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Aniversario del nacimiento de Trajano: Felicior Augusto Melior Traiano

Marco Ulpio Trajano nació en el año 53 d.C. en Itálica, a pocos kilómetros de Hispalis, la actual Sevilla, hijo de una familia plebeya y de tradición militar. Su padre fue uno de los generales y senadores de Vespasiano tras la muerte de Nerón, y el mismo llegó a ser uno de los mejores generales del Imperio Romano en el periodo de Domiciano.

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Trajano fue el primer Emperador que no había nacido en la Península Italiana, fue recibido sin incidentes tras los tiempos de terror de Domiciano y el breve principado de Nerva. Cuando accedió al puesto de Emperador, redujo a la mitad el tradicional donativo a los pretorianos, liberó a muchas personas encarceladas por Domiciano y les devolvió en buena parte lo que éste les había confiscado.

Creó el Consilium Principis, del que formaban parte los mejores juristas de su tiempo, para desenmascarar y castigar a quienes cometieran el delito de malversación, sin olvidarse de los Senadores. Al poco tiempo de acceder al trono  publicó listas con sus propios bienes y los de sus familiares, creía que el progreso venía de una buena y honesta administración.

Nunca se dejó corromper por el poder, ni usaba sus títulos para eludir la ley, ya que entendía que ésta se encontraba por encima de su cargo. Marchaba al frente de sus tropas, creía que los gobernantes debían vivir de forma modesta, y luchó para que los latifundistas no asfixiaran a los campesinos con tributos, estableciendo un sistema de colonato con una deuda aplazada que pagaban con una parte de sus cosechas, obligó a los Senadores a invertir en Italia para proteger a los agricultores de los recaudadores.

Edificó colegios y orfanatos, dio de comer al pueblo, e instituyó algunos sistemas de protección social como el cuidado y educación de los huérfanos de sus soldados, legando a sus sucesor, Adriano, un Imperio con una población hábil y capaz, y muy activo económicamente.

Hizo colocar en la puerta de su residencia la inscripción Palazzo Pubblico, con la intención de que cualquiera se sintiera libre de entrar, ya que él mismo recibía personalmente y sin previo aviso, a todo el que necesitara justicia. Se dice que ante las protestas de su secretario porque confiaba demasiado en la gente, Trajano le contestó “trato a todos como yo quisiera que el Emperador me tratase a mí si fuera un ciudadano particular”.

Desde su muerte, y hasta el fin del Imperio Romano y después durante buena parte del Bizantino, cada vez que se nombraba un nuevo Emperador, el Senado pronunciaba las palabras: “Felicior Augusto Melior Traiano”, que sea más afortunado que Augusto y mejor que Trajano.

Su reputación no ha sufrido con el paso del tiempo, incluso para el Cristianismo que sucedió al Imperio Romano, fue uno de los paganos virtuosos, no ha sido cuestionado por la Historia, como ha sucedido con otros líderes. No podemos juzgar los hechos del pasado con la ética del presente, pero Trajano fue reconocido por sus contemporáneos, no se trata de una trasposición de nuestros valores a la vida de personas que vivieron hace siglos.

Me sorprende que en España no se dé más relevancia a su figura, ya que si no era español, porque no existía este concepto, sí que nació en la Hispania Romana. No entiendo por qué no se hacen películas o series de televisión sobre su vida, aunque ya se han escrito algunas novelas; me gustaría que se celebrara más su figura, como se hace con otros personajes, ni siquiera fue ensalzado en los años del franquismo como ocurriera con Felipe II o con el Cid (que después de todo era un mercenario). Quizás recuerda demasiado lo que debe ser un gobernante y es mejor no compararse con él.

Fuente: Carlos de la Higuera en “Y sin embargo se mueve”.

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Los análisis térmicos de pirámides NO indican existencia de cámaras ocultas

Los análisis térmicos de pirámides NO indican existencia de cámaras ocultas

La difusividad térmica es tanto mayor, cuanto mayor es la conductividad térmica del material y tanto menor, cuanto mayores son la densidad o el calor específico del material. Dado que las rocas externas de la Gran Pirámide son todas calizas similares, posiblemente la conductividad térmica y el calor específico de los diferentes bloques serán casi iguales, con lo que la difusividad de cada roca va a depender esencialmente, y será inversamente proporcional, a la densidad. Es decir, los bloques más densos de la pirámide tienen menor difusividad y por tanto en ellos el calor se propaga de manera más lenta que en los menos densos. Dicho de manera más simple: A mayor densidad el enfriamiento es más lento y ese cuerpo conserva durante más tiempo el calor acumulado.

 

Por tanto, cuando una cámara de infrarrojos detecta diferencias de temperaturas de hasta 6ºC en algunas rocas de las pirámides, solamente nos está indicando que esas son las más densas, pero los ensayos de microgravimetría de la Universidad japonesa de Waseda ya demostraron, en la década de los ochenta, que en la Gran Pirámide hay multitud de bloques de diferente densidad y estas mediciones térmicas solamente confirman el mismo hecho y en ningún caso indican la presencia de pasadizos internos o cámaras secretas, como parece que se quiere hacer creer a la opinión pública según las recientes noticias aparecidas en la prensa.

 

Además estos ensayos térmicos, rápidos y baratos, solamente permiten analizar la distribución de densidades superficiales y no de la estructura interna de las pirámides, como así lo harían los de microgravimetría. Los últimos nos permitirían incluso saber cómo se construyeron cada una de las pirámides de Egipto y es lamentable que esa no haya sido la técnica elegida para llevar a cabo los análisis actuales.

 

Pero lo más curioso de estos estudios es que, en el hipotético caso de que todas las rocas analizadas tuvieran densidades muy similares y como la difusividad térmica del aire es muy superior a la de cualquier caliza, las que delatarían la posible presencia de cámaras o pasadizos ocultos serían las más frías y no las más calientes, que sorprendentemente son las que nos están mostrando en fotografías como la de arriba ¿Por qué? Porque esas rocas perderían su calor más rápidamente que las otras, al tener más superficie en contacto con el aire: El del exterior y el de la supuesta cámara interna.

