Historias Legendarias

Mundo Antiguo y curiosidades

Archivo para la etiqueta “Herodes el Grande”

La matanza del Rey Herodes «El Grande»: la verdadera historia de los inocentes asesinados en Belén

Matanza de los Inocentes, por Peter Paul Rubens

Matanza de los Inocentes, por Peter Paul Rubens

La Biblia sitúa a Herodes El Grande detrás de la salvaje orden de ejecutar a los niños nacidos en Belén con el propósito de matar a Jesús, «un recién nacido a quien los magos de oriente designaron como el rey de los judíos». Si bien es difícil demostrar la historicidad de este hecho, la figura de Herodes se alimenta de relatos de similar violencia, incluido el asesinato de varios de sus propios hijos. Eso a pesar de que las fuentes romanas, aliadas del rey idumeo, le presentan de forma favorable y le hacen responsable del esplendor económico que se vivió durante su reinado.

La historicidad de la matanza

La Matanza de los Inocentes narrada en el Evangelio de Mateo (2:16-18) tiene su antecedente más directo en el episodio protagonizado por el gran enemigo del pueblo elegido: los egipcios, quienes ordenaron supuestamente asesinar a los bebés hebreos y forzaron a la familia de Moisés a esconderle en el río.

«Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos», narra San Mateo sobre el edicto dictado por el gobernante hebreo que buscaba a acabar con la amenaza política de un niño designado como «el rey de los judíos». Sin embargo, la Matanza de los Inocentes no aparece mencionada en los otros evangelios ni en textos del periodo, lo cual ha llevado a plantear si el episodio tuvo realmente lugar o pudo ser una malinterpretación de otro suceso.

El historiador bíblico Daramola Olu Peters, en sus análisis del texto, defiende que se trata de una mala traducción de la palabra «matanza» y podría ser solo el asesinato de algún hijo de los aspirantes a ocupar el trono. Otros estudiosos vinculan la presunta matanza con el asesinato de los tres hijos de Herodes o alguna de las purgas que llevó a cabo el monarca durante su ascenso al poder.

Las exageradas cifras de muertos de los comentaristas antiguos no ayudan precisamente a ubicar el acontecimiento. Según los estudios demográficos, el poblado de Belén donde nació Jesús tenía en el año 4 a.C de 300 a 1.000 habitantes, de ellos solo habría entre 7 y 20 menores de dos años. Es por ello que, aunque hubiera tenido lugar la matanza, pudo tener poco eco.

La degollación de los inocentes, según un manuscrito del siglo X.La degollación de los inocentes, según un manuscrito del siglo X.

El catedrático de filología griega de la Universidad Complutense de Madrid Antonio Piñero lo considera una reelaboración de la leyenda del malvado Faraón que quiso acabar con Moisés niño. «Una vez que pasados los años se conocía la grandeza de tal o cual personaje, se confeccionaba a base de tradiciones más o menos fiables, o incluso de leyendas, una historia de su nacimiento en la que se ponían de relieve las circunstancias prodigiosas, maravillosas, divinas, del tal nacimiento. Así ocurrió con el rey persa Ciro (narración compuesta por Heródoto), con Alejandro Magno (por Plutarco), o con el filósofo, predicador ambulante y taumaturgo Apolonio de Tiana (por Filóstrato)», explica este experto en el libro «Guía para entender el Nuevo Testamento» (Editorial Trotta).

El que hubiera sido un asesinato aislado o de poca trascendencia podría explicar la razón de que el historiador Flavio Josefo, que no dejaba pasar la ocasión de presentar a Herodes como un tirano cruel, pasara por alto semejante barbarie. No obstante, Favio Josefo fue el principal instigador de la leyenda negra sobre Herodes. El relato que hace sobre la muerte del idumeo no escatima en detalles escabrosos y se deleita en su sufrimiento. A los 70 años Herodes murió, «castigándole Dios por los crímenes que había cometido», y fue sepultado en el Templo Herodiano, descubierto en el 2007 por un grupo de arqueólogos.

