad uno de los campos de concentración más «seguros» de la contienda. Y es que, escarmentados como estaban los nazis de que los presos trataran de escapar de sus centros de reclusión, decidieron idear un lugar del que fuera imposible huir. Para ello tomaron varias medidas entre las que destacaron elevar los barracones varios centímetros por encima de la tierra (lo que impedía que se construyeran túneles sin que ellos se percatasen) e instalar varios micrófonos sismográficos en los alrededores para evitar que se excavase sin su consentimiento. Por descontado, los guardias vigilarían como águilas a los reos para no tener disgustos innecesarios.

El plan para huir

No obstante, con lo que los alemanes no contaban era con el ingenio de unos presos deseosos de ser libres. A su vez, tampoco tuvieron en cuenta que habían introducido en aquella cárcel a un maestro de las fugas, el soldado británico Roger Bushell, quien contaba con un extenso currículum en lo que a salir por piernas de una prisión se refiere. Este militar, así como otros tantos, formaron un «comité de huidas» (algo muy británico) y pusieron sus cabezas a barruntar un plan que les permitiese escapar de Stalag Luft III. La bombilla se les encendió en 1943, cuando «Big X» (nombre en clave de este militar) decidió que lo mejor sería excavar tres túneles (llamados «Tom», «Dick» y «Harry») a través de los que escaparían 250 de los reos.

Tras seleccionar cuidadosamente los lugares en los que serían emplazados los túneles para no que no fueran descubiertos, comenzó la «obra». «El primero de estos túneles saldría de la chimenea; el segundo, de debajo de los lavabos; y el tercero, de debajo de la base de una estufa. […] Había que aprovechar las únicas construcciones de ladrillo que llegaban hasta el suelo para usarlas como entradas para los túneles», explica el historiador, escritor y periodista Jesús Hernández en su obra «Las 100 mejores anécdotas de la Segunda Guerra Mundial». Una vez tomada la decisión, se determinó que los corredores estarían ubicados 10 metros bajo el suelo para evitar las molestas vibraciones de los vehículos alemanes, las cuales podrían hacer que se viniesen abajo.

La fuga más descabellada y sangrienta de un campo de concentración nazi

Escena de «La gran evasión»

La construcción empezó de forma sencilla, pero pronto se empezaron a acumular los problemas. El primero de ellos fue la posibilidad de que los túneles se derrumbaran. Para solucionarlo, los presos apuntalaron las paredes con maderas de sus camastros, tablones de los barracones (que no fueran muy visibles) y hasta regaderas. El segundo sobrevino cuando los reos se percataron de que las galerías carecían de ventilación. En este caso su ingenio fue todavía mayor, pues idearon una serie de sistemas de respiración basado en latas viejas y pequeños recovecos de respiración en los propios corredores.

No obstante, todavía les quedaba por superar la mayor de las dificultades. «Repentinamente surgió otro problema. ¿Qué hacer con la tierra extraída? Al principio, se fue almacenando bajo el tejado, pero llegó un momento en el que temieron que pudiera hundirse, así que había que buscar una solución definitiva. […] Los prisioneros idearon unas bolsas de tela disimuladas a lo largo del pantalón, las llenaban de tierra y, una vez fuera del barracón, las abrían dejándolas caer sobre los zapatos», añade Hernández. La tarea fue árdua, pero un perfecto trabajo de coordinación entre más de 250 personas hizo que el plan saliera a la perfección.

Una masacre que supo a victoria

En esas andaban los presos (excavando a toda la velocidad que podían) mientras los nazis, que tontos no eran, buscaban y buscaban el túnel que sospechaban que había en el campo, pero que no lograban hallar. Al final, la suerte quiso que se toparan con uno de los corredores («Tom») casi por casualidad. Por suerte, no se imaginaban que había otros dos. Los prisioneros, por su parte, decidieron apostar todo a una carta y empezaron a trabajar únicamente en «Harry», dejando a «Dick» como un almacén de tierra. Después de meses de trabajo, el «comité de fugas» dio por finalizado el túnel en marzo de 1944. El resultado era increíble: un corredor de 102 metros de largo que incluía carretas elaboradas con material robado del campo, luz eléctrica y varios respiraderos. Digno, sin duda, del Chapo Guzmán.