 

Autor: Juan de la Torre Suárez

La batalla olvidada de Cutanda, donde Alfonso «El Batallador» frenó a los musulmanes más extremistas

Antes de la llegada de los fanáticos Almohades a la Península ibérica –cuyo expansión fue frenada en la celebrísima batalla de Navas de Tolosa (1212)–, los territorios cristianos habían padecido otra oleada de extremistas del Islam un siglo antes, los almorávides. El Imperio almorávide estaba vertebrado por unos monjes-soldado procedentes de grupos nómadas del Sáhara, que abrazaron una interpretación rigorista del Islam y consiguieron trasladar su guerra santa al otro lado del Mediterráneo en el siglo XI. Viéndose cada vez más acorralados por los reinos cristianos, que en 1085 tomaron Toledo, los musulmanes andalusíes decidieron pedir auxilio a los curtidos guerreros almorávides, bajo el mando de su jefe Yusuf ibn Tasufin. Aquella decisión fue la perdición de los andalusíes moderados, y supuso para los cristianos un nuevo derrumbe de sus fronteras.

Alfonso VI de León fue derrotado en la batalla de Sagrajas, cerca de Badajoz, el 23 de octubre de 1086, a manos de ese grupo de fanáticos que vestían con piel de oveja y se alimentaba con dátiles y leche de cabra como los legendarios fundadores del Islam. Después de esta batalla, los almorávides se alzaron como dueños y señores del sur de la Península, obligando de nuevo a los cristianos a asumir una posición defensiva. En 1094, la conquista de Valencia por el Cid Campeador dio un respiro a los territorios próximos a lo que hoy es Aragón, pero la muerte de éste provocó que en 1102 numerosas plazas pasaran de golpe al dominio islámico. La amenaza se cernía de nuevo sobre toda la franja mediterránea.

El reino taifa de Zaragoza se subordinó a los líderes almorávides cuando vio comprometidas sus tierras por el rey aragonés Alfonso «El Batallador», en un pacto con el diablo parecido al que ya hiciera el sevillano al-Mutamid tras la caída de Toledo. En 1110, los almorávides entraron en Zaragoza en medio de los vítores de buena parte de la población para tomar control de la ciudad. No en vano, en una demostración de que la expansión de los recién llegados perjudican tanto a los cristianos como a los musulmanes moderados, Abd Al-Malik Imad Al-Dawla («Pilar de la dinastía»), el último rey de la Taifa de Zaragoza, se replegó al castillo de Rueda de Jalón, donde se declaró vasallo del monarca Alfonso I de Aragón. Solo el rey guerrero parecía capaz de interponerse entre los musulmanes más extremistas y los territorios cristianos.

 Alfonso «el Batallador» impone su genio

La leyenda del aragonés afirma que venció a los musulmanes en más de 100 batallas, siendo la principal baza cristiana contra los almorávides. Tras arrebatarles Zaragoza en una suerte de cruzada, Alfonso I tomó Tudela, Tarazona y otras poblaciones de los valles del Ebro, Huesca y Jalón. Frente al avance cristiano, el emir Ali b Yusuf encargó a su hermano, Ibn Tayast, poner en marcha en el invierno de 1119 un ejército que sacara rédito de las disenciones entre Alfonso y su esposa doña Urraca, reina de León y de Castilla. «El Batallador», lejos de rehuir el combate, levantó el asedio que mantenía sobre Calatayud al saber que Ibn Tayast iba en su búsqueda.

Pintura de un grupo de jinetes almorávidesPintura de un grupo de jinetes almorávides

Alfonso I puso sitio a la fortaleza de Cutanda, una población cercana a Daroca (Teruel), con la ayuda de Guillermo IX, conde de Poitiers, y sus 600 caballeros. En Cutanda aguardó a la espera de la llegada del grueso de las fuerzas almorávides. Lo que ocurrió allí solo se conoce a grandes rasgos. Como advierte el historiador Alberto Cañada Juste en su análisis de Cutanda, no caben las narraciones sino «las aproximaciones» en las batallas medievales, dada la escasez y poco precisión de las fuentes del periodo. Por no saberse, ni siquiera se conoce el lugar exacto de la batalla. Se calcula que debió producirse en un valle, hoy totalmente cultivado, que se extiende entre dos lomas de pequeña altura, donde a veces han aparecido huesos al laborear la tierra. Una cañada denominada con el estimulante nombre de la «Celada».

¿Se valió Alfonso de algún ardid para vencer a los musulmanes como sugiere el nombre del campo de batalla, «Celada»? Los que han investigado la contienda insisten en que «Celada» puede leerse como «emboscada de gente armada en paraje oculto, acechando al enemigo para asaltarlo descuidado o desprevenido». Nada que se pueda resolver con los datos hoy disponibles. Un documento extranjero,la Chronique de Saint-Maixent, realiza una narración superficial del choque, poniendo énfasis –como corresponde a una crónica gala– en la presencia de nobles franceses allí: «En el año 1120, el decimoquinto día de las calendas de julio, el conde Guillermo de Potiers y el duque de los aquitanos, y el rey de Aragón, lucharon con Ibrahim y otros cuatro reyes de las Españas, en el campo de Cotanda; vencieron completamente y mataron a 15.000 de los moabitas (mahometanos) e hicieron innumerables prisioneros. Se apoderaron de dos mil camellos y de otras bestias sin número y sometieron un número muy grande de castillos».

Las crónicas musulmanas tampoco son capaces de dar un relato más preciso, pero apenas pueden maquillar el desastre militar que supuso Cutanda para los almorávides. La envergadura de la derrota queda retratada en la vigente de la expresión popular «peor fue que la de Cutanda» o «peor fue la de Cutanda» con el sentido de minimizar desgracias. No parece verosímil, en cualquier caso, que los cristianos pudieran reunir 12.000 jinetes; ni el que fueran capaces de causar 20.000 muertes.