Los crímenes de un rey extranjero

Los hebreos consideraban a Herodes I un rey extranjero, a pesar de que su linaje era idumeo (una región histórica semítica al sur de Judea). La profunda división hebrea entre sectas religiosas le alejaba de las simpatías de los habitantes de Judea, durante un tiempo en el que las tres principales (farisea, saducea y esenia) no estaban de acuerdo prácticamente en nada. Si lo estaban en identificar a aquel rey de educación helenística y madre árabe nabatea como un elemento intruso y peligroso.

Herodes. Retrato de Matteo di Giovanni.Herodes. Retrato de Matteo di Giovanni.

Herodes se valió del apoyo de los romanos, y de un contexto de inestabilidad política, para alcanzar el poder. Desde el año 63 a.C., la República de Roma había hecho de la antigua Judea un reino vasallo (que abarcaba Samaria, al norte, y Edom, al sur) y en el año 47 a. C. Herodes fue nombrado procurador de este reino por Julio César. En este cargo, el idumeo planeó la eliminación de la estirpe judía de los asmoneos (descendientes de los macabeos), que había reinado hasta ese momento en Judea.

Buena parte de la fama de cruel de este rey hebreo está relacionada con los métodos que aplicó para desplazar del poder a los asmoneos. En el año 40 a. C, consiguió de Marco Antonio –triunviro de Roma y poseedor de la parte oriental del Imperio romano– el título de rey de Judea y logró que fueran degollados Antígono II y su familia, los asmoneos, así como cuarenta y cinco partidarios del antiguo régimen. Eliminaba de esta forma a todos los posibles aspirantes a arrebatarle la corona.

Los puñales y el veneno nunca abandonaron del todo la corte. Su segunda esposa Mariamna, de la estirpe de los asmoneos, también fue ejecutada por orden de Herodes, que nunca dudó en derramar sangre de su propia familia si veía en peligro la corona. Tras matar a Mariamna, eliminó a dos de sus hijos (Aristóbulo y Alejandro), atendiendo a rumores de conspiración contra su persona, levantados por otro hijo, Antípater, a quien ejecutó tiempo después por intentar envenenarle.

Un fiel aliado de Roma

Con el respaldo económico de Roma, Herodes puso en marcha una política para el desarrollo del comercio y de la agricultura y un ambicioso plan de construcciones. Bajo su reinado, que sentó las bases para la expansión económica que vivió la zona en las siguientes décadas, se reconstruyó el Templo de Jerusalén, se levantó la fortaleza Antonia, un palacio real, un anfiteatro, un teatro y un hipódromo; y se fundó la ciudad de Cesarea, un emplazamiento portuaria de carácter occidental construida en honor al dueño del Imperio, Cayo Julio César Octavio Augusto.

Ninguna iniciativa parece que le sirviera para mejorar su imagen pública de hombre violento, lascivo –se dice que llegó a tener 15 hijos– y nada respetuoso con las tradiciones hebreas. Este oscuro retrato, de hecho, pocas veces correspondía con la figura histórica que narran los romanos. Según los cronistas de Roma, Herodes fue un monarca lo bastante sensible con su pueblo como para deshacerse de parte de las riquezas palaciegas y comprar trigo común durante la hambruna del año 25 a. C.

Maqueta del Templo de Herodes

Maqueta del Templo de Herodes– Wikimedia

Con la derrota de Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Actium (31 a.C.), Herodes se ganó rápido la confianza de Augusto y mantuvo excelentes relaciones con él. Así, el reinado de Herodes es también recordado por los grandes esfuerzos para la romanización del pueblo judío. El palacio real acogió a poetas, filósofos, historiadores, maestros de retórica, bajo la influencia romana, que impulsaron un periodo de auge cultural en la región..