La fuga se llevó a cabo el 24 de marzo a las diez y media de la noche. Aquel día, los primeros afortunados se introdujeron en el túnel con esperanzas de hallar su libertad al otro lado. Tan solo debían excavar hacia arriba en el extremo de la galería para encontrar la salida del campo y huir hacia un bosque cercano. Todo parecía ir sobre ruedas cuando, al abrir la tierra, los prisioneros vieron que se habían quedado cortos al elaborar el corredor, pues todavía faltaban unos metros para llegar al abrigo de los árboles. Desde allí eran presa fácil, pero ya no podían volver atrás.

Así pues, durante horas los reos se arrastraron por el corredor rezando para que los guardias no se percataran de la ingente cantidad de gente que se estaba marchando frente a sus narices. Así hasta las cinco de la mañana, momento en que sonaron las alarmas y los germanos pusieron el campo de concentración patas arriba hasta hallar el corredor. El pánico cundió entonces entre los reclusos, que reaccionaron de difeerntes formas. Los que ya estaban fuera corrieron al bosque. Otros trataron de introducirse sin éxito en el corredor y, finalmente, algunos regresaron al centro por miedo a las represalias.

«De los prisioneros que habían logrado llegar al bosque, 11 se entregaron de inmediato. Los responsables del campo se quedaron estupefactos cuando vieron que faltaban 76 internos», completa el experto español. A la mañana siguiente, cuando los oficiales germanos se enteraron de lo sucedido, se montaron partidas de búsqueda. Así lograron capturar a 73, de los cuales fusilaron a 50. Tan solo lograron escapar tres: Per Bergland, Jens Müller (ambos noruegos) y Bram van der Stok (holandés). Sin embargo, la Historia les recuerda hoy por su hazaña.

Royle, el triste protagonista de este agosto de 2015, logró escapar con aquel grupo de 76 personas, pero fue capturado posteriormente y trasladado de nuevo a Stalag Luft III. La suerte quiso, sin embargo, que no fuese fusilado, por lo que pudo conocer al escritor Paul Brickhill, autor del libro que sirvió como guión para «La Gran Evasión». En los siguientes cinco años, el piloto fue considerado prisionero de guerra, condición que mantuvo hasta que fue liberado y pudo regresar a Australia. Era el penúltimo superviviente de este sangriento intento de fuga.

Fuente: ABC

Joachim Patinir 1520…¿la primera marina de la historia?

Joachim Patinir 1520…¿la primera marina de la historia?

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Tornaban nuevos tiempos y… ¡había que pintarlos¡. El descubrimiento de América y la consolidación de los estados nacionales en Europa (Portugal, España, Holanda, Francia e Inglaterra) conllevó un anhelo de exploración que se cristalizaba en la construcción de naves singulares y la formación de tripulaciones para explorar los nuevos mundos. Se abre sin  lugar a dudas a una nueva etapa histórica, en la que el barco y la mar son sus principales protagonistas. Y luego esta la imaginación y la creatividad del humano, con el deseo de plasmar aquella etapa histórica que veían aquellos ojos privilegiados que observaban partir a aquellas portentosas naves hacia lugares desconocidos. Es el caso de la pintura que nos acoge. además era una capitana. Nada más y nada menos que una carraca de la infanta de Portugal. El pincel de aquella mano pintó con detalle a los elevados castillo de proa y popa de aquella carraca, dando finalmente a un barco de seis cubiertas. Era el modo de retratar a aquellas naves que circundaban en nombre del rey las costas del mundo. Curiosamente, y es precioso el detalle para el lector, casi las mismas cubiertas que el National Geographic de este pasado mes de marzo nos mostraban las minuciosas fotografías del equipo de Ronnby de las excavaciones arqueológicas subacuaticas sobre el pecio del Mars, en las aguas frías del mar Báltico. A ambas naves les separaban tan sólo unas decenas de años, en unos tiempos en los que la mar dictaba la hegemonía de las naciones.

Calais 1544

Grabado anónimo. Detalle de la salida de Enrique VII para la toma de Calais. Carracas fondeadas en la rada. Julio de 1544

Mars

Restos arqueológicos subacuáticas del Mars en aguas del Báltico. Impresiona el estado de conservación de las maderas del casco.