Pero pasara lo que pasara en Cutanda, es incuestionable que Alfonso I salió vencedor. El aragonés entró una semana después en Calatayudy se apoderó de un sinfín de plazas por el camino. En las siguientes décadas, los musulmanes perdieron cualquier interés en la zona y se concentraron en defenderse de la ofensiva imparable de Alfonso I, al que solo su trágica muerte en 1134 le impidió seguir avanzando por el corazón de Al-Andalus. Sitiando la fortaleza de Fraga con apenas quinientos caballeros, el rey aragonés sufrió el contaataque sorpresa de la guarnición musulmana. Aunque el veterano monarca logró huir y salvarse en primera instancia, las heridas del combate devinieron en su muerte el 7 de septiembre de ese año en la localidad monegrina de Poleñino, entre Sariñena y Grañén.

Buscando una batalla nueve siglos después

En fechas recientes, la Asociación Batalla de Cutanda ha planteado la posibilidad de resolver de una vez si realmente la zona conocida como la Celada es el lugar donde tuvo lugar la contienda. «Sabemos de la dificultad de encontrar el raastro, ya sea en forma de huesos o de restos de armaduras, de algo que ocurrió hace 900 años durante aproximadamente un par de horas, pero creemos que merece la pena intentarlo. El valor arqueológico de una batalla de esa magnitud es inigualable. No hay apenas material conservado de una episodio militar de ese siglo», explica Rubén Sáez Abad, historiador especializado en el campo militar y miembro de la asociación. Este grupo de aficionados a la historia militar nació originalmente para celebrar recreaciones del combate, aunque consideraron que la mejor manera de recuperar la batalla del olvido era desenterrando sus restos. «Una de las razones por las que la batalla ha pasado inadvertida en la historia es porque nunca se ha hallado el campo arqueológico», recuerda Sáez Abad.

Soldados del Regimiento de Pontoneros prospectan el lugar con más indicios de la batalla de CutandaSoldados del Regimiento de Pontoneros prospectan el lugar con más indicios de la batalla de Cutanda

Así, un pequeño grupo de arqueólogos, entre ellos Javier Ibáñez, se desplazó a la zona hace pocos meses a realizar un primer análisis. Las prospecciones superficiales han dado lugar a muchas evidencias (4.200 piezas, entre restos de cerámica, fragmentos de huesos y elementos metálicos), pese a lo cual todos los esfuerzos se concentran en encontrar alguna de las fosas comunes donde habrían sido enterrados los musulmanes, así como posibles tumbas cristianas en los alrededores.

La Asociación Batalla de Cutanda ha contado con la ayuda de el Ministerio de Defensa para esta fase de la búsqueda. Una Unidad de Pontonero desplegaron el pasado viernes, día 30 de octubre, sus sistemas de detección geofísica (georradar) y magnética en la tarea de intentar hallar restos materiales. En total, cinco soldados de la Compañía de Desactivación de Explosivos del Regimiento de Pontoneros de Zaragoza rastrearon un espacio de 800 metros cuadrados con cinco equipos –utilizados habitualmente para la detección de explosivos enterrados– para intentar localizar vestigios del combate.El georradar es una técnica no intrusiva que permite detectar la presencia de estructuras (fosas, muros, suelos, etc.) y de remociones e irregularidades del terreno existentes en el subsuelo sin necesidad de realizar una excavación en profundidad.

Fuente: sevilla.abc.es

Comienzan los trabajos para buscar el tesoro de Alarico, «el más grande de la historia de la humanidad»

Comienzan los trabajos para buscar el tesoro de Alarico, «el más grande de la historia de la humanidad»

Ilustración de «Saqueo de Roma por parte de Alarico»

El tesoro de Alarico, rey de los visigodos, se busca desde hace 1600 años, creándose una leyenda que ha fascinado a historiadores y astrólogos, poetas y aficionados a la arqueología, nazis y judíos. Pero es ahora cuando con medios científicos se buscará en Cosenza, en la región de Calabria, al sur de Italia, el tesoro del rey Alarico, quien tras un largo asedio entró en Roma en la noche del 23 de agosto en el 410 d.C. Después de tres días de saqueo, Alarico se hizo con el más grande tesoro de la historia de la humanidad, teniendo en cuenta que Roma, Caput mundi en la época, poseía el fruto de ocho siglos de invasiones y conquistas. Entre las inmensas riquezas había una parte del tesoro de Jerusalén, destruida en el 70 d.C por Tito Flavio Vespasiano, que lo transportó a Roma. Entre otras joyas de incalculable valor estaría la famosa Menorah, el candelabro de siete brazos símbolo de la religión hebrea, con 70 kilos de oro y plata. El saqueo de Roma fue considerado por algunos, caso de San Agustín, como un castigo de Dios a los paganos del imperio romano.

Tesoro de valor incalculable

El historiador romano Jordanes escribió, en su libro «El origen y actos de los godos», que Alarico falleció en el mismo año de su victoria en Roma y fue sepultado, junto a los tesoros saqueados, en una tumba cerca de la confluencia de los ríos Busento y Cratis, en Cosenza. Jordanes cuenta que Alarico fue enterrado con su caballo y con 25 toneladas de oro y 150 de plata, además de otras riquezas, en gran medida fruto del saqueo de Roma. Para realizar esta operación fueron escogidos prisioneros que desviaron temporalmente el curso del río, excavando una gran tumba, con las dimensiones de una basílica.

«En las profundidades del foso enterraron a Alarico con sus muchos tesoros, luego canalizaron nuevamente las aguas del río y se mataron a los prisioneros para que nadie conociera el lugar exacto de la tumba», escribió Jordanes. Se estima que el valor de este tesoro sería hoy de unos 275.000 millones de euros, el equivalente al 15-20 % del Producto Interno Italiano (PIB). Además, su importancia cultural «sería incalculable, porque representaría las raíces de la civilización occidental», afirma el investigador Francesco Sisci, coordinador del proyecto.