Con su fallecimiento, Judea pasó a ser una provincia gobernada directamente por Siria. Esta situación desencadenó, a su vez, una revuelta reprimida con gran brutalidad por los soldados romanos, pero que se alargaría intermitentemente hasta el sitio de Jerusalén del año 70 d. C.

Fuente: ABC Historia

Anuncios

Herodes «el Grande», el Rey de la Biblia que fue acusado de la Matanza de los Inocentes

Herodes «el Grande», el Rey de la Biblia que fue acusado de la Matanza de los Inocentes

«La Masacre de los inocentes», obra de Dionigi Bussola, ubicada en la Capilla de San José, en la Cartuja de Pavía

Es difícil encontrar a un rey hebreo, en concreto de Judea, que despertase tantas antipatías como Herodes I «el Grande». Hasta el punto de que la Biblia le sitúa tras la salvaje orden de ejecutar a los niños nacidos en Belén con el propósito de matar a Jesús, «un recién nacido a quien los magos de oriente designaron como el rey de los judíos». Sin embargo, los historiadores romanos presentan un retrato favorable a este gobernante, sin ocultar que empleó métodos brutales para alcanzar el poder. Y la expansión económica que vivió la región en esas fechas refrenda que fue un buen administrador.

La hostilidad de los hebreos hacia Herodes I estuvo causada porque ellos le consideraban un rey extranjero. Si bien su linaje era idumeo–una región histórica semítica al sur de Judea–, la profunda división hebrea entre sectas religiosas le alejaba de las simpatías de los habitantes de Judea. En ese tiempo, las tres principales sectas religiosas judías (farisea, saducea y esenia) no estaban de acuerdo prácticamente en nada. Al contrario, sobre Herodes –del que se dijo que tenía una educación helenística y que su madre era árabe nabatea–coincidieron las tres sectas religiosas en identificarle como un elemento intruso y peligroso.

Quizás gran parte de la fama de cruel de este rey hebreo está relacionada con los métodos que aplicó para desplazar del poder a los asmoneos y mantenerlo después bien agarrado. En el año 40 a. C.,consiguió de Marco Antonio –triunviro de Roma y poseedor de la parte oriental del Imperio romano– el título de rey de Judea y logró que fueran degollados Antígono II y su familia, los asmoneos, así como cuarenta y cinco partidarios del antiguo régimen. Eliminaba de esta forma a todos los posibles aspirantes a arrebatarle la corona.

Un periodo de gran esplendor económico

Pero los puñales y el veneno nunca abandonaron la corte. Su segunda esposa Mariamna, de la estirpe de los asmoneos, también fue ejecutada por orden de Herodes, que nunca dudó en derramar sangre de su propia familia si veía peligrar la corona. Tras matar a Mariamna, eliminó a dos de sus hijos (Aristóbulo y Alejandro), atendiendo a rumores de conspiración contra su persona, levantados por otro hijo,Antípater, a quien ejecutó tiempo después por intentar envenenarle.

Con el respaldo económico de Roma, Herodes puso en marcha una política para el desarrollo del comercio y de la agricultura y un ambicioso plan de construcciones. Bajo su reinado, que sentó las bases para la expansión económica que vivió la zona en las siguientes décadas, se reconstruyó el Templo de Jerusalén, se levantó la fortaleza Antonia, un palacio real, un anfiteatro, un teatro y un hipódromo, y se fundó la ciudad de Cesarea, un emplazamiento portuaria de carácter occidental construida en honor al dueño del Imperio, Cayo Julio César Octavio Augusto.

No en vano, sus fuertes lazos con Roma demuestran que también sabía ser sutil cuando convenía. Esto se hizo patente cuando Octavio Augusto, tras vencer a Marco Antonio y Cleopatra en la batalla de Actium (31 a.C.), llamó a su presencia a Herodes, quien había sido un activo partidario del enemigo mortal del primer Emperador de Roma. Pero el gobernante hebreo se ganó rápido la confianza de Augusto y mantuvo excelentes relaciones con él. Así, el reinado de Herodes es también recordado por los grandes esfuerzos para la romanización del pueblo judío. El palacio real acogió a poetas, filósofos, historiadores, maestros de retórica, bajo la influencia romana, que impulsaron un periodo de auge cultural en la región.