Bajo una de las fotografías de las maderas de la nave, en el pie de foto de la apasionante revista de divulgación científica; “El Mars contaba con cinco pisos y dos cubiertas reservadas a la artillería, algo realmente excepcional en los barcos de la época”. Las separán unos años de historias, pero el valor gráfico de aquella pintura, son de tanta utilidad para reconstruir el pasado en la actualidad…Excepcional también tuvo que ser también el porte de la Santa Catarina, especialmente para esa época. 140 cañones han estado al alcance de muy pocas naves. La Charente de Luis XII de Francia llevaba 1.200 hombres de guerra y 300 piezas de artillería. En la jornada de Túnez apoyó a Carlos V, entre otras, la carraca portuguesa S. Juan Botafogo, la mayor de ese tiempo, con 200 cañones…

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Modelos de Carabelas y Carracas portuguesas

Precisamente el detalle de la supuesta obra de Patinir nos permite observar detenidamente la estructura naval de aquellas carracas, también preguntarnos como en el castillo de popa se podían disponer cañones a semejantes alturas. Tenía que afectarle sin lugar a dudas en sus capacidades de maniobra. ¿Cuantas de estas naves sucumbirían a los cambios de la mar?. ¿Hablamos del Mary Rose?. La nave real Inglesa, construida diez años antes en los astilleros reales de Chaptham. 91 cañones, 30 de ellos pesados. 15 de bronces el resto de hierro, tal y como nos legan los datos de sus excavaciones. En normal condiciones 200 marineros, 185 soldados y 30 artilleros, muy alejados de la India Portuguesa y de su Chalt, donde vió la vida, con aquellas maderas exóticas… La “Santa Catarina”, surcaba los mares como una de las naves más poderosas de la corona portuguesa. Dibujos, óleos de época y planos procedentes de excavaciones arqueológicas. Que buena combinación para el estudio y la investigación en la actualidad. Observar como esas fotografías submarinas al compararlas con algunos de los lienzos contemporáneos a la época se asemejan tantísimo.

Modelo de la Carraca Portuguesa Madre Deus. Museo de la Marinha. Lisboa

Modelo de la Carraca Portuguesa Madre Deus. Museo de la Marinha. Lisboa

Joao de Castro. Modelos de Galeones, carracas y galeotas de la época.Joao de Castro. Modelos de Galeones, carracas y galeotas de la época.

Su estudio, su existencia, permiten construir en la mente del historiador náutico la efigie de aquellas hipotéticas naves. Aquellos lienzos reflejan muchos de los detalles de las arquitecturas navales de los pecios naufragados. En el caso de la “Santa Catarina”, los cañones están distribuidos en 3 hileras a popa del palo mayor y en 2 hileras en el castillo de proa. ¿Conoció el autor del cuadro en vivo y en directo a la nave portuguesa?.¿Transportaba en verdad las 140 piezas de artillería de las que hacia gala?. ¿Tendría que ver su capacidad maniobrara en el temprano hundimiento de la nave portuguesa en los mares del Sur?. Y sobre todo. ¿Porqué aquel cuadro tan colorista y exótico que teníamos por delante es considerado tradicionalmente como la primera marina de la historia?.

The bURNING OF THE rEGENT tHOMAS wOLSEY fARNHAM, 26 aUGUST 1512

The burning of the regent Thomas Wolsey farnhan, 26 de Agosto de 1512.

La Santa Catarina. ¿La primera Marina de la historia?