La obsesión de Hitler

Desde hace siglos se busca la tumba del rey de los godos. Incluso Hitler se obsesionó con ese tesoro. Mientras bombardeaba Guernica, encontró tiempo para mandar a Cosenza, en 1937, a Heinrich Himmler, jefe de la policía alemana, para iniciar la búsqueda, aunque volvió con las manos vacías. Incluso Goebbels llegó a considerar el «tesoro de los godos» como uno de los irrenunciables símbolos del Reich. El rey visigodo se convirtió en una idea tan obsesiva para los nazis que bautizaron como «operación Alarico» la invasión militar de Italia.

La leyenda de Alarico ha sobrevivido hasta nuestros días, más allá de las fronteras italianas. Uno de los últimos cazadores en llegar el pasado año a Cosenza, en plan Indiana Jones, fue el politólogo Edward Lutwak, consejero militar y amigo de los Bush, declarando para sorpresa de muchos: “Ha llegado la hora de buscar de forma seria el tesoro. Hay que pasar del mito Alarico a su auténtica historia. Si Italia garantizara un buen porcentaje a quien encuentra un tesoro, como sucede en todo el mundo, habría venido aquí hace ya treinta años. Y Calabria estaría llena de gente con drones y detectores de metal”.

«Una herencia de interés mundial»

Ahora, el alcalde y presidente de la provincia de Cosenza, el arquitecto Mario Occhiuto, de centroderecha, acaba de presentar en la Cámara de Diputados en Roma el plan de las investigaciones para buscar con la más moderna tecnología el tesoro de Alarico. «Troya fue una leyenda hasta que se descubrió en 1870. Y Pompeya fue descubierta casualmente en el siglo XVIII. Nosotros también estamos determinados a seguir en esta investigación, porque podría tratarse de más grande tesoro de la historia de la humanidad. Sería parte de una herencia de interés mundial», ha manifestado el alcalde Occhiuto.

Científicos italianos han identificado cinco lugares donde se cree que puede estar la tumba. «Además de las indagaciones históricas, habrá un análisis geofísico del terreno, con microondas y sondeos geomagnéticos. Tras la obtención de los primeros datos, en una zona de poco más de una hectárea, hay elementos que nos animan a seguir adelante», afirma el geólogo Giuseppe Rota.

La oposición socialista en el ayuntamiento de Cosenza es contraria a gastar dinero en esta investigación, porque la ciudad debería tener otras prioridades, como escuela, sanidad y familias pobres. Además, rechazan que se ligue el nombre de la ciudad a un sanguinario invasor. El alcalde se defiende así ante esas críticas: «Existen hoy tecnologías que nos permiten efectuar investigaciones con gastos irrisorios. Tenemos un óptimo plan. Otras ciudades han hecho su fortuna sobre leyendas mucho más superficiales: La Sirenita de Copenhague, el monstruo del lago Ness y el balcón de Romeo y Julieta de Verona». Parece claro que al alcalde le gustaría que para Cosenza fuera también un negocio el mito de Alarico.

Fuente: ABC

El monarca que se salió del cuadro

En 1659, un año antes de su muerte, Velázquez consiguió su objetivo: ser nombrado caballero de la orden de Santiago. Retocó el cuadro de Las Meninas para añadirle a su autorretrato la cruz roja de esta orden fundada en 1170. Para ser caballero de Santiago había que acreditar no tener antepasados judíos y pertenecer a la nobleza. El Consejo de Órdenes rechazó la candidatura de Velázquez porque mintieron tanto él como sus testigos Zurbarán y Alonso Cano. Logró su meta porque el rey Felipe IV obtuvo una dispensa del Papa de Roma. Velázquez le devolvería el favor con creces.

Pese a su largo reinado (de 1621 a 1665), ese rey capicúa del actual “permanecería prácticamente olvidado de todos si no hubiera llamado a su servicio a Diego Velázquez”, dice el hispanista francés Alain Hugon en su libro Felipe IV y la España de su tiempo (Crítica).

El próximo 17 de septiembre hará 350 años de la muerte del que fue conocido como el rey Planeta. Nació el 8 de abril de 1605 en Valladolid. Muere en Madrid en 1665. Nieto de Felipe II, hijo de Felipe III, es un rey lleno de paradojas. Reinó en cuatro continentes y nunca salió de la Península Ibérica; no responde al perfil de rey guerrero, pero no conoció un año de paz: guerras contra suecos, daneses, ingleses, holandeses y desde mayo de 1635, contra los franceses. Una guerra entre familias. Hace ahora cuatro siglos, en 1615, Felipe IV y Luis XIII se convirtieron en cuñados al casarse cada uno con la hermana del otro; el rey de España, con Isabel de Borbón; el de Francia, con Ana de Austria.

Felipe IV nombró a Velázquez pintor, ujier de cámara, ayuda de cámara y aposentador de cámara. Será el pintor, dos meses antes de su muerte, el que prepare en la isla de los Faisanes, junto al río Bidasoa, el encuentro para que Luis XIV se case con la infanta María Teresa, hija de Felipe IV. Cuñado de un rey francés y suegro de otro. Joseph Pérez, en el prólogo del libro de Hugon, habla de declive de Castilla y no de decadencia de España. “¿Es casual que los dos grandes hombres que en diferentes ámbitos dominan esta época (Velázquez y Olivares) sean sevillanos? Antes, era la meseta la que proporcionaba las élites: Cisneros, Teresa de Ávila, el duque de Alba, Cervantes…”. Felipe IV es el rey del Siglo de Oro. Además de ser coetáneo de Velázquez, lo fue en vida de Cervantes (el escritor muere cuando el rey tiene once años) y en su reinado brillan los dramaturgos Lope, Calderón y Tirso de Molina; los poetas Quevedo y Góngora; los pintores Murillo, Zurbarán y Valdés Leal.