Matanza de los inocentes: ¿realidad o mito?

Así y todo, la figura de Herodes es sobre todo conocida por ser el gobernante que ordenó la Matanza de los Inocentes que narra el Evangelio de Mateo (2:16-18). Un hecho atroz que tiene su antecedente directo en el episodio protagonizado por el gran enemigo del pueblo elegido: los egipcios, quienes ordenaron supuestamente asesinar a los bebés hebreos y forzaron a la familia de Moisés a esconderle en el río.

«Entonces Herodes, al ver que había sido burlado por los magos, se enfureció terriblemente y envió a matar a todos los niños de Belén y de toda su comarca, de dos años para abajo, según el tiempo que había precisado por los magos», narra San Mateo sobre el edicto supuestamente dictado por el gobernante hebreo que buscaba a acabar con la amenaza política de un niño designado como «el rey de los judíos».

Sin embargo, la Matanza de los Inocentes no aparece mencionada en los otros evangelios ni en textos del periodo, lo cual ha llevado a plantear si el episodio tuvo realmente lugar o pudo ser una malinterpretación de otro suceso. El historiador bíblico Daramola Olu Peters en sus análisis del texto defiende que se trata de una mala traducción de la palabra «matanza» y podría ser solo el asesinato de algún hijo de los aspirantes a ocupar el trono. Otros estudiosos vinculan la presunta matanza con el asesinato de los tres hijos de Herodes o alguna de las purgas que llevó a cabo el monarca durante su ascenso al poder.

Favio Josefo fue el principal responsable de alimentar posteriormente la leyenda negra sobre Herodes, que en muchos casos elevaba a la exageración las actuaciones del monarca. El relato que hace sobre la muerte del idumeo no escatima en detalles escabrosos y se deleita en su sufrimiento. A los 70 años Herodes murió, «castigándole Dios por los crímenes que había cometido», y fue sepultado en el Templo Herodiano, descubierto en el 2007 por un grupo de arqueólogos.

Con su fallecimiento, Judea pasó a ser una provincia gobernada directamente por Siria. Y esta situación desencadenó una revuelta inmediata que fue reprimida con gran brutalidad por los soldados romanos, pero que se alargaría intermitentemente hasta el sitio de Jerusalén del año 70 d. C.

Fuentes: Cesar Cervera ABC

Antonio Piñero: «No podemos demostrar que Juan Bautista fuera familiar de Jesús»

Antonio Piñero (Chipiona, 1941) es uno de los mayores expertos en la figura de Jesús de Nazaret y el Nuevo Testamento a nivel mundial en su aspecto estrictamente histórico. Este catedrático emérito de filología griega de la Universidad Complutense de Madrid, que cuenta en su trayectoria más de una veintena de libros sobre el Israel del siglo I, ha publicado recientemente junto al escritor José Luis Corral la novela «El trono maldito» (Planeta), que adquiere una notoriedad especial en estos días de Semana Santa. Una obra de ficción que sumerge al lector en los entresijos de la política de Israel, donde el trono vacante a la muerte de Herodes «el Grande» no tardó mucho en ganarse la fama de maldito, y que sitúa a Juan Bautista y a Jesús de Nazaret en un contexto «realista» de la época que les tocó vivir. «Un reformador del Judaísmo como era Jesús no se puede entender sin narrar el mundo social, político, económico y religioso del Israel de su tiempo», explica Piñero en una entrevista a ABC.

Antonio Piñero: «No podemos demostrar que Juan Bautista fuera familiar de Jesús»

PLANETA
Portada de «El trono maldito»

-«El trono maldito» es la continuación de una primera parte que no tuvo mucho éxito.