La primera marina de la historia se le ha atribuído tradicionalmente al pintor flamenco Joachim Patinir y tiene precisamente como principal protagonista a nuestra nave portuguesa. Estamos hablando de inicios del siglo XVI. Un viejo conocido para mi este magnífico y misterioso pintor belga. Y digo lo de viejo porque en el año 1997 tuve la inmensa suerte de conocer en profundidad su pincelada muy de cerca gracias maestro Antonio Hernández. Una de un precioso color azul cobalto y de un profundo simbolismo que acompañó a este pintor flamenco, al que ahora se le supone, la autoría de la primera marina de la historia. La denominada como “Carracas portuguesas en las rocas”. En este camino de la arqueología subacuática y la historia náutica todo suma. Aquellos tres meses de enseñanzas sobre “La laguna Estigia”. servirían para algo. Sobre todo su significado, trazo, pintura, análisis incluso de lupa.  Su ciudad y puerto fortificado nos esperaba. Sin lugar a dudas el viejo Patinir reiría sonoramente al comprobar el interés que su obra despertaría  tanto tiempo después.  Durero, que recibió como regalo un sencillo paisaje de Patinir (recientemente expuesto por cierto en la maravillosa muestra que realizo el museo del Prado en Madrid en el 2007), le cita en su Libro de viaje como «der gute Landschaftmaler». ”El buen pintor de paisajes”. Con esto Durero, acuñaría de esa manera un neológismo que traducido más tarde al francés, alumbraría, tal y como nos definen magistralmente los historiadores del arte, al término paisajista. Por ser inventor de paisajes, se le concede la paternidad de ser pioneros en esto de pintar marinas.

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Una pintura para un nuevo horizonte 
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Detalle de galeón. Típica pintura del XVI que nos narra una época. Las rutas comerciales holandesas con las Indias Orientales. El estudio detallado de los óleos nos facilita la información sobre la estructura de las naves de la época. Hendrick. Cornelisz

Como en todo tenía que existir un origen. Un principio, y en esas delgadas líneas rojas de las primeras marinas, le atribuyen su autoría al “pintor de paisajes”. Nos encontramos en una época, en la que los científicos a menudo posaban en los óleos, las fotografías de la época, con instrumentos y objetos de su estudio. Mapas ignotos. Globos celestes y astrolabios de bronce. Los médicos a veces posaban juntos alrededor de un cadáver, en lo que se llamaba «Lección de anatomía», siendo  famosa la de Rembrandt. Los consejos de administración preferían una imagen de austeridad y humildad, posando con ropa oscura, a menudo sentados en torno a una mesa y con expresiones solemnes que nos esbozan la cotidianeidad del surgir de las ciudades burguesas. Las familias a menudo se hacían retratar dentro de sus lujosas casas, con ricos tejidos color verde botella o vino burdeos. La colocación en torno a una mesa daría lugar en años posteriores a una composición famosa como  es el de la famosa obra de Rembrandt La compañía de milicia del capitán Frans Banning Cocq más conocida como La ronda de la noche. ¿Qué pasaba con la Mar?. Pues en Holanda tendría su gran eclosión artística, y aquí si que podemos hablar del inicio de una escuela de marinistas. La mar comenzaba a ser retratada en sus mil y un detalles. Detalles que tenían demanda por la sociedad neerlandesa, sus mares les traían  comercio, personas y culturas.
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Ni el Bosco, ni Robert Campin, ni Hans Memling, ni Dirk Bouts, entre otros predecesores de Patinir, parece que llegaron a especializarse en la pintura de paisaje, a pesar de ejercer una evidente influencia sobre él. Tampoco la pintura de Vittore Carpaccio, con su “Llegada de Peregrinos a Colonia, de 1490″ podemos considerarlo como una marina, aunque aquellas portentosas naves aparecen fielmente retratadas. La batalla de Zonchio, en 1490, nos retrata perfectamente aquel agosto de 1499 en la que Kemal Reis derrotó a la flota veneciana bajo el mando de Antonio Grimani. Fue la primera batalla naval en la historia con cañones utilizados en los barcos. Y ya fue reflejada en el óleo.
Llegada del embajador inglés
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Patinir podría ser un punto de inflexión y de cambio en el tiempo. La producción del paisaje había dejado ya de ser un fondo para las figuras convirtiéndose en el escenario donde tienen lugar las acciones, ya fuese la partida de una infanta en su carraca o una ceñida en plena escaramuza naval. En el mundo de la pintura, nos encontramos con una revolución en la forma de pintar la vida que se desarrollaba en la historia. De ahí que surja un nuevo escenario. El de los paisajes. El de las marinas, en una serie de pinturas, dibujos, grabados y esculturas, cuya inspiración principal es el azul. Además de las representaciones a mar abierto, de batallas navales o de cualquier tipo de embarcación, en la que se incluyen estampas de lagos, ríos y estuarios, naufragios, etc. Con escasa representación en el Renacimiento, los paisajes marinos puros no llegarían hasta más tarde. Así, destacaron en la pintura holandesa del siglo XVII, como reflejo de la importancia del comercio exterior y el poder naval de aquella república, importancia que por el mismo concepto heredaría luego la pintura británica. Y pintura esta la holandesa del siglo XVII, que por su profundidad, significado y detalle requerirían sin lugar a dudas de otro post de espejo.