Otra paradoja de Felipe IV está unida a su pintor favorito. Las Meninas es “un retrato real sin verdadero sujeto real”, según Hugon: está la infanta Margarita, dos meninas -damas de honor-, una enana, un bufón, otra dama de la Corte, el guardadamas, el aposentador y el propio Velázquez. Pero no está el rey, que tenía en el taller del pintor un sillón de cuero para él. Un cuadro que fue estudiado por Foucault y Jacques Lacan.

Los primeros años del reinado fueron de bonanza y victorias militares. Una de ellas, la de Breda, la rendición de Justin de Nassau ante el genovés Ambrosio Spínola, tuvo lugar en 1625 y la pinta Velázquez en 1634. Las lanzas es uno de los doce cuadros de batallas junto a firmas como Rubens o Zurbarán que ilustren el salón del Palacio del Retiro. Con Rocroi (la batalla final de Alatriste) y el tratado de Westfalia se acaban los triunfos. En 1627, el año de la muerte de Góngora cuyo tercer centenario fue el bautismo de una generación de poetas (el Siglo de Plata), fue el año de la bancarrota y cayeron enfermos los reyes de España y Francia.

Hugon da cuenta de una visita a Andalucía de un rey tan poco viajero. Salió de Madrid el 8 de febrero de 1624, con Velázquez recién llegado a Palacio, y llega a Sevilla el 1 de marzo. Se alojó en el Alcázar, visitó la Catedral, la torre del Oro, remontó el río en barco hasta la Cartuja y fue de cacería en Doñana, donde lo recibió el duque de Medina-Sidonia, capitán general de una costa andaluza reforzada tras los ataques de Francis Drake a Cádiz en 1591. Quevedo estuvo en el cortejo, que hizo escalas en Cádiz, Gibraltar, Málaga y Granada.

Sevilla era comparable a Amsterdam y Venecia en población y comercio, según Hugon, que la incluye en lo que llamaría las “ciudades mundo”. En el reinado de Felipe IV se celebraron 52 corridas de toros, la primera en honor del príncipe de Gales, que vino a España pretendiendo a la infanta María, hermana de Felipe IV, a la que pintó Velázquez. Se volvió a Londres sin novia y con cuadros de Tiziano y Durero. El pintor sevillano llegó a la Corte en 1823. Hay dos mujeres clave, Jerónima Velázquez, su madre, de la que tomó su apellido; y Juana Pacheco, su esposa, la hija de su maestro, la madre de sus hijas.

Fuente: diariodesevilla.es

España rememora su marcada huella en el poblamiento de EE.UU.

España rememora su marcada huella en el poblamiento de EE.UU.

Una de las primeras cartas de navegación del Golfo de Florida, entregada al presidente George Washington

La presencia de los españoles como primeros pobladores europeos de los actuales Estados Unidos no se limitó a la exploración del territorio, sino que también marcó una profunda huella cultural y arquitectónica en una vasta extensión del país. Es una de las aportaciones que en forma de un detallado recorrido documental e histórico mostrará España los próximos otoño e invierno en el país norteamericano. Y lo hará en la Antigua Residencia de los Embajadores de España en Washington, una parte notable de ese legado. Una exposición en San Agustín (Florida), la primera ciudad fundada en los EE.UU. (exceptuando San Juan de Puerto Rico), y una muestra en Dallas (Texas) de los valiosos fondos pictóricos de la Casa de Alba, ponen el «broche de oro» a la ofensiva que lleva a cabo España desde 2013 como reivindicación de esa influencia, según palabras de María Molina, la nueva consejera de Cultura de la Embajada española en Washington.

Las ciudades, antiguos presidios (fortalezas) y misiones que los españoles fueron asentando desde el desembarco de Ponce de León en Florida, constituyen la gran herencia, origen del particular paisaje urbano en importantes partes de los EE.UU. de hoy. Los mismos elementos arquitectónicos formaron cadenas en las que cada uno de ellos tenía su función, hasta derivar en algunos de los actuales pueblos y ciudades. Según el relato histórico y cartográfico que ofrece «Diseñar América: el trazado español de los EE.UU.», un recorrido comisariado por Juan Miguel Hernández León y Francisco Arques, resulta curioso comprobar cómo su expansión, con el establecimiento de ciudades desde la fundación de San Agustín en 1565, fue dibujando una especie de frontera: desde Florida y Luisiana al sur, hasta Canadá al norte. Posteriormente, desde el este, los ingleses y franceses emprenderían su poblamiento a partir de la fundación de Jamestown (Virginia) en 1607. La exposición recuerda la impronta cultural dejada por España no sólo en Florida y Luisiana, sino también en la isla de Puerto Rico, y en San Luis (Missouri), ya en el medio oeste. Y, en el suroeste, en California, Arizona y Texas.

La cultura española halla espacio también a partir de esta semana en el Meadows Museum en Dallas (Texas), donde abre las puertas «Treasures from the House of Alba: 500 Years of Art and Collecting», con más de un centenar de piezas de la extraordinaria colección de la Casa de Alba, que por primera vez sale de España. Entre las obras, «La Duquesa de Alba de blanco» de Goya, «La Virgen de Granada» de Fray Angélico y «Cristo coronado de espinas» de Diego de Ribera. La Fundación Casa de Alba aporta también un archivo material donde consta el primer mapa del Nuevo Mundo que diseñó Cristóbal Colón.

Además del ciclo de cuatro días que ha promovido San Agustín por iniciativa propia en su recuerdo como primera población española, España ha contribuido a la efeméride del 450 aniversario con la traducción e impresión de un libro sobre la fundación de la ciudad. «St Augustine: America’s First City», escrito por Michael Francis, relata los orígenes de la ciudad de Florida.

Con Gabriel Miró, en «The Experience of Seeing», en el McNay Museum de San Antonio (Texas); y las muestras «Disney and Dalí: Archiqutects of the Imagination», en San Francisco y en San Petersburgh (Florida), y «Goya y Dalí: Los Caprichos», en CCE Miami, se refuerza la oferta cultural española.

Fuente: Manuel Erice para ABC

Napoleón y la joya de la egiptología ‘Description de L’Egypte’

Ejemplar de la Edición Imperial de 'Descripción de Egipto'...