-La primera parte, «La puerta de Damasco» (llamada «Herodes el Grande» en su tercera edición), fue una de las tres finalistas del premio Planeta, pero fue publicada por pequeñas editoriales sin que concentrara mucha atención. Tuve la mala suerte, además, de que ninguna de las dos me pagó derechos de autor por su publicación. Igualmente, nunca desistí y me decidí a escribir una segunda parte pensando que, tratando de Jesús de Nazaret, obtendría más tirón.

-Aun así, ese primer manuscrito quedó olvidado en su cajón durante 15 años. ¿Qué cambió para que se animara a publicarlo?

-Cuando terminé unos 400 folios me di cuenta de que el material no era bueno. Guardé la novela en mi cajón durante 15 años hasta que José Luis Corral conoció el texto y me convenció de que había material para un novelón. Fuimos reescribiendo la novela a través de una colaboración por correo electrónico. José Luis Corral ha respetado mucho el texto, pero ha amplificado, sobre todo, reacciones, diálogos, escenas de amor y también las batallas, que él las narra fenomenal.

-No nos hemos visto ni una vez. Ha sido todo por correo electrónico, así no nos hemos molestado. Yo soy muy avaro de mi tiempo. Pero solo se puede escribir algo entre dos cuando uno se sacrifica por el pueblo para que la empresa tenga éxito. En este caso, he sido yo el que ha muerto por el pueblo, pero lo he hecho encantado, y he aprendido un montón de José Luis Corral.

-¿Repetirá el mismo sistema de trabajo en una posible tercera parte?

-Seguro, quizás dentro de tres años. La fórmula será la misma. Se centrará en el nieto de Herodes, Herodes Agripa I, y también en Pablo de Tarso, que fue el ideólogo de lo que luego sería el Cristianismo. Pablo tuvo una vida muy accidentada, con cinco complots para matarlo, y fue perseguido y apedreado.

-¿Cuál es el papel de Jesús de Nazaret en «El trono maldito»?

-Jesús es un personaje difuminado en el libro porque si me centrara en los orígenes del Cristianismo sería un aburrimiento tremendo desde un punto de vista literario. Buscaba algo más ameno para el lector. Por eso presento una visión de Jesús de Nazaret más allá de las melifluidades religiosas, un hombre sumergido en el contexto de su época. Porque en el siglo I, como ahora y siempre en el Islam, la religión y la política van intensamente unidas. Un reformador del Judaísmo como era Jesús no se puede entender sin narrar el mundo social, político, económico y religioso del Israel de su tiempo. El Jesús que nosotros retratamos no aburre porque es muy realista.

-Dice que le retratan de forma muy realista y rigurosa, ¿eso significa resolver algunas de las teorías más controvertidas?

-Los católicos y las personas que miran a Jesús con buenos ojos agradecen que está novela sea objetiva, histórica y sin dar espacio a ninguna tontería. Por ejemplo, no damos ningún pábulo a la posible relación de Jesús con María Magdalena. No tiene base histórica.

-Es un tema del que ya ha escrito en el pasado, «Jesús y las mujeres» (Editorial Trotta, 2014), pero tengo que preguntárselo una vez más: ¿Por qué no tiene ninguna base histórica?

No lo incluimos en la novela porque no tiene rigor. Toda la información que ha llegado a nuestros días sobre Jesús y María Magdalena antes de la Crucifixión son dos breves versículos del capítulo ocho del Evangelio de Lucas que dice: «Había muchas mujeres que desde Galilea seguía a Jesús y le ayudaban con sus dineros. Entre ellas estaba María Magdalena, de la que Jesús había expulsado siete demonios…»¿Qué puede sacar un historiador de ahí? Era una de un montón de mujeres, que, además, estaba gravemente enferma. Una enfermedad corriente está causada por un demonio; una de muchos demonios debía ser una epilepsia por lo menos.