Pintores de marinas que dibujan cofas y velas

 

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En 1520 la Santa Catarina do Monte Sinai comenzó su carrera en la India. Ese año, fue elegida como nao capitana de la armada que conduciría a Italia a la Infanta Beatriz, hija de Manuel I de Portugal. Beatriz acudía a su enlace matrimonial con Carlos III, Duque de Saboya. Es precisamente este episodio, el del transporte de la infanta, la que sería la primera fotografía de las marinas Europeas en el mundo. Unos años más tarde, en 1524, la misma nave fue escogida como insignia de la escuadra que conduciría a la India a Vasco da Gama, como virrey. Por cierto, la historia de esta nave es apasionante. Naufragaría tras diversas operaciones navales donde utilizaría la profunda potencia de fuego. Un problema recurrente en aquellas naves del siglo XV. Una estructura naval que sufre muchísimo los vaivenes de una artillería pesada para las cubiertas de la época, a pesar de ser posiblemente una de las mejores naves de la corona.

 

Se desconoce la fecha en que nació Joachim Patinir, aunque probablemente fue entre 1480 y 1485 en lo que hoy es el sudeste de Bélgica. Con mayor certeza puede confirmarse que a partir de 1515 trabajó como pintor en Amberes, y que murió en esa ciudad en 1524. El éxito de Patinir no se puede entender sin la estela que dejaron estos artistas y su escuela, que al otorgar una relevancia inusitada al entorno de la naturaleza propiciaron el desarrollo de una exploración estética. La escuela de paisajes y marinas como género independiente. Entre las razones de su espectacular auge no se puede tampoco obviar el contexto del mismo, la ciudad de Amberes y Holanda, convertida en el primer mercado de arte y en la que, a diferencia de otras grandes ciudades europeas, la oferta era enorme y estaba controlada por los propios artistas. Hay cosas que no cambian en esto del arte. Es en ese contexto de crecimiento económico y mercado floreciente es donde Patinir consiguió destacar con sus innovadoras creaciones, en las que combinaba la observación detallista del paisaje natural con la interpretación imaginativa y fantástica de otros pintores flamencos famosos por su extravagancia como El Bosco y P. Brueghel. La escuela de Leiden de fijnschilder («pintores finos») destacó por sus pinturas finamente acabadas, significarían el culmen de lo flamenco.

patini

 

 

Los cuadros de Patinir se caracterizan por el uso progresivo de los colores, que sirven para acentuar la sensación de distancia en los grandes espacios que pinta. Así, en la parte inferior de los cuadros, donde se encuentra el primer plano, predominan el marrón y el pardo. Según se va alejando el paisaje se va imponiendo el color verde y, en las zonas más lejanas, es el color azul el que predomina. La línea del horizonte suele estar situada en la zona más alta del cuadro (“horizonte alto”), lo que permite la representación de un espacio muy amplio. El catálogo de la Exposición antológica de 2007 en Madrid, le atribuyó un total de 29 obras (suyas y del taller), entre ellas las cinco firmadas.  Respecto al resto de la pintura de historia barroca, la holandesa era más realista y contaba las cosas de manera más directa.

El detalle y la realidad. La Carraca pintada sobre el óleo

 