Acabada su revolución, la nueva república francesa decidió exportar al resto de Europa las maravillas de la «libertad, igualdad, fraternidad». Como es lógico, terminó en guerra con todo el continente y ello permitió descubrir nuevas eminencias militares entre sus soldados. De ellos destacó sobremanera un corso formado como oficial de artillería, que triunfó con escasos medios y mucha capacidad táctica y estratégica en la campaña de Italia.

Portada de la primera edición (1809)

Convertido en el general estrella de la República, a Napoleón se le ocurrió un plan para dañar la economía inglesa, cuya pujanza estaba financiando gran parte del esfuerzo bélico de los aliados. El objetivo era interrumpir el comercio de la isla con la India, el corazón de la economía colonial de los británicos. Para ello decidió invadir Egipto, desde donde podría conseguirlo con facilidad, lo cual le vino pintiparado a los políticos franceses, que además conseguían con ello alejar de los centros del poder al ambicioso general.

No sólo se trató de conquistar un país, sino también de estudiarlo, porque a al ejercito invasor lo acompañó un nutrido grupo de más de un centenar de científicos: físicos, geómetras, químicos, botánicos, naturalistas, historiadores, y entre ellos algunos de los más destacados en su campo en el mundo. Gracias a su trabajo, el fracaso final de la expedición francesa vino al menos acompañado por la posterior publicación de La description de l’Égypte. Los volúmenes e ilustraciones de esta gigantesca obra desataron la pasión por lo egipcio en Europa, a la que contribuyó también el desciframiento de los jeroglíficos en 1822. Fue entonces cuando comenzó la pasión coleccionista que llenó de piezas magistrales los recién creados museos arqueológicos europeos.

En una época donde el prestigio nacional primaba, Napoleón lo dio todo en estos volúmenes que tienen un tamaño impresionante: un metro de alto por 81 cm de ancho, con una calidad tipográfica excepcional y en un papel de calidad exquisita, ah, y con 38 ilustraciones coloreadas a mano. La primera edición consta de nuevo volúmenes de texto, un volumen donde se describen las láminas publicadas en los diez volúmenes siguientes, donde se encuentran las 3.000 ilustraciones de la obra. Hay tres volúmenes adicionales del mismo tamaño dedicados a «Antigüedades», «Estado moderno» y mapas.

Lámina de la obra con la representación del templo principal de la isla de File

No es el único ejemplar que se conserva en Madrid de la obra, pues en la Biblioteca Nacional hay otro, si bien de la segunda edición de la obra, menos espectacular, por sus dimensiones y falta de color. El objetivo era hacerla más barata y accesible, si bien el conjunto está compuesto por 37 volúmenes.. Con motivo de la primera visita a España de Abdelfatah Al-Sisi, presidente de la República Árabe de Egipto, allí se expone el ejemplar que se custodia desde los años 50 del siglo XX en la biblioteca del Instituto de Egipto en Madrid.

Fuente: Jose Miguel Parra en La aventura de la historia

La salvaje matanza de los españoles en Islandia durante el invierno de 1615

La salvaje matanza de los españoles en Islandia durante el invierno de 1615

Ilustración que muestra a un barco ballenero a la caza de cetáceos

La matanza de los españoles en Islandia de 1615 es uno de los episodios más oscuros y trágicos de nuestra historia. Un grupo de balleneros vascos, que habían viajado a Islandia a la pesca de cetáceos, se vio obligado a pasar allí el invierno cuando un vendaval destrozó sus buques. La hostilidad hacia los extranjeros causó numerosos conflictos con la población local de la región de Vestfiroir, que terminaron con el asesino colectivo de todos los españoles que no se cuidaron de huir a tiempo. Un crimen instigado por las autoridades locales que provocó la brutal muerte de 32 hombres.

El siglo XVI vivió el auge de la industria ballenera en el Cantábrico. Los pescadores vascos, gallegos y cántabros aprovechaban la estancia de las ballenas en el Mar Cantábrico, que correspondía a su periodo de partos, para desarrollar un lucrativo comercio. La principal fuente de ganancia estaba en la grasa del animal, posteriormente convertida en aceite a la que se denominaba saín. Este producto se empleaba en el alumbrado y ardía sin desprender humo ni dar olor. Y las barbas de ballena constituía uno de los escasos materiales flexibles de la época. Asimismo, los huesos servían como material de construcción para la elaboración de muebles. La carne apenas se consumía en España, pero se salaba y se vendía a los franceses.

El negocio de la caza y comercio de ballenas se convirtió en el motor económico de muchos pueblos costeros de la región vasca, siendo cada vez más pronunciada la rivalidad entre los diferentes puertos pesqueros por hacerse con las piezas más grandes. En las décadas de 1550 a 1570, el negocio registró su etapa de mayor apogeo. La flota estuvo formada por una treintena de barcos, tripulados por más de dos mil hombres, que capturaban unas cuatrocientas ballenas cada año. No en vano, los balleneros cantábricos no se conformaron con la caza en las aguas patrias, sino que extendieron su área de acción a, sobre todo, Terranova y Labrador. De hecho, una leyenda con dudosa base histórica ubica la presencia de balleneros vascos y cántabros en Terranova en torno al año 1375, más de un siglo antes de que lo hiciera Cristóbal Colón.

Fue a principios del siglo XVII cuando la captura de ballenas por parte de marineros vascos se extendió hasta Islandia. Las relaciones entre los islandeses y los balleneros vascos fueron en general bastante pacíficas como acredita la existencia de un idioma común (más bien un pidgin), el vasco-islandés, empleado por ambas comunidades para comunicarse a un nivel básico. Precisamente por ello resulta especialmente extraño y cruel lo que ocurrió en el invierno de 1615.