Antonio Piñero: «No podemos demostrar que Juan Bautista fuera familiar de Jesús»

ABC
Expulsión de los mercaderes del templo, según la interpretación de Giotto

-Quizás lo que mantenga vivo el asunto sea lo extraño a ojos actuales de que Jesús, a diferencia de alguno de sus apóstoles, no se casara ni tuviera descendientes. ¿Era algo habitual?

-¿Qué les hubiera importado a los evangelistas, que hablan con toda tranquilidad de los hermanos de Jesús y las esposas de algunos apóstoles, mencionar el asunto si fuera cierto? Hubiera sido más fácil para el relato decir que, como Pedro que había dejado todo por el Reino de Dios, Jesús había dejado su familia para predicar. Como historiador no puede asegurar cuál era su condición civil, pero puedo exponer que en su vida pública nunca fue acompañado de una fémina. El profeta Jeremías, el ídolo de los reformistas, era soltero, y los esenios, tenidos por hombres muy piadosos, la mayoría eran solteros. Es algo que se dice por total desconocimiento del Israel del siglo I.

-¿Cómo se puede definir a Jesús de Nazaret y su vida desde un punto de vista estrictamente histórico?

-Jesús es un artesano de la clase media-baja de Galilea, maestro de la ley, exorcista, sanador, proclamador de la venida del Reino de Dios, profeta y, al final de su vida, probablemente se proclamó Mesías. Es un maestro de la ley fracasado porque no consiguió convencer de su mensaje a sus contemporáneos, ni en Galilea ni en Jerusalén.

-¿Es un rabino frustrado? En qué se desvía de las doctrinas judías de la época.

-No quiere romper con el Judaísmo. Se desvía como lo hicieron los antiguos profetas de la sociedad de la época, porque Jesús era un elemento supercrítico con su sociedad. Pero no se desvía ni en lo religioso ni siquiera en lo político del pueblo judío, que aspiraba a que los romanos fueran derrotados por las legiones de ángeles encabezadas por Dios. Ellos sabían que estaban en inferioridad militar, pero esperaban que, si alguien iniciaba la lucha contra los romanos, Dios les apoyaría.

-¿Era un nuevo Moisés?

-Hasta cierto punto sí, pero algo más pequeño. La idea de Jesús como un nuevo Moisés es algo que luego predican los evangelistas. Y puestos a hablar del Antiguo Testamento, yo trazaría un paralelismo con la figura del juez bíblico Gedeón, el cual significa «Guerrero poderoso», que encabezó una lucha armada contra amalecitas y madianitas con la ayuda de Dios. El Reino de Dios que debe traer el Mesías es el final de la opresión romana. Jesús estaba convencido de que este Reino de Dios no iba a venir por manos humanas sino por la intervención divina.

-Los propios judíos llamaban Galilea de los gentiles porque estaba llena de griegos. Él no era inmune a esta influencia, aunque su formación era profundamente judía. Como artesano de la madera que era, capaz de construir casas y no solamente muebles, es muy probable que aprendiera griego para expandir su negocio. En el Evangelio de San Juan se insinúa en dos ocasiones que Jesús sabía griego. Lo cual no significa que estuviera influenciado en su concepto religioso por la mentalidad helenística. Su religión era completamente judía, sin influencias externas.

-Otro personaje importante de la novela y en la vida de Jesús es Juan Bautista, al que usted ha definido en sus trabajos como el mentor de Jesucristo. ¿Cree que Juan Bautista reconocía a Jesús como el Mesías?

-Aunque el Evangelio de Lucas lo indica claramente, no podemos demostrar que Juan Bautista fuera familiar de Jesús desde un punto de vista histórico, posiblemente es un añadido teológico. Él pudo pensar que era hijo de Dios en un sentido judío, como un profeta intensamente relacionado con Dios. Por eso hay que matizar que, si un personaje de la época de Jesús llama a alguien hijo de Dios, no lo hace cómo lo puedan pensar los griegos, de una forma física. Un hijo de Dios en Israel es alguien que tiene un especial contacto con la divinidad. Por ejemplo, un profeta, un sumo sacerdote o un rey. En el tiempo de Jesús ya no había rey, así que el Mesías era una mezcla de todos estos.