Por encima de esta línea suele pintar parte del cielo con un blanco brillante que hace intuir que el espacio prosigue detrás y que sugiere la curvatura de la Tierra. Así nos aparece retratado como un casco dibuja un castillo de proa que a diferencia de la coca, no tiene una estructura superpuesta al casco, sino que formaba parte de él integrándose perfectamente, sin sobresalír por los costados. Mayor altura que los castillos anteriores y, en muchas ocasiones, colocados sobre varios puentes superpuestos. La misma estructura era aplicada al alcazar de popa compuesto de dos o más puentes llamados alcazarillos, englobados en la estructura de la nave, donde se instalaron inicialmente los cañones. Las carracas tenían un casco ligeramente más redondeado que las cocas e incorporaron por primera vez los tres palos. El trinquete y el mayor con velas cuadradas  (inicialmente una cada palo) y el mesana una vela triangular. En las carracas más evolucionadas se añadió un cuarto palo a popa llamado contramesana con velas latinas. A medida que transcurrieron los años el velamen se complicó añadiendo nuevas velas cuadradas a los dos primeros palos. Esta estructura vélica dificultaba la navegación con viento de bolina pero facilitaba la de viento de través y de popa.  Fueron evolucionando, y a finales del XVI llevaban 3 palos, habiendo algunas de 4. Los palos tenían masteleros y llevaban cofas para situar a los arqueros.

 

Detail from the departure of King Henry VIII from Calais in July 1544

 

Calais 1544

Aunque, con diferentes grados de certeza, se le han atribuido muchas obras, sólo hay cinco cuadros firmados por Patinir. Y esto es una cuestión importante. En cuadros tan tempranos, y de tanta importancia histórica, en ocasiones es muy difícil establecer autorías. De ahí las atribuciones. Meses y meses de investigaciones en archivos e incluso la dación de rayos X sobre el marco del lienzo de otro cuadro, el de la “batalla de Lepanto”, del Museo Naval de Madrid, no dió finalmente autoría, a pesar incluso del estudio sobre el estilo de la pincelada. Los especialistas, historiadores del arte y conservadores bien conocen lo apasionante y complejo de la disciplina, de la búsqueda de autorías en algunas de las marinas de la época moderna. El mar ha sido un motivo recurrente en el arte y, sobre todo, en la pintura. Con el tiempo, pintores como Canaletto, Willem van de Velde el viejo, Claude Joseph Vernet, Turner, Iván Aivazovski, Hokusai, Manet, Monet, Sorolla, Homer, Childe Hassam, Joaquín Mir…entre muchos otros, han dedicado a la mar parte esencial de su obra. Parece que a Patinir le otorgan el bautismo de las marinas, un paisaje que dará lugar a un nuevo estilo. Unas marinas en la historia, que con el paso del tiempo nos hará disfrutar enormemente de las escenas detalladas de estas naves que surcan la mar…
Fuente: Espeio de Navegantes: Blog de arqueologia naval

Los conquistadores vascos dejaron una herencia genética en los mayas que perdura hasta hoy

Los conquistadores vascos dejaron una herencia genética en los mayas que perdura hasta hoy

Los conquistadores llegan a las Américas

¿Han influido las migraciones realizada durante siglos en la herencia genética de los habitantes de América? Esta es la pregunta que ha intentado resolver la Universidad de Oxford en uno de sus últimos estudios. Como era de esperar, sus resultados no sólo han arrojado una respuesta positiva, sino que han desvelado algunas conclusiones muy llamativas. Entre las mismas, la que más destaca por estos lares es la que afirma que los conquistadores españoles (y, entre ellos, los vascos) dejaron una huella genética que perdura en la actualidad en los habitantes de muchas regiones de América del Sur.

Concretamente, la zona en la que se distingue de forma más clara la huella genética de los vascos se corresponde con la región en la que habitaban los mayas antes de la llegada de los «demonios barbudos» en México. «Encontramos una contribución genética clara de los vascos de hoy en los mayas de hoy en día en México. Esto sugiere que el euskera también participó en la colonización de las Américas, llegando con los conquistadores españoles o en oleadas posteriores de la migración», explica el profesor de la Universidad de Oxford Cristian Capelli, del Departamento de Zoología.

El estudio

La investigación (que ha contrastado además el origen genético de los habitantes de multitud de regiones de todo el mundo) ha sido realizada además por un equipo de investigadores de la «University College London» (ubicada en Gran Bretaña) y la «Universitá del Sacro Cuore» (en Roma, Italia). Para hallar sus conclusiones, estos expertos han comparado más de 4.000 muestras de ADN recogidas de 64 poblaciones diferentes que, según han señalado los responsables, abarcan múltiples localizaciones en Europa, África y las Américas.