Obligados a pasar el invierno en Islandia

A mediados del verano cerca de 12 buques balleneros arribaron en Islandia para iniciar la temporada de caza. Tres de ellos permanecieron en el lugar, y los demás siguieron navegando hacia el norte de Noruega. Cazaron alrededor de 11 ballenas y vendieron la carne a los habitantes locales. Cuando los barcos estuvieron listos para zarpar de vuelta a casa a finales de septiembre, un terrible vendaval destrozó los barcos contra las rocas, causando la muerte de tres hombres. La tripulación de los barcos españoles, cerca de 80 personas, se vieron obligados a pasar el invierno en Islandia mientras realizaban las convenientes reparaciones. Los capitanes Pedro de Aguirre y Esteban de Tellaría decidieron pasar el invierno en Vatneyri (Patreksfjorour). A su vez, la tripulación de Martín de Villafranca viajó en dos grupos hacia Dyrafjorour, despertando a su paso la ira local.

La salvaje matanza de los españoles en Islandia durante el invierno de 1615

Grabado del proceso que sufría el cadáver de la ballena tras su captura

El primer conflicto con la población aconteció cuando uno de los grupos de Martín entró a la fuerza en la casa vacía de un comerciante de Pingeyri y se abastecieron de pescado seco. Un pequeño incidente, junto a una amenaza previa a un pastor, que no justifica de ninguna manera el recibimiento que los balleneros sufrieron en Fjallaskagi, en la cara norte de Dyrafjorour. Al día siguiente de establecerse en esta región, posiblemente con la intención de pasar allí el invierno, los campesinos locales reunieron una tropa y asaltaron de noche la cabaña donde dormían los «vizcaínos». Tras matar a los guardianes nocturnos, el grupo armado asesinó a los españoles que se encontraban dentro, unas 15 personas. El único superviviente fue un joven de nombre García que logró esconderse bajo la cabaña y más tarde se unió al grupo de Pedro de Aguirre y Esteban de Tellaría. No satisfechos con el nivel de brutalidad desatado, los islandeses mutilaron los cadáveres, «deshonrados y hundidos en el mar, como si fueran paganos de la peor especie y no pobres e inocentes cristianos», como explica Jón Gudmunsson en su relato de la masacre favorable a los católicos.

Tres días después de la matanza, el sheriff Ari Magnússon convocó un juicio en Súoavík. En la sesión, 12 jueces declararon proscritos a todos los náufragos, alegando como justificación los incidentes que estaban causando a la población. Pero más bien se trataba de una sentencia preventiva para evitar pillajes futuros, puesto que los conflictos hasta entonces habían sido mínimos. Con la sentencia ya en vigor, Martín y 12 de sus hombres, que estaban cazando una ballena cerca de Sandeyri, fueron masacrados brutalmente por Ari y sus tropas. Según Jón Gudmunsson, los hombres cogieron los cuerpos desnudos, acuchillaron sus ojos, cortaron sus orejas, sus narices y sus genitales.

No en vano, la muerte más cruel quedó reservada para el jefe de los balleneros. El capitán Martín de Villafranca fue golpeado con un hacha, hiriéndolo en el hombro y el pecho, cuando accedió a salir de la cabaña a pedir de rodillas perdón por las supuestas afrentas hacia la población local. Así y todo, el capitán consiguió levantarse herido y corrió hacia la orilla, con varios hombres siguiéndolo. Se introdujo en el mar y nadó a gran velocidad, para admiración de los islandeses que registraron en sus crónicas que parecía portar una fuerza sobrenatural, hasta que alguien le alcanzó en la cabeza con una piedra. Semiinconsciente, los hombres de Ari le realizaron con un cuchillo un corte desde el pecho hasta más allá del ombligo. Al ver como trataba de incorporarse pese a sus muchas heridas, los hombres comenzaron a reír sin dejar de torturarle hasta el último suspiro.

Mientras la persecución de Ari a los balleneros se extendía por la geografía islandesa, los hombres de Pedro de Aguirre y de Esteban de Telleria llegaron a Vatneyri, en Patreksfjorour, donde pasaron todo el invierno sin registrar problemas con la población. Curiosamente, una de sus benefactoras en esta localidad fue una viuda rica, la madre de Ari. Hoy en día sigue siendo un misterio el porqué la madre de Ari ayudó a los vascos: ¿Fue por miedo a represalias? ¿Quería entretenerlos hasta que su hijo llegara con refuerzos? Lo cierto es que las tropas de Ari no pudieron alcanzar la localidad a causa de las tormentas hasta que los balleneros ya se habían marchado.

¿Por qué de la hostilidad local contra los vascos?

A principios del siglo XVII, Islandia tenía una población de alrededor de 50.000 habitantes, en su mayoría campesinos. El país estaba gobernado por los magistrados de condado que obedecían directamente al Reino de Dinamarca, un país luterano como la mayor parte de la población islandesa. Sin descartar completamente el componente religioso en la hostilidad hacia los españoles, la mayoría de investigadores del episodio señalan las malas condiciones económicas que sufría la zona en la última década como detonante de la violencia. Tras cinco duros inviernos, los exhaustos almacenes islandeses no daban para alimentar a casi un centenar de extranjeros dispuesto a pasar allí el periodo más frío.

En la primavera de 1615, el Rey de Dinamarca envió una carta al Parlamento en el que proclamó que los islandeses y los mercaderes daneses tenían derecho a defenderse de los «vizcaínos» y demás extranjeros, de matarlos y de tomar sus barcos y saquearlos, si se sentían amenazados. Ari llevó la prevención a la categoría de persecución en otoño de ese mismo año. Otra de los argumentos legales que pudieron justificar la masacre fue que, según la ley islandesa, estaba prohibido a los comerciantes extranjeros pasar el invierno en Islandia para evitar los crímenes derivados de la ociosidad. Sea de una forma u otra, la brutalidad aplicada por el sheriff Ari Magnússon no tiene razón de ser, a menos que, como han planteados algunos historiadores, estuviera endeudado con los vascos y con su muerte sacara alguna ventaja personal.

Los actos del 400 aniversario de la matanza

Fuente: Cesar Cervera en ABC

Los secretos que guarda Dashur

Varios investigadores en la pirámide de Keops, Egipto, donde se...

Siendo tan conspicuas, uno tiene todo el derecho a suponer que las grandes pirámides egipcias han sido completamente excavadas y que poco o nada queda por decir de ellas. Craso error, porque ni siquiera en la Gran Pirámide sucede eso.

Hace no tanto, en 1996, se descubrió al pie de la pirámide de Khufu (conocido como Keops por los griegos) una pequeña pirámide satélite de la que nada se sabía hasta entonces. Había bastado para ello levantar el asfalto de la carretera que pasaba por esa esquina del monumento, la cual se estaba desmantelando con muy buen criterio.

Lo mismo sucede en las demás pirámides, que no están terminadas de excavar… o sólo lo parece. Unas veces es su interior, como sucedió en Meidum en el 2000, donde nuevos sistemas de detección permitieron descubrir cámaras desconocidas. Otras es su exterior, como han demostrado los recientes descubrimientos realizados en los edificios anejos de la pirámide Romboidal de Dashur. Algo que no debería sorprendernos demasiado, porque las pirámides de esta necrópolis estuvieron en zona militar hasta 1996, lo cual impedía su estudio.

Una pirámide romboidal del Reino Medio

En el 2012 un estudio realizado al norte del emplazamiento del templo bajo (en realidad intermedio) de la pirámide Romboidal permitió detectar que la estructura de ladrillo descubierta allí por Fakhry en 1950 era en realidad mucho mayor de lo que él había pensado, además de ser del Reino Antiguo y no del Reino Medio. Bastó con quitar 15 cm de arena para descubrir un recinto de 80,5 x 56 m cuyo muro tenía un grosor de 5 metros y, en su interior, un amplio jardín donde se disponían más de 350 plantas diferentes en largas filas.

Muestra de los hallazgos encontrados en Meidum

El lado oeste del jardín está ocupado por cuatro filas de 26 árboles cada una. En realidad lo que se conservan son los agujeros donde se plantaron, cada uno de aproximadamente un metro de diámetro, y dentro de los cuales han aparecido raíces de palmeras, sicómoros y cipreses, que eran regados mediante pequeños canales excavados en la roca. Una capa de arena cubría el espacio entre los árboles para dejar crecer otras plantas.

La presencia de cipreses es una novedad, porque se trata de la primera vez que se descubren en Egipto, al tener que ser importados desde Canaán. El riego se realizaba mediante acarreo de agua desde el Nilo con vasijas de agua colgadas de pértigas.

El terreno no estaba nivelado y la parte sur está un metro más elevada que la norte. Es en la zona meridional donde se construyó el edificio cuyos restos (los cimientos) descubrió Fakhry y que consiste en tres habitaciones en la parte sur y un patio en la zona norte. Por el momento se desconoce cuál fue exactamente la función de este edificio. Dado que las raíces muestran un crecimiento de sólo unos 5 años, se trató de una estructura provisional… ¿un antecedente del adyacente templo de caliza construido para la pirámide? Por ahora no es posible responder a la pregunta, pero las excavaciones prosiguen en busca de una respuesta.

Fuente: Jose Miguel Parra en El Mundo

Unos espeleólogos descubren un importante tesoro en una cueva de Galilea

Unos espeleólogos descubren un importante tesoro en una cueva de Galilea

Moneda de plata de Alejandro Magno del mismo periodo que las encontradas en la cueva de Galilea

Arqueólogos israelíes han dado a conocer el descubrimiento de un inusual tesoro de la era de Alejandro Magno en una cueva de la Galilea (norte de Israel), que puede arrojar luz sobre el turbulento período que siguió a su muerte en el 323 a.C., cuando sus herederos se disputaban el imperio.

Un conjunto de monedas de plata con la efigie del mítico rey y varios objetos de bronce, entre ellos un brazalete, anillos y pendientes, han aparecido en una cueva de estalactitas y estalagmitas cuya ubicación es mantenida en secreto para evitar un posible saqueo, según ha informado hoy la Autoridad de Antigüedades.

«Es uno de los descubrimientos importantes realizados en estos últimos años en el norte, y descifrar los secretos de la cueva demandará mucho tiempo», ha afirmado en un comunicado ese organismo oficial.

Por casualidad

Las monedas fueron descubiertas por tres espeleólogos aficionados que se introdujeron en la cueva para preparar una visita guiada al lugar y que vieron un destello en el suelo.

Al levantar dos monedas se percataron de su antigüedad y alertaron a los arqueólogos, que desde entonces han desenterrado un pequeño alijo de la era de Alejandro Magno y otros enseres de cerámica que se remontan hasta el período calcolítico hace 6.000 años.

Junto a las monedas, lo más destacable del hallazgo, han aparecido varias joyas que se encontraban dentro de un pequeño saco de tela y que al parecer fueron escondidas por sus propietarios hace 2.300 años.

«Estos objetos valiosos fueron, al parecer, escondidos en la cueva por residentes locales que escapaban durante el período de desasosiego que siguió a la muerte de Alejandro, un momento en el que estallaron las Guerras de los Diádocos (323-281 a.C)». Posiblemente, creen los arqueólogos, el pequeño tesoro fue escondido para protegerlo, pero está claro que sus propietarios nunca pudieron regresar a recogerlo.

Otro elemento importante que está siendo investigado, este de carácter más científico naturalista, es la gestación de las estalagmitas a lo largo del tiempo, dado que muchos de los enseres de cerámica descubiertos están plenamente integrados en el sedimento calcáreo hasta el punto de ser totalmente inseparables.

Este descubrimiento de un tesoro arqueológico por ciudadanos de pie, sigue a otro de submarinistas el mes pasado, que desenterraron del fondo marino en el puerto romano de Cesárea el mayor alijo de monedas de oro hallado nunca en Israel.

La legislación israelí estipula que cualquier descubrimiento arqueológico pertenece al Estado y establece una condena de hasta cinco años de cárcel por apropiación indebida de este tipo de bienes.

Fuentes: ABC EFE / Jerusalen

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