Antonio Piñero: «No podemos demostrar que Juan Bautista fuera familiar de Jesús»

THE NATIONAL GALLERY, LONDON
Pintura renacentista que retrata el bautizo de Jesús de Nazaret

-Hay quien ha interpretado que pudo haber cierta rivalidad entre los discípulos de Juan Bautista y Jesucristo.

-Hubo enfrentamiento entre los discípulos de ambos grupos. Hay un famoso pasaje en el Nuevo Testamento en el que, estando ya en prisión, Juan Bautista oye hablar de que Jesús está bautizando y atrayendo a mucha gente, y envía a sus discípulos a preguntarle si él es en realidad el Mesías. El pasaje demuestra que Juan Bautista no había sopesado hasta entonces que pudiera ser un hijo de Dios físico, como lo es Heracles en la cultura griega. Él entendía el concepto de hijo de Dios como alguien con un contacto especial con la divinidad.

-De la infancia y de la juventud de Jesús no tenemos apenas datos históricos. De su salto a predicar, el Evangelio de Marcos afirma que su familia pensaba que Jesús estaba «fuera de sí», que estaba enajenado.

-Jesús se lanza a predicar de una forma autónoma después de la muerte de El Bautista. De alguna manera recibió la antorcha de su mentor (o maestro) Juan Bautista, solo hay que observar que el marco mental de sus discursos es el mismo. No obstante, la familia de Jesús pensó originalmente que estaba enajenado, el Evangelio de San Marcos en concreto lo describe como «fuera de sí» (de la misma raíz que da en castellano «éxtasis»). Los familiares no creían en Jesús, pero era algo natural porque probablemente tuvo que abandonar un negocio que era próspero. Su madre debió quedar muy sorprendida. ¿Y cómo una mujer, María, a la que el Arcángel Gabriel le ha contado un embarazo maravilloso luego va a decir que su hijo estaba fuera de sí? Es evidente que hay historias teológicas que se han pegado posteriormente, sobre todo en relación a la infancia de Jesús, y que el estudio detallado de los Evangelios desprende datos de esta biografía oculta.

Fuente: Cesar Cervera ABC

Ubican el lugar donde fue juzgado Jesucristo en un nuevo yacimiento

Torre de David, Ciudad Vieja de Jerusalén.

Torre de David, Ciudad Vieja de Jerusalén.

 

Hace unos 15 años comenzó la ampliación del Museo Torre de David. Mientras los arqueólogos iban eliminando las distintas capas que se encuentran bajo el suelo de la Kishle -edificio situado al lado del museo que había servido de prisión durante el período de dominio turco otomano y más adelante británico- descubrieron nuevas y sorprendentes evidencias arqueológicas capaces de arrojar luz sobre el encendido debate referente al lugar dónde Jesús fue juzgado antes de su muerte en la cruz.

En la Kishle el equipo de arqueólogos hallaron muros sólidos que servirían de cimientos y un sistema de alcantarillado subterráneo, que quizá podría formar parte de un palacio propiedad de Herodes el Grande. El director de la excavación arqueológica, Amit Re’em, recalca que este lugar constituye “una pieza clave del antiguo enigma de Jerusalén” y, al mismo tiempo, “revela la historia de este lugar de un modo conciso y claro” según informaron The Jerusalem Post y The Washington Post.

El debate continúa abierto. Teólogos, estudiosos de los textos sagrados, historiadores y arqueólogos intentan dilucidar dónde habría sido juzgado el Mesías del cristianismo. Las diversas interpretaciones de los evangelios y los distintos enfoques respecto a las evidencias que se han ido hallando a lo largo del tiempo han provocado la existencia de imprecisiones y lecturas ciertamente contradictorias.