Además de desvelar la impronta que dejaron los conquistadores vascos que partieron hacia América del Sur, el estudio también ha comparado la relación genética que existe entre los actuales norteamericanos y sudamericanos, y las poblaciones africanas y europeas. Todo ello, a sabiendas de que las tendencias migratorias han fluido en los últimos siglos de África y Europa, hacia las regiones ubicadas al otro lado del Atlántico. Así pues, y en conclusión, la investigación ha analizado las muestras genéticas de unos continentes y otros para saber si existe algún resto en el ADN de los emigrantes que llegaron hasta las dos Américas.

Así pues, el equipo de investigación analizó muestras de ADN recogidas de personas en Barbados, Colombia, República Dominicana, Ecuador, México, Puerto Rico y afroamericanos en Estados Unidos y, a continuación, empleó una técnica llamada análisis basado en el haplotipo para comparar el patrón de genes en estas «poblaciones beneficiarias» con las poblaciones donantes en las zonas de América a donde fueron los migrantes.

«En primer lugar, agrupamos subconjuntos de personas en África y Europa que eran genéticamente similares y utilizamos esta resolución para encontrar qué combinaciones de estos grupos resultaron en la tipo de mezclas que ahora vemos en las personas a través de las Américas», relata el autor del estudio, Francesco Montinaro, del Departamento de Zoología de la Universidad de Oxford.

Los resultados

La investigación ha arrojado multitud de conclusiones. En primer lugar, los expertos han averiguado que existe una amplia amalgama de herencias genéticas entre los americanos. Para hallar una de las más claras es necesario viajar hasta las islas caribeñas de Puerto Rico y la República Dominicana. Y es que, sus habitantes son genéticamente similares entre sí y distintos de las otras poblaciones, lo que probablemente refleja un patrón de migración diferente entre el Caribe y América continental.

Por otro lado, se ha logrado averiguar que los antepasados de los actuales Yoruba de África Occidental (uno de los mayores grupos étnicos de la zona) contribuyeron de forma muy destacada a nivel genético en todas las poblaciones americanas actuales. Presuntamente, este hecho se podría explicar debido a la ingente cantidad de esclavos que fueron transportados de un continente a otro por los europeos.

Con todo, la proporción de ascendencia africana varía en todo el continente, desde prácticamente cero (en el pueblo maya de México) al 87 por ciento en los actuales habitantes de Barbados.

Más lógica parece la gran contribución (la más grande de Europa) que los habitantes del sur de Italia y Sicilia hicieron a nivel genético en Colombia y Puerto Rico. La causa se debió a la emigración masiva que hubo desde estas zonas a las Américas a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

En este sentido, uno de los grupos afroamericanos de Estados Unidos tenía ascendencia francesa, algo que cuadra perfectamente con la histórica inmigración gala en el sur de Estados Unidos.

La migración y los esclavos, claves a nivel genético

Entre las conclusiones principales a las que han llegado los expertos, la más clara es que la esclavitud influyó de forma determinante a nivel genético. «Podemos ver el enorme impacto genético que la trata de esclavos tuvo sobre las poblaciones americanas. La mayoría de los afroamericanos tienen ascendencia similar a los Yorubas en África occidental, lo que confirma que la mayoría de los esclavos africanos vinieron de esta región», explica otro de los investigadores, Garrett Hellenthal, del Instituto de Genética de UCL.

Otra de las causas es la emigración provocada por la conquista española de América (tanto de hispanos, como de esclavos africanos). «En las zonas de las Américas históricamente bajo el dominio español, las poblaciones también tienen ascendencia en relación con lo que es ahora Senegal y Gambia. Los registros muestran que alrededor de un tercio de los esclavos enviados a la América española en el siglo XVII vino de esta región y podemos ver muy claramente esta evidencia genética en los americanos actuales», añade Hellenthal.

«Las diferencias de ascendencia europea entre la población de las islas del Caribe y del continente estadounidense que encontramos también se desconocían previamente. Es probable que estas diferencias reflejen distintos patrones de migración entre el Caribe y América continental. Estos resultados muestran cómo de poderoso puede ser un enfoque genético cuando se trata de descubrir patrones ocultos de ascendencia. Esperamos usar el mismo método para buscar otras», finalize el experto.

Fuente: ABC Agencia

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