Shimon Gibson, un profesor de arqueología en la Universidad de Carolina del Norte, considera acertada la idea de que el juicio tuvo lugar en el palacio de Herodes, “según los cálculos arqueológicos, históricos y lo expuesto en el Evangelio todo concuerda”.

El palacio de Herodes habría estado situado, según los expertos, en la zona oeste de la ciudad, donde se halla también el Museo de la Torre de David. Los trabajadores del museo confían en que esta antigua prisión llegue a convertirse en un lugar atractivo para más de un millón de peregrinos cristianos que se desplaza a Jerusalén movidos por su fervor religioso. Para lograr ese objetivo, la prisión se abrirá a los visitantes y se explotará su valor histórico y los elementos que podrían convertirla en una atracción turística.

Este descubrimiento presentaría un problema para la Cristiandad, ya que los cristianos han pensado durante siglos que la Fortaleza Antonia era el lugar donde tuvo lugar el juicio a Jesús. De hecho, la fortaleza es la primera parada de las nueve estaciones del Viacrucis, situadas todas ellas en la denominada Vía Dolorosa en la que Jesucristo habría cargado con la cruz tras ser condenado. Por tanto, si finalmente el juicio hubiera tenido lugar en las inmediaciones de la Torre de David y no en la Fortaleza Antonia, los peregrinos habrían estado recorriendo durante siglos un camino equivocado.

Del mito a lo real: la búsqueda del Jesús histórico

Tal y como expresó el teólogo italiano Rinaldo Fabris en Jesús de Nazaret: historia e interpretación, “la cruz se ha convertido en símbolo religioso, cargado de valores espirituales y de connotaciones emotivas. Por consiguiente una investigación histórica sobre el proceso que condujo a Jesús de Nazaret a la muerte en la cruz estará necesariamente condicionada por estas motivaciones de carácter religioso y espiritual, que por sus elementos emotivos e ideológicos no permiten enfrentarse de modo aséptico y neutral con la cuestión de la responsabilidad «jurídica» de la condena de Jesús”.

Se trataba de una condena imbuida de tintes represivos y ejemplarizantes. En palabras de Rinaldo Fabris, “esta forma de condenación dolorosa e infamante había pasado a los romanos a través de los cartagineses (…). Si entre los cartagineses la cruz era la pena para los jefes militares y políticos culpables de rebeldía y de traición, entre los romanos la condenación a la cruz estaba reservada a los delincuentes de las clases humildes, extranjeros y esclavos. En los periodos de agitación social y de revuelta civil se utilizaba la cruz como instrumento eficaz de represión y disuasión”.

La coronación de espinas (Caravaggio)

La figura histórica de Jesús sigue aún rodeada de controversia e imprecisiones y el consenso en torno a cómo acontecieron los hechos más importantes de su vida parece todavía estar muy lejos de convertirse en una realidad. Sin embargo, hay un punto en el que historiadores, arqueólogos y autores parecen estar completamente de acuerdo: Jesucristo fue condenado a morir en la cruz en la ciudad de Jerusalén cuando ésta se encontraba bajo la administración del gobernador romano Poncio Pilato.

Lo que también parece estar fuera de duda, es que más allá de debates teológicos, la figura de Jesús goza hoy de interés histórico. El rigor para analizar los documentos, evidencias y restos, se torna ahora más necesario que nunca. Como afirmaron John D. Crossan y Jonathan L. Reed en Jesús desenterrado, “la arqueología no es el trasfondo de la exégesis, ni la exégesis es el decorado de la arqueología. Los evangelios y el terreno deben leerse e interpretarse cada uno a su manera y con arreglo a su propia disciplina”.

Fuente: Lidia Gomez en El Mundo

Navegador de artículos

A %d blogueros les gusta esto: